Tenia aquella ciudad en aquel tiempo sobre cien torres muy altas, que eran cues é adoratorios donde estaban sus ídolos, especial el cu mayor era de más altor que el de Méjico, puesto que era muy suntuoso y alto el cu mejicano, y tenia otros cien patios para el servicio de los cues; y segun entendimos, habia allí un ídolo muy grande, el nombre dél no me acuerdo, más entre ellos tenian gran devocion y venian de muchas partes á le sacrificar, en tener como á manera de novenas, y le presentaban de las haciendas que tenian.
Acuérdome que cuando en aquella ciudad entramos, que cuando vimos tan altas torres y blanquear, nos pareció al propio Valladolid.
Dejemos de hablar desta ciudad y todo lo acaecido en ella, y digamos cómo los escuadrones que habia enviado el gran Montezuma, que estaban ya presos entre los arcabuezos que están cabe Cholula, y tenian hechos mamparos y callejones para que no pudiesen correr los caballos, como lo tenian concertado, como ya otra vez he dicho; é como supieron lo acaecido, se vuelven más que de paso para Méjico, y dan relacion á su Montezuma segun y de la manera que todo pasó; y por presto que fueron, ya teniamos la nueva de dos principales que con nosotros estaban, que fueron en posta; y supimos muy de cierto que cuando lo supo Montezuma que sintió gran dolor y enojo, é que luego sacrificó ciertos indios á su ídolo Huichilóbos, que le tenian por dios de la guerra, porque les dijese en qué habia de parar nuestra ida á Méjico, ó si nos dejaria entrar en su ciudad; y aun supimos que estuvo encerrado en sus devociones y sacrificios dos dias, juntamente con diez papas los más principales, y hubo respuesta de aquellos ídolos que tenian por dioses, y fué que le aconsejaron que nos enviase mensajeros á disculpar de lo de Cholula, y que con muestras de paz nos deje entrar en Méjico, y que estando dentro, con quitarnos la comida é agua, ó alzar cualquiera de las puentes, nos mataria, y que en un dia, si nos daba guerra, no quedaria uno de nosotros á vida, y que allí podria hacer sus sacrificios, así al Huichilóbos, que les dió esta respuesta, como á Tezcatecupa, que tenian por dios del infierno, é se hartarian de nuestros muslos y piernas y brazos, y de las tripas y el cuerpo y todo lo demás hartarian las culebras y serpientes é tigres que tenian en unas casas de madera, como adelante diré en su tiempo y lugar.
Dejemos de hablar de lo que Montezuma sintió de lo sobredicho, y digamos cómo esta cosa ó castigo de Cholula fué sabido en todas las provincias de la Nueva-España.
Y si de ántes teniamos fama de esforzados, y habian sabido de las guerras de Potonchan y Tabasco y de Cingapacinga y lo de Tlascala, y nos llamaban teules, que es nombre como sus dioses ó cosas malas, desde allí adelante nos tenian por adivinos, y decian que no se nos podria encubrir cosa ninguna mala que contra nosotros tratasen, que no lo supiésemos, y á esta causa nos mostraban buena voluntad.
Y creo que estarán hartos los curiosos letores de oir esta relacion de Cholula, é ya quisiera habella acabado de escribir.
Y no puedo dejar de traer aquí á la memoria las redes de maderos gruesos que en ella hallamos; las cuales tenian llenas de indios y muchachos á cebo, para sacrificar y comer sus carnes; las cuales redes quebramos, y los indios que en ellas estaban presos les mandó Cortés que se fuesen adonde eran naturales, y con amenazas mandó á los capitanes y papas de aquella ciudad que no tuviesen más indios de aquella manera ni comiesen carne humana, y así lo prometieron.
Mas, ¿qué aprovechaban aquellos prometimientos, que no lo cumplian? Pasemos ya adelante, y digamos que aquestas fueron las grandes crueldades que escribe y nunca acaba de decir el señor obispo de Chiapa, don fray Bartolomé de las Casas; porque afirma y dice que sin causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo y porque se nos antojó, se hizo aquel castigo.
Y tambien quiero decir que unos buenos religiosos franciscos, que fueron los primeros frailes que su majestad envió á esta Nueva-España despues de ganado Méjico, segun adelante diré, fueron á Cholula para saber y pesquisar é inquirir cómo y de qué manera pasó aquel castigo, é por qué causa, é la pesquisa que hicieron fué con los mismos papas é viejos de aquella ciudad; y despues de bien sabido dellos mismos, hallaron ser ni más ni ménos que en esta mi relacion escribo; y si no se hiciera aquel castigo, nuestras vidas estaban en harto peligro, segun los escuadrones y capitanías tenian de guerreros mejicanos y de los naturales de Cholula, é albarradas é pertrechos; que si allí por nuestra desdicha nos mataran, esta Nueva-España no se ganara tan presto ni se atreviera á venir otra armada, é ya que viniera, fuera con gran trabajo, porque les defendieran los puertos, y se estuvieran siempre en sus idolatrías.
Yo he oido decir á un fraile francisco de buena vida, que se decia fray Toribio Montelmea, que si se pudiera excusar aquel castigo, y ellos no dieran causa á que se hiciese, que mejor fuera; mas ya que se hizo, que fué bueno para que todos los indios de todas las provincias de la Nueva-España viesen y conociesen que aquellos ídolos y los demás son malos y mentirosos, y que viendo que lo que les habia prometido salió al revés, que perdiesen la devocion que ántes tenian con ellos, y que desde allí en adelante no le sacrificaban ni venian en romería de otras partes, como solian; y desde entónces no curaron más dél, y le quitaron del alto cu donde estaba, y lo escondieron ó quebraron, que no pareció más, y en su lugar habian puesto otro ídolo.