Y parece ser que el Tendile traia consigo grandes pintores, que los hay tales en Méjico, y mandó pintar al natural rostro, cuerpo y facciones de Cortés y de todos los capitanes y soldados, y navíos y velas é caballos, y á doña Marina é Aguilar, hasta dos lebreles, é tiros é pelotas, é todo el ejército que traiamos, é lo llevó á su señor.
Y luego mandó Cortés á nuestros artilleros que tuviesen muy bien cebadas las bombardas con buen golpe de pólvora para que hiciesen gran trueno cuando las soltasen, y mandó á Pedro de Albarado que él y todos los de á caballo se aparejasen para que aquellos criados de Montezuma los viesen correr, y que llevasen pretales de cascabeles; y tambien Cortés cabalgó y dijo:
—«Si en estos medaños de arena pudiéramos correr, bueno fuera; mas ya verán que á pié atollamos en la arena; salgamos á la playa desque sea menguante, y correremos de dos en dos.»
É al Pedro de Albarado, que era su yegua alazana, de gran carrera y revuelta, le dió el cargo de todos los de á caballo.
Todo lo cual se hizo delante de aquellos dos embajadores, y para que viesen salir los tiros dijo Cortés que les queria tornar á hablar con otros muchos principales, y ponen fuego á las bombardas, y en aquella sazon hacia calma; iban las piedras por los montes retumbando con gran ruido, y los gobernadores y todos los indios se espantaron de cosas tan nuevas para ellos, y lo mandaron pintar á sus pintores para que Montezuma lo viese.
Y parece ser que un soldado tenia un casco medio dorado, y vióle Tendile, que era más entremetido indio que el otro, y dijo que parecia á unos que ellos tienen que les habian dejado sus antepasados del linaje donde venian, el cual tenian puesta en la cabeza á sus dioses Huichilóbos, que es su ídolo de la guerra, y que su señor Montezuma se holgará de lo ver, y luego se lo dieron; y les dijo Cortés que porque queria saber si el oro de esta tierra es como el que sacan de la nuestra de los rios, que le envien aquel casco lleno de granos para enviarlo á nuestro gran Emperador.
Y despues de todo esto, el Tendile se despidió de Cortés y de todos nosotros, y despues de muchos ofrecimientos que les hizo el mismo Cortés, le abrazó y se despidió dél, y dijo el Tendile que él volveria con la respuesta con toda brevedad; é ido, alcanzamos á saber que, despues de ser indios de grandes negocios, fué el más suelto peon que su amo Montezuma tenia; el cual fué en posta y dió relacion de todo á su señor, y le mostró el dibujo que llevaba pintado y el presente que le envió Cortés; y cuando el gran Montezuma le vió quedó admirado, y recibió por otra parte mucho contento, y desque vió el casco y el que tenia su Huichilóbos, tuvo por cierto que éramos del linaje de los que les habian dicho sus antepasados que vendrian á señorear aquesta tierra.
Aquí es donde dice el coronista Gómora muchas cosas que no le dieron buena relacion. Dejallo hé aquí, y diré lo que más nos acaesció.
CAPÍTULO XXXIX.
CÓMO FUÉ TENDILE Á HABLAR Á SU SEÑOR MONTEZUMA Y LLEVAR EL PRESENTE Y LO QUE HICIMOS EN NUESTRO REAL.