Pues ya despachado todo lo que dicho tengo, Cortés se embarcó en la nao capitana con todos los navíos para ir la derrota en la Habana.
Parece ser que los naos que llevaba en conserva no vieron á la capitana, donde iba Cortés, porque era de noche, y fueron al puerto; y asimismo llegamos por tierra con Pedro de Albarado á la villa de la Habana; y el navío en que venia Juan de Escalante por la banda del norte tambien habia llegado, y todos los caballos que iban por tierra; y Cortés no vino, ni sabia dar razon dél ni dónde quedaba, y pasáronse cinco dias, y no habia nuevas ningunas de su navío, y teniamos sospechas no se hubiese perdido en los Jardines, que es cerca de las islas de Pinos, donde hay muchos bajos, que son diez ó doce leguas de la Habana; y fué acordada por todos nosotros que fuesen tres navíos de los de ménos porte en busca de Cortés; y sin aderezar los navíos y en debates, vaya Fulano, vaya Zutano, ó Pedro ó Sancho, se pasaron otros dos dias y Cortés no venia; y habia entre nosotros bandos y medio chirinolas sobre quién seria capitan hasta saber de Cortés; y quien más en ello metió la mano fué Diego de Ordás, como mayordomo mayor del Velazquez, á quien enviaba para entender solamente en lo de la armada, no se le alzase con ella.
Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que como venia en el navío de mayor porte (como ántes tengo dicho), en el paraje de la isla de Pinos ó cerca de los Jardines hay muchos bajos, parece ser tocó y quedó algo en seco el navío, é no pudo navegar, y con el batel mandó descargar toda la carga que se pudo sacar, porque allí cerca habia tierra, donde lo descargaron; y desque vieron que el navío estuvo en floto y podia nadar, le metieron en más hondo, y tornaron á cargarlo que habian descargado en tierra, y dió vela; y fué su viaje hasta el puerto de la Habana; y cuando llegó, todos los más de los caballeros y soldados que le aguardábamos nos alegramos con su venida salvo algunos que pretendian ser capitanes; y cesaron las chirinolas.
Y despues que le aposentamos en la casa de Pedro Barba, que era teniente de aquella villa por el Diego Velazquez, mandó sacar sus estandartes y ponellos delante de las casas donde posaba; y mandó dar pregones segun y de la manera de los pasados, y de allí de la Habana vino un hidalgo que se decia Francisco de Montejo, y este es el por mí muchas veces nombrado, que, despues de ganado Méjico fué adelantado y gobernador de Yucatan y Honduras; y vino Diego de Soto el de Toro, que fué mayordomo de Cortés en lo de Méjico; y vino un Angulo, Garci Caro y Sebastian Rodriguez y un Pacheco, y un fulano Gutierrez, y un Rojas (no digo Rojas el Rico), y un mancebo que se decia Santa Clara, y dos hermanos que se decian los Martinez del Fregenal, y un Juan de Najara (no lo digo por el sordo, el del juego de la pelota de Méjico), y todas personas de calidad, sin otros soldados que no me acuerdo sus nombres.
Y cuando Cortés los vió todos aquellos hidalgos y soldados juntos se holgó en grande manera, y luego envió un navío á la punta de Guaniguanico, á en pueblo que allí estaba de indios, adonde hacian cazabe y tenian muchos puercos, para que cargase el navío de tocinos, porque aquella estancia era del gobernador Diego Velazquez; y envió por capitan del navío al Diego de Ordás, como mayordomo mayor de las haciendas del Velazquez, y envióle por tenelle apartado de sí; porque Cortés supo que no se mostró mucho en su favor cuando hubo las contiendas sobre quién seria capitan cuando Cortés estaba en la isla de Pinos, que tocó su navío, y por no tener contraste en su persona le envió; y le mandó que despues que tuviese cargado el navío de bastimentos, se estuviese aguardando en el mismo puerto de Guaniguanico hasta que se juntase con otro navío que habia de ir por la banda del norte, y que irian ámbos en conserva hasta lo de Cozumel, ó le avisaria con indios en canoas lo que habia de hacer.
Volvamos á decir del Francisco de Montejo y de todos aquellos vecinos de la Habana, que metieron mucho matalotaje de cazabe y tocinos, que otra cosa no habia; y luego Cortés mandó sacar toda la artillería de los navíos, que eran diez tiros de bronce y ciertos falconetes, y dió cargo dellos á un artillero que se decia Mesa y á un levantisco que se decia Arbenga y á un Juan Catalan, para que los limpiasen y probasen y para que las pelotas y pólvora todo lo tuviesen muy á punto; é dióles vino y vinagre con que lo refinasen; y dióles por compañero á uno que se decia Bartolomé de Usagre.
Asimismo mandó aderezar las ballestas y cuerdas, y nueces y almacen, é que tirasen á terrero, é que mirasen á cuántos pasos llegaba la fuga de cada una dellas.
Y como en aquella tierra de la Habana habia mucho algodon, hicimos armas muy bien colchadas, porque son buenas para entre indios, porque es mucha la vara y flecha y lanzadas que daban, pues piedra era como granizo; y allí en la Habana comenzó Cortés á poner casa y á tratarse como señor, y el primer maestresala que tuvo fué un Guzman, que luego se murió ó mataron indios; no digo por el mayordomo Cristóbal de Guzman, que fué de Cortés, que prendió Gutemuz cuando la guerra de Méjico. Y tambien tuvo Cortés por camarero á un Rodrigo Rangel, y por mayordomo á un Juan de Cáceres, que fué, despues de ganado Méjico, hombre rico.
Y todo esto ordenado, nos mandó apercebir para embarcar, y que los caballos fuesen repartidos en todos los navíos: hicieron pesebrera, y metieron mucho maíz y yerba seca.
Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y yeguas que pasaron.