Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que habia en estas tierras muchas buenas aves de caza de volatería; y el Montezuma estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó á su paje Orteguilla sobre la plática, y le respondió que deciamos aquellos capitanes que el gavilan que entró á cazar era muy bueno, é que si tuviésemos otro como aquel que le mostrarian á venir á la mano, y que en el campo le echarian á cualquier ave, aunque fuese algo grande, y la mataria.
Entónces dijo el Montezuma:
—«Pues yo mandaré agora que tomen aquel mismo gavilan, y veremos si le amansan y cazan con él.»
Todos nosotros los que allí nos hallamos le quitamos las gorras de armas por la merced; y luego mandó llamar sus cazadores de volatería, y les dijo que le trujesen el mismo gavilan; y tal maña se dieron en le tomar, que á horas del Ave-María vienen con el mismo gavilan, y le dieron á Francisco de Acevedo, y le mostró al señuelo; y porque luego se nos ofrecieron cosas en que iba más que la caza, se dejará aquí de hablar en ello.
Y helo dicho porque era tan grande Príncipe, que no solamente le traian tributos de todas las más partes de la Nueva-España, y señoreaba tantas tierras, y en todas bien obedecido, que aun estando preso, sus vasallos temblaban dél, que hasta las aves que vuelan por el aire hacia tomar.
Dejemos esto aparte, y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de cuando en cuando su rueda. En aqueste tiempo tenian convocado entre los sobrinos y deudos del gran Montezuma á otros muchos caciques y á toda la tierra para darnos guerra y soltar al Montezuma, y alzarse algunos dellos por Reyes de Méjico; lo cual diré adelante.
CAPÍTULO C.
CÓMO LOS SOBRINOS DEL GRANDE MONTEZUMA ANDABAN CONVOCANDO É TRAYENDO Á SÍ LAS VOLUNTADES DE OTROS SEÑORES PARA VENIR Á MÉJICO Y SACAR DE LA PRISION AL GRAN MONTEZUMA Y ECHARNOS DE LA CIUDAD.
Como el Cacamatzin, señor de la ciudad de Tezcuco, que despues de Méjico era la mayor y más principal ciudad que hay en la Nueva-España, entendió que habia muchos dias que estaba preso su tio Montezuma, é que en todo lo que nosotros podiamos nos íbamos señoreando, y aun alcanzó á saber que habiamos abierto la casa donde estaba el gran tesoro de su abuelo Axayaca, y que no habiamos tomado cosa ninguna dello; é ántes que lo tomásemos acordó de convocar á todos los señores de Tezcuco, sus vasallos, é al señor de Cuyoacan, que era su primo, y sobrino del Montezuma, é al señor de Tacuba é al señor de Iztapalapa, é á otro cacique muy grande, señor de Matalcingo, que era pariente muy cercano del Montezuma, y aun decian que le venia de derecho el reino y señorio de Méjico, y este cacique era muy valiente por su persona entre los indios; pues andando concertando con ellos y con otros señores mejicanos que para tal dia viniesen con todos sus poderes y nos diesen guerra, parece ser que el cacique que he dicho que era valiente por su persona, que no le sé el nombre, dijo que si le daban á él el señorio de Méjico, pues le venia de derecho, que él con toda su parentela, y de una provincia que se dice Matalcingo, serian los primeros que vendrian con sus armas á nos echar de Méjico, ó no quedaria ninguno de nosotros á vida. Y el Cacamatzin parece ser respondió que á él le venia el cacicazgo y él habia de ser Rey, pues era sobrino de Montezuma, y que si no queria venir, que sin él ni su gente haria la guerra.
Por manera que ya tenia el Cacamatzin apercibidos los pueblos y señores por mí ya nombrados, y tenia concertado que para tal dia viniesen sobre Méjico, é con los señores que dentro estaban de su parte les darian lugar á la entrada; é andando en estos tratos, lo supo muy bien Montezuma por la parte de su gran deudo, que no quiso conceder en lo que Cacamatzin queria; y para mejor lo saber envió Montezuma á llamar todos sus caciques y principales de aquella ciudad, y le dijeron cómo el Cacamatzin los andaba convocando á todos con palabras é dádivas para que le ayudasen á darnos guerra y soltar al tio.