Cortés les respondió con Aguilar, nuestra lengua, algo con gravedad, como haciendo del enojado, que ya ellos habian visto cuántas veces les habian requerido con la paz, y que ellos tenian la culpa, y que agora eran merecedores que á ellos é á cuantos quedan en todos sus pueblos matásemos; y porque somos vasallos de un gran Rey y señor que nos envió á estas partes, el cual se dice el emperador D. Cárlos, que manda que á los que estuvieren en su Real servicio que les ayudemos é favorezcamos, y que si ellos fueren buenos, como dicen, que así lo harémos, é si no, que soltará de aquellos tepustles que los maten (al hierro llaman en su lengua tepustle), que aun por lo pasado que han hecho en darnos guerra están enojados algunos dellos.
Entónces secretamente mandó poner fuego á la bombarda que estaba cebada, y dió tan buen trueno y recio como era menester; iba la pelota zumbando por los montes, que, como en aquel instante era mediodia é hacia calma, llevaba gran ruido, y los caciques se espantaron de la oir; y como no habian visto cosa como aquella, creyeron que era verdad lo que Cortés les dijo, y para asegurarles del miedo, les tornó á decir con Aguilar que ya no hubiesen miedo, que él mandó que no hiciese daño; y en aquel instante trujeron el caballo que habia tomado olor de la yegua, y atándolo no muy léjos de donde estaba Cortés hablando con los caciques; y como á la yegua la habian tenido en el mismo aposento adonde Cortés y los indios estaban hablando, pateaba el caballo, y relinchaba y hacia bramuras, y siempre los ojos mirando á los indios y al aposento donde habia tomado olor de la yegua; é los caciques creyeron que por ellos hacia aquellas bramuras del relinchar y el patear, y estaban espantados.
Y cuando Cortés los vió de aquel arte, se levantó de la silla, y se fué para el caballo y le tomó del freno é dijo á Aguilar que hiciese creer á los indios que allí estaban que habia mandado al caballo que no les hiciese mal ninguno; y luego dijo á los dos mozos de espuelas que lo llevasen de allí léjos, que no lo tornasen á ver los caciques.
Y estando en esto, vinieron sobre treinta indios de carga, que entre ellos llaman tamenes, que traian la comida de gallinas y pescado asado y otras cosas de frutas, que parece ser se quedaron atrás ó no pudieron venir juntamente con los caciques.
Allí hubo muchas pláticas Cortés con aquellos principales, y dijeron que otro dia vendrian todos, é traerian un presente é hablarian en otras cosas; y así, se fueron muy contentos. Donde los dejaré agora hasta otro dia.
CAPÍTULO XXXVI.
CÓMO VINIERON TODOS LOS CACIQUES É CALACHONIS DEL RIO DE GRIJALVA Y TRAJERON UN PRESENTE, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
Otro dia de mañana, que fué á los postreros del mes de Marzo de 1519 años, vinieron muchos caciques y principales de aquel pueblo y otros comarcanos, haciendo mucho acato á todos nosotros, é trajeron un presente de oro, que fueron cuatro diademas, y unas lagartijas, y dos como perrillos, y orejeras, é cinco ánades, y dos figuras de caras de indios, y dos suelas de oro, como de sus cotorras, y otras cosillas de poco valor, que yo no me acuerdo qué tanto valía, y trajeron mantas de las que ellos traian é hacian, que son muy bastas; porque ya habrán oido decir los que tienen noticia de aquella provincia que no las hay en aquella tierra sino de poco valor; y no fué nada este presente en comparacion de veinte mujeres, y entre ellas una muy excelente mujer, que se dijo doña Marina, que así se llamó despues de vuelta cristiana.
Y dejaré esta plática, y de hablar della y de las demás mujeres que trujeron, y diré que Cortés recibió aquel presente con alegría, y se apartó con todos los caciques y con Aguilar el intérprete á hablar, y les dijo que por aquello que traian se lo tenia en gracia; mas que una cosa les rogaba, que luego mandasen poblar aquel pueblo con toda su gente, mujeres é hijos; y que dentro de dos dias le queria ver poblado, y que en esto conocerá tener verdadera paz.
Y luego los caciques mandaron llamar todos los vecinos, é con sus hijos é mujeres en dos dias se pobló. Y á lo otro que les mandó, que dejasen sus ídolos é sacrificios, respondieron que así lo harian; y les declaramos con Aguilar, lo mejor que Cortés pudo, las cosas tocantes á nuestra santa fe, y cómo éramos cristianos é adorábamos á un solo Dios verdadero, y se les mostró una imágen muy devota de nuestra Señora con su Hijo precioso en los brazos, y se les declaró que aquella santa imágen reverenciábamos porque así se está en el cielo y es Madre de nuestro Señor Dios.