É que agora, que ha visto nuestras personas, é que somos de hueso y de carne y de mucha razon, é sabe que somos muy esforzados, por estas causas nos tiene en más estima que le habian dicho, é que nos daria de lo que tuviese.
É Cortés é todos nosotros respondimos que se lo teniamos en grande merced tan sobrada voluntad; y luego el Montezuma dijo riendo, porque en todo era muy regocijado en su hablar de gran señor:
—«Malinche, bien sé que te han dicho esos de Tlascala, con quien tanta amistad habeis tomado, que yo que soy como dios ó teule, que cuanto hay en mis casas es todo oro é plata y piedras ricas; bien tengo conocido que como sois entendidos, que no lo creíades y lo teniades por burla; lo que ahora, señor Malinche, veis: mi cuerpo de hueso y de carne como los vuestros, mis casas y palacios de piedra y madera y cal; de ser yo gran Rey, si soy, y tener riquezas de mis antecesores, si tengo; mas no las locuras y mentiras que de mí os han dicho; así que tambien lo teneis por burla, como yo tengo lo de vuestros truenos y relámpagos.»
É Cortés le respondió tambien riendo, y dijo que los contrarios enemigos siempre dicen cosas malas é sin verdad de los que quieren mal, é que bien ha conocido que en estas partes otro señor más magnífico no le espera ver, é que no sin causa es tan nombrado delante de nuestro Emperador.
É estando en estas pláticas mandó secretamente Montezuma á un gran cacique, sobrino suyo, de los que estaban en su compañía, que mandase á sus mayordomos que trujesen ciertas piezas de oro, que parece ser debieran estar apartadas para dar á Cortés diez cargas de ropa fina; lo cual repartió, el oro y mantas entre Cortés y los cuatro capitanes, é á nosotros los soldados nos dió á cada uno dos collares de oro, que valdria cada collar diez pesos, é dos cargas de mantas.
Valía todo el oro que entónces dió sobre mil pesos, y esto daba con una alegría y semblante de grande é valeroso señor; y porque pasaba la hora más de medio dia, y por no le ser más importuno, le dijo Cortés:
—«El señor Montezuma siempre tiene por costumbre de echarnos un cargo sobre otro, en hacernos cada dia mercedes; ya es hora que vuestra majestad coma.»
Y el Montezuma dijo que ántes por haberle ido á visitar le hicimos merced; é así, nos despedimos con grandes cortesías dél y nos fuimos á nuestros aposentos, é íbamos platicando de la buena manera é crianza que en todo tenia, é que nosotros en todo le tuviésemos mucho acato, é con las gorras de armas colchadas quitadas cuando delante dél pasásemos; é así lo haciamos.
É dejémoslo aquí, é pasemos adelante.