CAPÍTULO XC.
CÓMO LUEGO OTRO DIA FUÉ NUESTRO CAPITAN Á VER AL GRAN MONTEZUMA, Y DE CIERTAS PLÁTICAS QUE TUVIERON.
Otro dia acordó Cortés de ir á los palacios de Montezuma, é primero envió á saber qué hacia, y supiese cómo íbamos, y llevó consigo cuatro capitanes, que fué Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon y Diego de Ordás, é á Gonzalo de Sandoval, y tambien fuimos cinco soldados, y como el Montezuma lo supo, salió á nos recebir á la mitad de la sala, muy acompañado de sus sobrinos, porque otros señores no entraban ni comunicaban donde el Montezuma estaba, si no era á negocios importantes; y con gran acato que hizo á Cortés, y Cortés á él, le tomaron por las manos, é adonde estaba su estrado le hizo sentar á la mano derecha; y asimismo nos mandó sentar á todos nosotros en asientos que allí mandó traer.
É Cortés le comenzó á hacer un razonamiento con nuestras lenguas doña Marina é Aguilar; é dijo que ahora, que habia venido á ver y hablar á un tan gran señor como era, estaba descansado, y todos nosotros, pues ha cumplido el viaje é mando que nuestro gran Rey y señor le mandó; é lo que más le viene á decir de parte de nuestro Señor Dios es, que ya su merced habrá entendido de sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é Quintalvor, cuando nos hizo las mercedes de enviarnos la luna y el sol de oro en el arenal, cómo les dijimos que éramos cristianos é adoramos á un solo Dios verdadero, que se dice Jesucristo, el cual padeció muerte y pasion por nos salvar; y le dijimos, cuando nos preguntaron que por qué adorábamos aquella cruz, que la adorábamos por otra que era señal donde Nuestro Señor fué crucificado por nuestra salvacion, é que aquesta muerte y pasion que permitió que así fuese por salvar por ella todo el linaje humano, que estaba perdido; y que aqueste nuestro Dios resucitó al tercero dia y está en los cielos, y es el que hizo el cielo y tierra y la mar, y crió todas las cosas que hay en el mundo, y las aguas y rocios, y ninguna cosa se hace sin su santa voluntad; y que en él creemos y adoramos, y que aquellos que ellos tienen por dioses, que no lo son, sino diablos, que son cosas muy malas, y cuales tienen las figuras, que peores tienen los hechos; é que mirasen cuán malos son y de poca valía, que adonde tenemos puestas cruces como las que vieron sus embajadores, con temor dellas no osan parecer delante, y que el tiempo andando lo verian.
É lo que agora le pide por merced es, que esté atento á las palabras que agora le quiere decir. Y luego le dijo muy bien dado á entender de la creacion del mundo, é como todos somos hermanos, hijos de un padre y de una madre, que se decian Adan y Eva; cómo tal hermano, nuestro gran Emperador, doliéndose de la perdicion de las ánimas, que son muchas las que aquellos sus ídolos llevan al infierno, donde arden en vivas llamas, nos envió para que esto que ha oido lo remedie, y no adoren aquellos ídolos ni les sacrifiquen más indios ni indias; y pues todos somos hermanos, no consientan sodomías ni robos; y más le dijo, que el tiempo andando enviaria nuestro Rey y señor unos hombres que entre nosotros viven muy santamente, mejores que nosotros, para que se lo dén á entender; porque al presente no veniamos á más de se lo notificar; é así, se lo pide por merced que lo haga y cumpla.
É porque pareció que el Montezuma queria responder, cesó Cortés la plática. É díjonos Cortés á todos nosotros que con él fuimos:
—«Con esto cumplimos, por ser el primer toque.»
Y el Montezuma respondió:
—«Señor Malinche, muy bien entendido tengo vuestras pláticas y razonamientos ántes de agora, que á mis criados sobre vuestro Dios les dijísteis en el arenal, y eso de la cruz y todas las cosas que en los pueblos por donde habeis venido habeis predicado, no os hemos respondido á cosa ninguna dellas porque desde ab-inicio acá adoramos nuestros dioses y los tenemos por buenos, é así deben ser los vuestros, é no cureis más al presente de nos hablar dellos; y en esto de la creacion del mundo, así lo tenemos nosotros creido muchos tiempos pasados; é á esta causa tenemos por cierto que sois los que nuestros antecesores nos dijeron que venian de donde sale el sol, é á ese vuestro Rey yo le soy en cargo y le daré de lo que tuviere; porque, como dicho tengo otra vez, bien há dos años tengo noticia de capitanes que vinieron con navíos por donde vosotros vinísteis, y decian que eran criados dese vuestro gran Rey. Querria saber si sois todos unos.»
É Cortés le dijo que sí, que todos éramos criados de nuestro Emperador, é que aquellos vinieron á ver el camino é mares é puertos para lo saber muy bien, y venir nosotros como veniamos; y decíalo el Montezuma por lo de Francisco Fernandez de Córdoba é Grijalva, cuando venimos á descubrir la primera vez; y dijo que desde entónces tuvo pensamiento de ver algunos de aquellos hombres que venian, para tener en sus reinos é ciudades, para les honrar; é pues que sus dioses le habian cumplido sus buenos deseos, é ya estábamos en sus casas, las cuales se pueden llamar nuestras, que holgásemos y tuviésemos descanso; que allí seriamos servidos, é que si algunas veces nos enviaba á decir que no entrásemos en su ciudad, que no era de su voluntad, sino porque sus vasallos tenian temor, que les decian que echábamos rayos é relámpagos, é con los caballos matábamos muchos indios, é que éramos teules bravos, é otras cosas de niñerias.