Estando en esto llegó Cortés con todos los navíos, y despues de aposentado, la primera cosa que se hizo fué mandar echar preso en grillos al piloto Camacho porque no aguardó en la mar, como lo fué mandado.
Y desque vió al pueblo sin gente, y supo cómo Pedro de Albarado habia ido al otro pueblo, é que les habia tomado gallinas é paramentos y otras cosillas de poco valor, de los ídolos y el oro medio cobre, mostró tener mucho enojo dello y de cómo no aguardó el piloto; y reprendióle gravemente al Pedro de Albarado, y le dijo que no se habian de apaciguar las tierras de aquella manera, tomando á los naturales su hacienda; y luego mandó traer á los dos indios y la india que habiamos tomado, y con Melchorejo, que llevábamos de la Punta de Cotoche, que entendia bien aquella lengua, les habló, porque Julianillo su compañero se habia muerto, que fuesen á llamar los caciques é indios de aquel pueblo, y que no hubiesen miedo, y les mandó volver el oro é paramentos y todo lo demás, é por las gallinas, que ya se habian comido, les mandó dar cuentas é cascabeles, é más dió á cada indio una camisa de Castilla.
Por manera que fueron á llamar el señor de aquel pueblo, é otro dia vino el cacique con toda su gente, hijos y mujeres de todos los del pueblo, y andaban entre nosotros como si toda su vida nos hubieran tratado; é mandó Cortés que no se les hiciese enojo ninguno.
Aquí en esta isla comenzó Cortés á mandar muy de hecho, y nuestro Señor le daba gracia que do quiera que ponia la mano se le hacia bien especial en pacificar los pueblos y naturales de aquellas partes, como adelante verán.
CAPÍTULO XXVI.
CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER ALARDE DE TODO SU EJÉRCITO, Y DE LO QUE MÁS NOS AVINO.
De allí á tres dias que estábamos en Cozumel mandó Cortés hacer alarde para ver qué tantos soldados llevaba, é halló por su cuenta que éramos quinientos y ocho, sin maestres y pilotos é marineros, que serian ciento y nueve, y diez y seis caballos é yeguas, las yeguas todas eran de juego y de carrera, é once navíos grandes y pequeños, con uno que era como bergantin, que traia á cargo un Ginés Nortes, y eran treinta y dos ballesteros y trece escopeteros, que así se llamaban en aquel tiempo, é tiros de bronce é cuatro falconetes, é mucha pólvora é pelotas, y esto desta cuenta de los ballesteros no se me acuerda bien, no hace al caso de la relacion; y hecho el alarde, mandó á Mesa el artillero, que así se llamaba, é á un Bartolomé de Usagre, é Arbenga é á un catalan, que todos eran artilleros, que lo tuviesen muy limpio é aderezado, é los tiros y pelotas muy á punto, juntamente con la pólvora.
Puso por capitan de la artillería á un Francisco de Orozco, que habia sido buen soldado en Italia; asimismo mandó á los ballesteros, maestros de aderezar ballestas, que se decian Juan Benitez y Pedro de Guzman el Ballestero, que mirasen que todas las ballestas tuviesen á dos y á tres nueces é otras tantas cuerdas, y que siempre tuviesen cepillo é ingijuela, y tirasen á terrero, y que caballos estuviesen á punto.
No sé yo en qué gasto ahora tanta tinta en meter la mano en cosas de apercibimiento de armas y de lo demás; porque Cortés verdaderamente tenia grande vigilancia en todo.