—«Ala, lala, al calachoni, al calachoni;» que en su lengua quiere decir que matasen á nuestro capitan.
Estando desta manera envueltos con ellos, vino Alonso de Ávila con sus soldados, que habia ido por tierra desde los Palmares, como dicho tengo, que pareció ser no acertó á venir más presto por causa de unas ciénegas y esteros que pasó; y su tardanza fué bien menester, segun habiamos estado detenidos en los requerimientos y deshacer portillos en las albarradas para pelear; así que todos juntos los tornamos á echar de las fuerzas donde estaban y los llevamos retrayendo; y ciertamente que como buenos guerreros iban tirando grandes rociadas de flechas y varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las espaldas hasta un gran patio donde estaban unos aposentos y salas grandes, y tenian tres casas de ídolos, é ya habian llevado todo cuanto hato habia en aquel patio.
Mandó Cortés que reparásemos y que no fuésemos más en su seguimiento del alcance, pues iban huyendo; é allí tomó Cortés posesion de aquella tierra por su majestad, y él en su Real nombre.
Y fué desta manera, que desenvainada su espada, dió tres cuchilladas, en señal de posesion, en un árbol grande, que se dice ceiba, que estaba en la plaza de aquel gran patio, é dijo que si habia alguna persona que se lo contradijese que él se lo defenderia con su espada y una rodela que tenia embrazada; y todos los soldados que presentes nos hallamos cuando aquello pasó, dijimos que era bien tomar aquella Real posesion en nombre de su majestad, y que nosotros seriamos en ayudalle si alguna persona otra cosa dijere, é por ante un escribano del Rey se hizo aquel auto. Sobre esta posesion, la parte de Diego Velazquez tuvo que remormurar della.
Acuérdome que en aquellas reñidas guerras que nos dieron de aquella vez hirieron á catorce soldados, é á mí me dieron un flechazo en el muslo, mas poca la herida, y quedaron tendidos y muertos diez y ocho indios en el agua y en tierra donde desembarcamos; é allí dormimos aquella noche con grandes velas y escuchas.
Y dejallo he, por contar lo que más pasamos.
CAPÍTULO XXXII.
CÓMO MANDÓ CORTÉS Á TODOS LOS CAPITANES QUE FUESEN CON CADA CIEN SOLDADOS Á VER LA TIERRA Á DENTRO, Y LO QUE SOBRE ELLO NOS ACAECIÓ.
Otro dia de mañana mandó Cortés á Pedro de Albarado que saliese por capitan con cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y escopeteros, y que fuese á ver la tierra adentro hasta andadura de dos leguas, y que llevase en su compañía á Melchorejo, la lengua de la Punta de Cotoche; y cuando le fueron á llamar al Melchorejo, no le hallaron, que se habia ya huido con los de aquel pueblo de Tabasco; porque, segun parecia, el dia ántes en las Puntas de los Palmares dejó colgados sus vestidos que tenia de Castilla, y se fué de noche en una canoa; y Cortés sintió enojo con su ida, porque no dijese á los indios sus naturales algunas cosas que no trujesen provecho.
Dejémosle huido con la mala ventura, y volvamos á nuestro cuento: que asimismo mandó Cortés que fuese otro capitan que se decia Francisco de Lugo por otra parte con otros cien soldados y doce ballesteros y escopeteros, y que no pasase de otras dos leguas, y que volviese en la noche á dormir al real; y yendo que iba el Francisco de Lugo con su compañía obra de una legua de nuestro real, se encontró con grandes capitanes y escuadrones de indios, todos flecheros, y con lanzas y rodelas, y atambores y penachos, y se vienen derechos á la capitanía de nuestros soldados, y les cercan por todas partes, y les comienzan á flechar de arte, que no se podian sustentar con tanta multitud de indios, y les tiraban muchas varas tostadas y piedras con hondas, que como granizo caian sobre ellos, y con espadas de navajas de dos manos; y por bien que peleaba el Francisco de Lugo y sus soldados, no los podia apartar de sí; y cuando aquesto vió, con gran concierto se venia ya retrayendo al real é habia enviado adelante un indio de Cuba muy gran corredor é suelto, á dar mandado á Cortés para que le fuésemos á ayudar; é todavía el Francisco de Lugo, con gran concierto de sus ballesteros y escopeteros, unos armados é otros tirando, y algunas arremetidas que hacian, se sostenian con todos los escuadrones que sobre él estaban.