Y dejemos esta plática, que muy bien la entendió el Cacamatzin; y sus principales entraron en consejo sobre lo que harian, y el Cacamatzin comenzó á bravear y que nos habia de matar dentro de cuatro dias, é que al tio, que era una gallina, por no darnos guerra cuando se lo aconsejaba al abajar la sierra de Chalco, cuando tuvo allí buen aparejo con sus guarniciones, y que nos metió él por su persona en su ciudad, como si tuviera conocido que íbamos para hacelle algun bien, y que cuanto oro le han traido de sus tributos nos daba; y que le habiamos escalado y abierto la casa donde está el tesoro de su abuelo Axayaca, y que sobre todo esto le teniamos preso, é que ya le andábamos diciendo que quitasen los ídolos del gran Huichilóbos, é que queriamos poner los nuestros; é que porque esto no viniese más mal, y para castigar tales cosas é injurias, que les rogaba que le ayudasen, pues todo lo que ha dicho han visto por sus ojos, y cómo quemamos los mismos capitanes del Montezuma, y que ya no se puede compadecer otra cosa sino que todos juntos á una nos diesen guerra; y allí les prometió el Cacamatzin que si quedaba con el señorio de Méjico que les habia de hacer grandes señores, y tambien les dió muchas joyas de oro y les dijo que ya tenia concertado con sus primos, los señores de Cuyoacan y de Iztapalapa y de Tacuba y otros deudos, que le ayudarian, é que en Méjico tenia de su parte otras personas principales que le darian entrada é ayuda á cualquiera hora que quisiese, y que unos por las calzadas, y todos los más en sus piraguas y canoas chicas por la laguna, podrian entrar, sin tener contrarios que se lo defendiesen, pues su tio estaba preso; y que no tuviesen miedo de nosotros, pues saben que pocos dias habian pasado que en lo de Almería los mesmos capitanes de su tio habian muerto muchos teules y un caballo, lo cual bien vieron la cabeza de un teule é el cuerpo del caballo; é que en una hora nos despacharian, é con nuestros cuerpos harian buenas fiestas y hartazgas.

Y como hubo hecho aquel razonamiento, dicen que se miraban unos capitanes á otros para que hablasen los que solian hablar primero en cosas de guerra, é que cuatro ó cinco de aquellos capitanes le dijeron que, ¿cómo habian de ir sin licencia de su gran señor Montezuma y dar guerra en su propia casa y ciudad? Y que se lo envien primero á hacer saber, é que si es consentidor, que irán con él de muy buena voluntad, é que de otra manera, que no le quieren ser traidores.

Y pareció ser que el Cacamatzin se enojó con los capitanes que le dieron aquella respuesta, y mandó echar presos tres dellos; y como habia allí en el consejo y junta que tenian otros sus deudos y ganosos de bullicios, dijeron que le ayudarian hasta morir, é acordó de enviar á decir á su tio el gran Montezuma que habia de tener empacho envialle á decir que venga á tener amistad con quien tanto mal y deshonra le ha hecho, teniéndole preso; é que no es posible sino que nosotros éramos hechiceros y con hechizos le teniamos quitado su gran corazon y fuerza, ó que nuestros dioses y la gran mujer de Castilla que les dijimos que era nuestra abogada nos da aquel gran poder para hacer lo que haciamos; é en esto que dijo á la postre no lo erraba, que ciertamente la gran misericordia de Dios y su bendita Madre nuestra Señora nos ayudaba.

Y volvamos á nuestra plática, que en lo que se resumió, fué enviar á decir que él venia á pesar nuestro y de su tio á nos hablar y matar: y cuando el gran Montezuma oyó aquella respuesta tan desvergonzada, recibió mucho enojo, y luego en aquella hora envió á llamar seis de sus capitanes de mucha cuenta, y les dió su sello, y aun les dió ciertas joyas de oro, y les mandó que luego fuesen á Tezcuco y que mostrasen secretamente aquel su sello á ciertos capitanes y parientes que estaban muy mal con el Cacamatzin por ser muy soberbio, é que tuviesen tal órden y manera, que á él y á los que eran en su consejo los prendiesen y que luego se los trujesen delante.

Y como fueron aquellos capitanes, y en Tezcuco entendieron lo que el Montezuma mandaba, y el Cacamatzin era malquisto, en sus propios palacios le prendieron, que estaba platicando con aquellos sus confederados en cosas de la guerra, y tambien trujeron otros cinco presos con él.

É como aquella ciudad está poblada junto á la gran laguna, aderezan una gran piragua con sus toldos y les meten en ella, y con gran copia de remeros los traen á Méjico, y cuando hubo desembarcado le meten en sus ricas andas, como Rey que era, y con gran acato le llevan ante Montezuma; y parece ser estuvo hablando con su tio, y desvergonzósele más de lo que ántes estaba, y supo Montezuma de los conciertos en que andaba, que era alzarse por señor; lo cual alcanzó á saber más por entero de los demás prisioneros que le trujeron, y si enojado estaba de ántes del sobrino, muy más lo estuvo entónces.

Y luego se lo envió á nuestro capitan para que lo echase preso, y á los demás prisioneros mandó soltar; é luego Cortés fué á los palacios é al aposento de Montezuma y le dió las gracias por tan gran merced; y se dió órden que se alzase por Rey de Tezcuco al mancebo que estaba en su compañía del Montezuma, que tambien era su sobrino, hermano del Cacamatzin, que ya he dicho que por su temor estaba allí retraido al favor del tio porque no le matase, que era tambien heredero muy propincuo del reino de Tezcuco; y para lo hacer solenemente y con acuerdo de toda la ciudad, mandó Montezuma que viniesen ante él los más principales de toda aquella provincia, y despues de muy bien platicada la cosa, le alzaron por Rey y señor de aquella gran ciudad, y se llamó D. Cárlos.

Ya todo esto hecho, como los caciques y reyezuelos sobrinos del gran Montezuma, que eran el señor de Cuyoacan y el señor de Iztapalapa y el de Tacuba, vieron é oyeron las prisiones del Cacamatzin, y supieron que el gran Montezuma habia sabido que ellos entraban en la conjuracion para quitalle su reino y dárselo á Cacamatzin, temieron, y no le venian á ver ni á hacer palacio como solian; é con acuerdo de Cortés, que le convocó é atrajo al Montezuma para que los mandase prender, en ocho dias todos estuvieron presos en la cadena gorda, que no poco se holgó nuestro capitan y todos nosotros.

Miren los curiosos letores en lo que andaban nuestras vidas, tratando de nos matar cada dia y comer nuestras carnes, si la gran misericordia de Dios, que siempre era con nosotros, no nos socorria; é aquel buen Montezuma á todas nuestras cosas daba buen corte; é miren qué gran señor era, que estando preso así era tan obedecido.

Pues ya todo apaciguado é aquellos señores presos, siempre nuestro Cortés con otros capitanes é el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, estaban teniéndole palacio, é en todo lo que podian le daban mucho placer, y burlaban no de manera de desacato, que digo que no se sentaban Cortés ni ningun capitan hasta que el Montezuma les mandaba dar sus asentaderos ricos y les mandaba asentar; y en esto era tan bien mirado, que todos le queriamos con gran amor, porque verdaderamente era gran señor en todas sus cosas que le viamos hacer.