Y cuando los oficiales del Rey tomaron el Real quinto que venia á su majestad estaban espantados de cuán ricas tierras habiamos descubierto; y como el Pedro de Albarado se lo sabia muy bien praticar, dice que no hacia el Diego Velazquez sino abrazallo, y en ocho dias tener gran regocijo y jugar cañas; y si mucha fama tenian de ántes de ricas tierras, agora con este oro se sublimó en todas las islas y en Castilla, como adelante diré; y dejaré al Diego Velazquez haciendo fiestas, y volveré á nuestros navíos, que estábamos en San Juan de Ulúa.
CAPÍTULO XVI.
DE LO QUE NOS SUCEDIÓ COSTEANDO LAS SIERRAS DE TUSTA Y DE TUSPA.
Despues que de nosotros se partió el capitan Pedro de Albarado para ir á la isla de Cuba, acordó nuestro general con los demás capitanes y pilotos que fuésemos costeando y descubriendo todo lo que pudiésemos; é yendo por nuestra navegacion, vimos la sierra de Tusta, y más adelante de ahí á otros dos dias vimos otras sierras muy altas, que agora se llaman las sierras de Tuspa; por manera que unas sierras se dicen Tusta, porque están cabe un pueblo que se dice así, y las otras sierras se dicen Tuspa, porque se nombra el pueblo junto adonde aquellas están Tuspa; é caminando más adelante vimos muchas poblaciones, y estarian la tierra adentro dos ó tres leguas, y esto es ya en la provincia de Pánuco; é yendo por nuestra navegacion, llegamos á un rio grande, que le pusimos por nombre rio de Canoas, é allí enfrente de la boca dél surgimos; y estando surtos todos tres navíos, y estando algo descuidados, vinieron por el rio diez y seis canoas muy grandes llenas de indios de guerra, con arcos y flechas y lanzas, y vanse derechos al navío más pequeño, del cual era capitan Alonso de Ávila, y estaba más llegado á tierra, y dándole una rociada de flechas, que hirieron á dos soldados, echaron mano al navío como que lo querian llevar, y aun cortaron una amarra; y puesto que el capitan y los soldados peleaban bien, y trastornaron tres canoas, nosotros con gran presteza les ayudamos con nuestros bateles y escopetas y ballestas y herimos más de la tercia parte de aquellas gentes; por manera que volvieron con la mala ventura por donde habian venido; y luego alzamos áncoras é dimos vela, é seguimos costa á costa hasta que llegamos á una punta muy grande; y era tan mala de doblar, y las corrientes muchas, que no podiamos ir adelante; y el piloto Anton de Alaminos dijo al general que no era bien navegar más aquella derrota, é para ello se dieron muchas causas, y luego se tomó consejo de lo que se habia de hacer, y fué acordado que diésemos la vuelta á la isla de Cuba, lo uno porque ya entraba el invierno é no habia bastimentos, é un navío hacia mucha agua, y los capitanes desconformes, porque el Juan de Grijalva decia que queria poblar, y el Francisco Montejo é Alonso de Ávila decian que no se podia sustentar por causa de los muchos guerreros que en la tierra habia; é tambien todos nosotros los soldados estábamos hartos é muy trabajados de andar por la mar.
Así que dimos vuelta á todas velas, y las corrientes que nos ayudaban, en pocos dias llegamos en el paraje del gran rio de Guacacualco, é no pudimos estar por ser tiempo contrario, y muy abrazados con la tierra entramos en el rio de Tonala, que se puso nombre entónces San Anton, é allí se dió carena al un navío que hacia mucha agua, puesto que tocó tres veces al estar en la barra, que es muy baja; y estando aderezando nuestro navío vinieron muchos indios del puerto de Tonala, que estaba una legua de allí, é trujeron pan de maíz y pescado é fruta, y con buena voluntad nos lo dieron; y el capitan les hizo muchos halagos é les mandó dar cuentas verdes y diamantes, é les dijo por señas que trujesen oro á rescatar, é que les dariamos de nuestro rescate; é traian joyas de oro bajo, é se les daban cuentas por ello. Y desque lo supieron los de Guacacualco é de otros pueblos comarcanos que rescatábamos, tambien vinieron ellos con sus piecezuelas, é llevaron cuentas verdes, que aquellos tenian en mucho.
Pues demás de aqueste rescate, traian comunmente todos los indios de aquella provincia unas hachas de cobre muy lucidas, como por gentileza é á manera de armas, con unos cabos de palo muy pintados, y nosotros creimos que eran de oro bajo, é comenzamos á rescatar dellas; digo que en tres dias se hubieron más de seiscientas de ellas, y estábamos muy contentos con ellas, creyendo que eran de oro bajo, é los indios mucho más con las cuentas; mas todo salió vano; que las hachas eran de cobre é las cuentas un poco de nada.
É un marinero habia rescatado secretamente siete hachas y estaba muy alegre con ellas, y parece ser que otro marinero lo dijo al capitan, é mandóle que las diese; y porque rogamos por él, se las dejó, creyendo que eran de oro.
Tambien me acuerdo que un soldado que se decia Bartolomé Pardo fué á una casa de ídolos, que ya he dicho que se decia cues, que es como quien dice casa de sus dioses, que estaba en un cerro alto, y en aquella casa halló muchos ídolos, é copal, que es como incienso, que es con que zahuman, y cuchillos de pedernal, con que sacrificaban ó retajaban, é unas arcas de madera, y en ellas muchas piezas de oro, que eran diademas é collares, é dos ídolos, y otros como cuentas; y aquel oro tomó el soldado para sí, y los ídolos del sacrificio trujo al capitan.
Y no faltó quien le vió é lo dijo al Grijalva, y se lo queria tomar; é rogámosle que se lo dejase; y como era de buena condicion, que sacado el quinto de S. M., que lo demás fuese para el pobre soldado; y no valía ochenta pesos.
Tambien quiero decir cómo yo sembré unas pepitas de naranjas junto á otras casas de ídolos, y fué desta manera: que como habia muchos mosquitos en aquel rio, fuíme á dormir á una casa alta de ídolos, é allí junto á aquella casa sembré siete ú ocho pepitas de naranjas que habia traido de Cuba, é nacieron muy bien; porque parece ser que los papas de aquellos ídolos les pusieron defensa para que no las comiesen hormigas, é les regaban é limpiaban desque vieron que eran plantas diferentes de las suyas.