Pedro Gonzalez de Trujillo, un buen caballo castaño, perfecto castaño, que corria muy bien.
Moron, vecino del Vaimo, un caballo overo labrado de las manos, y era bien revuelto.
Vaena, vecino de la Trinidad, un caballo overo algo sobre morcillo: no salió bueno.
Lares, él muy buen jinete, un caballo muy bueno, de color castaño, algo claro y buen corredor.
Ortiz el músico, y un Bartolomé García, que solia tener minas de oro, un muy buen caballo oscuro que decian el Arriero: este fué uno de los buenos caballos que pasamos en la armada.
Juan Sedeño, vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió en el navío.
Este Juan Sedeño pasó el más rico soldado que hubo en toda la armada, porque trujo un navío suyo, y la yegua y un negro, é cazabe é tocinos; porque en aquella sazon no se podia hallar caballos ni negros sino era á peso de oro, y á esta causa no pasaron más caballos, porque no los habia.
Y dejallos hé aquí, y diré lo que allá nos avino, ya que estamos á punto para nos embarcar.
CAPÍTULO XXIV.
CÓMO DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ Á UN SU CRIADO QUE SE DECIA GASPAR DE GARNICA, CON MANDAMIENTOS Y PROVISIONES PARA QUE EN TODO CASO SE PRENDIESE Á CORTÉS Y SE LE TOMASE EL ARMADA, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.