Á estas palabras y otras muchas que le decian dió oidos á ellas, y con mucha brevedad envió dos mozos de espuelas, de quien se fiaba, con mandamientos y provisiones para el alcalde mayor de la Trinidad, que se decia Francisco Verdugo, el cual era cuñado del mismo gobernador; en las cuales provisiones mandaba que en todo caso le detuviesen el armada á Cortés, porque ya no era capitan, y le habian revocado poder y dado á Vasco Porcallo.
Y tambien traian cartas para Diego de Ordás y para Francisco de Morla y para todos los amigos y parientes del Diego Velazquez, para que en todo caso le quitasen la armada.
Y como Cortés lo supo, habló secretamente al Ordás y á todos aquellos soldados y vecinos de la Trinidad que le pareció á Cortés que serian en favorecer las provisiones del gobernador Diego Velazquez, y tales palabras y ofertas les dijo, que los trujo á su servicio; y aun el mismo Diego de Ordás habló é invocó luego á Francisco Verdugo, que era alcalde mayor, que no hablasen en el negocio, sino que lo disimulasen; y púsole por delante que hasta allí no habia visto ninguna novedad en Cortés, ántes se mostraba muy servidor del gobernador; é ya que en algo se quisiesen poner por el Velazquez para quitarle la armada en aquel tiempo, que Cortés tenia muchos hidalgos por amigos, y enemigos del Diego Velazquez porque no les habia dado buenos indios; y demás de los hidalgos sus amigos, tenia grande copia de soldados y estaba muy pujante, y que seria meter zizaña en la villa, é que por ventura los soldados le darian sacomano é le robarian é harian otro peor desconcierto; y así, se quedó sin hacer bullicio; y el un mozo de espuelas de los que traian las cartas y recaudos se fué con nosotros, el cual se decia Pedro Laso, y con el otro mensajero escribió Cortés muy mansa y amorosamente al Diego Velazquez que se maravillaba de su merced de haber tomado aquel acuerdo, y que su deseo es servir á Dios y á S. M., y á él en su Real nombre; y que le suplicaba que no oyese más á aquellos señores sus deudos los Velazquez, ni por un viejo loco, como era Juan Millan, se mudase.
Y tambien escribió á todos sus amigos, en especial al Duero y al contador, sus compañeros: y despues de haber escrito, mandó entender á todos los soldados en aderezar armas, y á los herreros que estaban en aquella villa, que siempre hiciesen casquillos, y á los ballesteros que desbastasen almacen para que tuviesen muchas saetas, y tambien atrujo y convocó á los herreros que se fuesen con nosotros, y así lo hicieron; y estuvimos en aquella villa doce dias, donde lo dejaré, y diré cómo nos embarcamos para ir á la Habana.
Tambien quiero que vean los que esto leyeren la diferencia que hay de la relacion de Francisco Gómora cuando dice que envió á mandar Diego Velazquez á Ordás que convidase á comer á Cortés en un navío y lo llevase preso á Santiago. Y pone otras cosas en su corónica, que por no me alargar lo dejo de decir, y al parecer de los curiosos letores si lleva mejor camino lo que se vió por vista de ojos ó lo que dice el Gómora que no lo vió.
Volvamos á nuestra materia.
CAPÍTULO XXIII.
CÓMO EL CAPITAN HERNANDO CORTÉS SE EMBARCÓ CON TODOS LOS DEMÁS CABALLEROS Y SOLDADOS PARA IR POR LA BANDA DEL SUR AL PUERTO DE LA HABANA, Y ENVIÓ OTRO NAVÍO POR LA BANDA DEL NORTE AL MISMO PUERTO, Y LO QUE MÁS LE ACAECIÓ.
Despues que Cortés vió que en la villa de la Trinidad no teniamos en qué entender, apercibió á todos los caballeros y soldados que allí se habian juntado para ir en su compañía, que embarcasen juntamente con él en los navíos que estaban en el puerto de la banda del Sur, y los que por tierra quisiesen ir, fuesen hasta la Habana con Pedro de Albarado, para que fuese recogiendo más soldados, que estaban en unas estancias que era camino de la misma Habana; porque el Pedro de Albarado era muy apacible, y tenia gracia en hacer gente de guerra. Yo fuí en su compañía por tierra, y más de otros cincuenta soldados.
Dejemos esto, y diré que tambien mandó Cortés á un hidalgo que se decia Juan de Escalante, muy su amigo, que se fuese en un navío por la banda del norte. Y tambien mandó que todos los caballos fuesen por tierra.