Un poco más adelante donde nos dieron aquella refriega que dicho tengo, estaba una placeta y tres casas de cal y canto, que eran adoratorios, donde tenian muchos ídolos de barro, unos como caras de demonios y otros como de mujeres, altos de cuerpo, y otros de otras malas figuras; de manera que al parecer estaban haciendo sodomías unos bultos de indios con otros; y dentro en las casas tenian unas arquillas hechizas de madera, y en ellas otros ídolos de gestos diabólicos, y unas patenillas de medio oro, y unos pinjantes y tres diademas, y otras piecezuelas á manera de pescados y otras á manera de ánades, de oro bajo.
Y despues que lo hubimos visto, así el oro como las casas de cal y canto, estábamos muy contentos porque habiamos descubierto tal tierra, porque en aquel tiempo no era descubierto el Perú, ni aún se descubrió dende allí á diez y seis años.
En aquel instante que estábamos batallando con los indios, como dicho tengo, el Clérigo Gonzalez iba con nosotros, y con dos indios de Cuba se cargó de las arquillas y el oro y los ídolos, y lo llevó al navío; y en aquella escaramuza prendimos dos indios, que despues se bautizaron y volvieron cristianos, y se llamó el uno Melchor y el otro Julian, y entrambos eran trastabados de los ojos.
Y acabado aquel rebato acordamos de nos volver á embarcar, y seguir las costas adelante descubriendo hácia donde se pone el sol; y despues de curados los heridos, comenzamos á dar velas.
CAPÍTULO III.
DEL DESCUBRIMIENTO DE CAMPECHE.
Como acordamos de ir la costa adelante hácia el Poniente, descubriendo puntas y bajos y ancones y arrecifes, creyendo que era isla, como nos lo certificaba el piloto Anton de Alaminos, íbamos con gran tiento, de dia navegando y de noche al reparo y parando; y en quince dias que fuimos desta manera, vimos desde los navíos un pueblo, y al parecer algo grande, y habia cerca dél gran ensenada y bahía; creimos que habia rio ó arroyo donde pudiésemos tomar agua, porque teniamos gran falta della; acabábase la de las pipas y vasijas que traiamos, que no venian bien reparadas; que, como nuestra armada era de hombres pobres, no teniamos dinero cuanto convenia para comprar buenas pipas; faltó el agua, hubimos de saltar en tierra junto al pueblo, y fué un domingo de Lázaro, y á esta causa le pusimos este nombre, aunque supimos que por otro nombre propio de indios se dice Campeche; pues para salir todos de una barcada, acordamos de ir en el navío más chico y en los tres bateles, bien apercebidos de nuestras armas, no nos acaeciese como en la Punta de Cotoche.
Porque en aquellos ancones y bahías mengua mucho la mar, y por esta causa dejamos los navíos anclados más de una legua de tierra, y fuimos á desembarcar cerca del pueblo, que estaba allí un buen paso de buena agua, donde los naturales de aquella poblacion bebian y se servian dél, porque en aquellas tierras, segun hemos visto, no hay rios; y sacamos las pipas para las henchir de agua y volvernos á los navíos.
Ya que estaban llenas y nos queriamos embarcar, vinieron del pueblo obra de cincuenta indios con buenas mantas de algodon, y de paz, y á lo que parecia debian ser caciques, y nos decian por señas que qué buscábamos, y les dimos á entender que tomar agua é irnos luego á los navíos, y señalaron con la mano que si veniamos de hácia donde sale el sol, y decian Castilan, Castilan, y no mirábamos bien en la plática de Castilan, Castilan. Y despues destas pláticas que dicho tengo, nos dijeron por señas que fuésemos con ellos á su pueblo, y estuvimos tomando consejo si iriamos.
Acordamos con buen concierto de ir muy sobre aviso, y lleváronnos á unas casas muy grandes, que eran adoratorios de sus ídolos y estaban muy bien labradas de cal y canto, y tenian figurados en unas paredes muchos bultos de serpientes y culebras y otras pinturas de ídolos, y al rededor de uno como altar, lleno de gotas de sangre muy fresca; y á otra parte de los ídolos tenian unas señales como á manera de cruces, pintados de otros bultos de indios; de todo lo cual nos admiramos, como cosa nunca vista ni oida.