CÓMO CORTÉS SUPO DE DOS ESPAÑOLES QUE ESTABAN EN PODER DE INDIOS EN LA PUNTA DE COTOCHE, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
Como Cortés en todo ponia gran diligencia, me mandó llamar á mí é á un vizcaino que se llamaba Martin Ramos, é nos preguntó que qué sentiamos de aquellas palabras que nos hubieron dicho los indios de Campeche cuando venimos con Francisco Hernandez de Córdoba, que decian Castilan, Castilan, segun lo he dicho en el capítulo que dello habla; y nosotros se lo tornamos á contar segun y de la manera que lo habiamos visto é oido, é dijo que ha pensado en ello muchas veces, é que por ventura estarian algunos españoles en aquellas tierras, é dijo:
—«Paréceme que será bien preguntar á estos caciques de Cozumel si sabian alguna nueva dellos.»
É con Melchorejo, el de la Punta de Cotoche, que entendia ya poca cosa la lengua de Castilla, é sabia muy bien la de Cozumel, se lo preguntó á todos los principales, é todos á una dijeron que habian conocido ciertos españoles, é daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban, y los tenian por esclavos unos caciques, y que allí en Cozumel habia indios mercaderes que les hablaron pocos dias habia; de lo cual todos nos alegramos con aquellas nuevas.
É díjoles Cortés que luego les fuesen á llamar con carta, que en su lengua llaman amales, é dió á los caciques y á los indios que fueron con las cartas, camisas, y los halagó, y les dijo que cuando volviesen les darian más cuentas; y el cacique dijo á Cortés que enviase rescate para los amos con quien estaban, que los tenian por esclavos, porque los dejasen venir; y así se hizo, que se les dió á los mensajeros de todo género de cuentas, y luego mandó apercebir dos navíos, los de ménos porte, que el uno era poco mayor que bergantin, y con veinte ballesteros y escopeteros, y por capitan dellos á Diego de Ordás; y mandó que estuviesen en la costa de la Punta de Cotoche, aguardando ocho dias con el navío mayor: y entre tanto que iban y venian con la respuesta de las cartas, con el navío pequeño volviesen á dar la respuesta á Cortés de lo que hacian, porque estaba aquella tierra de la Punta de Cotoche obra de cuatro leguas, y se parece la una tierra desde la otra; y escrita la carta, decia en ella:
«Señores y hermanos: Aquí en Cozumel he sabido que estais en poder de un cacique detenidos, y os pido por merced que luego os vengais aquí en Cozumel, que para ello envio un navío con soldados, si los hubiéredes menester, y rescate para dar á esos indios con quien estais y lleva el navío de plazo ocho dias para su aguardar. Veníos con toda brevedad; de mí sereis bien mirados y aprovechados. Yo quedo aquí en esta isla con quinientos soldados y once navíos; en ellos voy mediante Dios, la via de un pueblo que se dice Tabasco ó Potonchan, etc.»
Luego se embarcaron en los navíos con las cartas y los dos indios mercaderes de Cozumel que las llevaban, y en tres horas atravesaron el golfete, y echaron en tierra los mensajeros con las cartas y el rescate, y en dos dias las dieron á un español que se decia Jerónimo de Aguilar, que entónces supimos que así se llamaba, y de aquí adelante así le nombraré.
Y desque las hubo leido, y recebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó á su amo el Cacique para que le diese licencia; la cual luego la dió para que se fuese adonde quisiese.
Caminó el Aguilar adonde estaba su compañero, que se decia Gonzalo Guerrero, que le respondió:
—«Hermano Aguilar, yo soy casado, tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitan cuando hay guerras: íos vos con Dios; que yo tengo labrada la cara é horadadas las orejas; ¿qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera? É ya veis estos mis tres hijitos cuán bonitos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeis, para ellos, y diré que mis hermanos me las envian de mi tierra.»