Y asimismo á un vecino de Méjico que le cupo otra parte del mismo solar, halló lo mismo; y los oficiales de la hacienda de su majestad demandábanlo por de su majestad, que le venia de derecho, y sobre ello hubo pleito, é no se me acuerda lo que pasó, mas de que se informaron de los caciques y principales de Méjico y de Guatemuz, que entónces era vivo, é dijeron que es verdad que todos los vecinos de Méjico de aquel tiempo echaron en los cimientos aquellas joyas é todo lo demás, é que así lo tenian por memoria en sus libros y pinturas de cosas antiguas, é por esta causa se quedó para la obra de la santa iglesia de señor Santiago.
Dejemos esto, y digamos de los grandes y suntuosos patios que estaban delante del Huichilóbos, adonde está ahora señor Santiago, que se dice el Taltelulco, porque así se solia llamar.
Ya he dicho que tenian dos cercas de cal y canto ántes de entrar dentro, é que era empedrado de piedras blancas como losas, y muy encalado y bruñido y limpio, y seria de tanto compás y tan ancho como la plaza de Salamanca; y un poco apartado del gran cu estaba una torrecilla que tambien era casa de ídolos, ó puro infierno, porque tenia á la boca de la una puerta una muy espantable boca de las que pintan, que dicen que es como la que está en los infiernos, con la boca abierta y grandes colmillos para tragar las ánimas.
É asimismo estaban unos bultos de diablos y cuerpos de sierpes junto á la puerta, y tenian un poco apartado un sacrificadero, y todo ello muy ensangrentado y negro de humo é costras de sangre; y tenian muchas ollas grandes y cántaros é tinajas dentro en la casa llenas de agua, que era allí donde cocinaban la carne de los tristes indios que sacrificaban, que comian los papas, porque tambien tenian cabe el sacrificadero muchos navajones y unos tajos de madera como en los que cortan carne en las carnicerías.
Y asimismo detrás de aquella maldita casa, bien apartado della, estaban unos grandes rimeros de leña, y no muy léjos una gran alberca de agua que se henchia y vaciaba, que le venia por su caño encubierto de la que entraba en la ciudad desde Chapultepeque. Yo siempre la llamaba á aquella casa el infierno.
Pasemos adelante del patio y vamos á otro cu, donde era enterramiento de grandes señores mejicanos, que tambien tenian otros ídolos, y todo lleno de sangre é humo, y tenia otras puertas y figuras de infierno; y luego junto de aquel cu estaba otro lleno de calaveras é zancarrones puestos con gran concierto, que se podian ver, más no se podian contar, porque eran muchos, y las calaveras por sí, y los zancarrones en otros rimeros; é allí habia otros ídolos, y en cada casa ó cu y adoratorio que he dicho, estaban papas con sus vestiduras largas de mantas prietas y las capillas como de dominicos, que tambien tiraban un poco á las de los canónigos, y el cabello muy largo y hecho, que no se podia desparcir ni desenredar; y todos los más sacrificados las orejas, é en los mismos cabellos mucha sangre.
Pasemos adelante, que habia otros cues apartados un poco de donde estaban las calaveras, que tenian otros ídolos y sacrificios de otras malas pinturas; é aquellos decian que eran abogados de los casamientos de los hombres.
No quiero detenerme más en contar de ídolos, sino solamente diré que en torno de aquel gran patio habia muchas casas, é no altas, é eran adonde estaban y residian los papas é otros indios que tenian cargo de los ídolos; y tambien tenian otra muy mayor alberca ó estanque de agua y muy limpia á una parte del gran cu, y era dedicada para solamente el servicio de Huichilóbos é Tezcatepuca, y entraba el agua en aquella alberca por caños encubiertos que venian de Chapultepeque; é allí cerca estaban otros grandes aposentos á manera de monasterio, adonde estaban recogidas muchas hijas de vecinos mejicanos, como monjas, hasta que se casaban; y allí estaban dos bultos de ídolos de mujeres, que eran abogadas de los casamientos de las mujeres, y á aquellas sacrificaban y hacian fiestas porque les diesen buenos maridos.
Mucho me he detenido en contar deste gran cu del Tatelulco y sus patios, pues digo era el mayor templo de sus ídolos de todo Méjico, porque habia tantos y muy suntuosos, que entre cuatro ó cinco barrios tenian un adoratorio y sus ídolos; y porque eran muchos é yo no sé la cuenta de todos, pasaré adelante, y diré que en Cholula el gran adoratorio que en él tenian era de mayor altor que no el de Méjico, porque tenia ciento y veinte gradas, y segun dicen, el ídolo de Cholula teníanle por bueno, é iban á él en romería de todas partes de la Nueva-España á ganar perdones, y á esta causa lo hicieron tan suntuoso cu, mas era de otra hechura que el mejicano, é asimismo los patios muy grandes é con dos cercas.
Tambien digo que el cu de la ciudad del Tezcuco era muy alto, de ciento y diez y siete gradas, y los patios anchos y buenos, y hechos de otra manera que los demás.