Y otro dia muy de mañana vinieron todos los caciques y principales con todas sus mujeres é hijos, y estaban ya en el patio donde teniamos la iglesia y cruz, y muchos ramos cortados para andar en procesion; y desque los caciques vimos juntos, Cortés y todos los capitanes á una con gran devocion anduvimos una muy devota procesion, y el padre de la Merced y Juan Diaz el Clérigo revestidos, y se dijo Misa, y adoramos y besamos la Santa Cruz, y los caciques é indios mirándonos.
Y hecha nuestra solemne fiesta segun el tiempo, vinieron los principales é trajeron á Cortés diez gallinas y pescado asado é otras legumbres, é nos despedimos dellos, y siempre Cortés encomendándoles la santa imágen de Nuestra Señora y las santas Cruces, y que las tuviesen muy limpias, y barrida la casa é la iglesia y enramado, y que las reverenciasen, é hallarian salud y buenas sementeras; y despues que era ya tarde nos embarcamos, y á otro dia lúnes por la mañana nos hicimos á la vela, y con buen viaje navegamos é fuimos la via de San Juan de Ulúa, y siempre muy juntos á tierra; é yendo navegando con buen tiempo, deciamos á Cortés los soldados que veniamos con Grijalva, cómo sabiamos aquella derrota:
—«Señor, allí queda la Rambla, que en lengua de indios se dice Aguayaluco.»
Y luego llegamos al paraje de Tonala, que se dice San Anton, y se lo señalábamos; más adelante le mostramos el gran rio de Guazacualco, é vió las muy altas sierras nevadas, é luego las sierras de San Martin; y más adelante le mostramos la roca partida, que es unos grandes peñascos que entran en la mar, é tiene una señal arriba como á manera de silla; é más adelante le mostramos el rio de Albarado, que es adonde entró Pedro de Albarado cuando lo de Grijalva; y luego vimos el rio de Banderas, que fué donde rescatamos los diez y seis mil pesos, y luego le mostramos la isla Blanca, y tambien le dijimos adónde quedaba la isla Verde; y junto á tierra vió la isla de Sacrificios, donde hallamos los altares cuando lo de Grijalva, y los indios sacrificados, y luego en buena hora llegamos á San Juan de Ulúa juéves de la Cena despues del medio dia.
Acuérdome que llegó un caballero que se decia Alonso Hernandez Puertocarrero, é dijo á Cortés:
—«Paréceme, señor, que os han venido diciendo estos caballeros que han venido otras dos veces á esta tierra:
Cata Francia, Montesinos
Cata Paris la ciudad,
Cata las aguas del Duero,
Do van á dar á la mar.