Esto es lo que pasó, y no la relacion que dieron al Gómora, y tambien dice otras cosas que dejo por alto.

É volviendo á nuestra materia, doña Marina sabia la lengua de Guacacualco, que es la propia de Méjico, y sabia la de Tabasco, como Jerónimo de Aguilar sabia la de Yucatan y Tabasco, que es toda una; entendíanse bien, y el Aguilar lo declaraba en castellano á Cortés; fué gran principio para nuestra conquista; y así se nos hacian las cosas, loado sea Dios, muy prósperamente.

He querido declarar esto, porque sin doña Marina no podiamos entender la lengua de Nueva-España y Méjico.

Donde lo dejaré é volveré á decir cómo nos desembarcamos en el puerto de San Juan de Ulúa.

CAPÍTULO XXXVIII.

CÓMO LLEGAMOS CON TODOS LOS NAVÍOS Á SAN JUAN DE ULÚA, Y LO QUE ALLÍ PASAMOS.

En Juéves Santo de la Cena del Señor de 1519 años llegamos con toda la armada al puerto de San Juan de Ulúa; y como el piloto Alaminos lo sabia muy bien desde cuando venimos con Juan de Grijalva, luego mandó surgir en parte que los navíos estuviesen seguros del Norte, y pusieron en la nao capitana sus estandartes reales y veletas, y desde obra de media hora que surgimos, vinieron dos canoas muy grandes (que en aquellas partes á las canoas grandes llaman piraguas), y en ellas vinieron muchos indios mejicanos, y como vieron los estandartes y navío grande, conocieron que allí habian de ir á hablar al capitan, y fuéronse derechos al navío, y entran dentro y preguntan quién era el Tlatoan, que en su lengua dicen el señor. Y doña Marina, bien lo entendió, porque sabia muy bien la lengua, se lo mostró.

Y los indios hicieron mucho acato á Cortés á su usanza, y le dijeron que fuese bien venido, é que un criado del gran Montezuma, su señor, les enviaba á saber qué hombres éramos é qué buscábamos, é que si algo hubiésemos menester para nosotros y los navíos, que se lo dijésemos, que traerian recaudo para ello.

Y nuestro Cortés respondió con las dos lenguas, Aguilar y doña Marina, que se lo tenia en merced; y luego les mandó dar de comer y beber vino, y unas cuentas azules, y cuando hubieron bebido, les dijo que veniamos para vellos y contratar, y que no se les haria enojo ninguno, é que hubiesen por buena nuestra llegada á aquella tierra.

Y los mensajeros se volvieron muy contentos á su tierra; y otro dia, que fué Viérnes Santo de la Cruz, desembarcamos, así caballos como artillería, en unos montones de arena, que no habia tierra llana, sino todos arenales, y asestaron los tiros como mejor le pareció al artillero, que se decia Mesa, y hicimos un altar, adonde se dijo luego Misa, é hicieron chozas y enramadas para Cortés y para los capitanes, y entre tres soldados acarreábamos madera é hicimos nuestras chozas, y los caballos se pusieron adonde estuviesen seguros; y en esto se pasó aquel Viérnes Santo.