Y con aquellas palabras, y otras sabrosas que le dijo, amansó al Narvaez. Y luego desque esto pasó, se despidió Andrés de Duero del Narvaez, y secretamente habló al Padre lo que habia pasado; y luego el Narvaez envió á llamar á fray Bartolomé de Olmedo, y como vino, le hizo mucho acato, y medio riendo (que era el Fraile muy cuerdo y sagaz) le suplicó que se apartase en secreto, y el Narvaez se fué con él paseando á un patio, y el Fraile le dijo:
—«Bien entendido tengo que vuestra merced me queria mandar prender; pues hágole saber, Señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes de los de Cortés le querrian ya ver en las manos de vuestra merced; y ansí, creo que vendremos todos; y para más le atraer á que se desconcierte, le han hecho escribir una carta de desvaríos, firmada de los soldados, que me dieron que diese á vuestra merced, que no la he querido mostrar hasta agora, que vine á pláticas, que en un rio la quise echar por las necedades que en ella trae; y esto hacen todos sus capitanes y soldados de Cortés por verlo ya desconcertar.»
Y el Narvaez dijo que se la diese, y el Padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo que la dejó en su posada é que iria por ella; é ansí, se despidió para ir por la carta; y entre tanto vino al aposento de Narvaez el bravoso Salvatierra; y de presto el Padre fray Bartolomé de Olmedo llamó á Duero que fuese luego en casa del Narvaez para ver dalle la carta, que bien sabia ya el Duero della, y aun otros capitanes de Narvaez que se habian mostrado por Cortés; porque el fraile consigo la traia, sino porque tuviesen juntos muchos de los de aquel Real y le oyesen.
É luego como vino el Padre fray Bartolomé de Olmedo con la carta, se la dió al mismo Narvaez, y dijo:
—«No se maraville vuestra merced con ella, que ya Cortés andaba desvariando; y sé cierto que si vuestra merced le habla con amor, que luego se le dará él y todos los que consigo trae.»
Dejémonos de razones de fray Bartolomé, que las tenia muy buenas, y digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y capitanes que leyese la carta, y cuando la oyeron, dice que hacian bramuras el Narvaez y el Salvatierra, y los demás se reian, como haciendo burla della; y entónces dijo el Andrés de Duero:
—«Ahora yo no sé cómo sea esto; yo no lo entiendo; porque este religioso me ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra merced, y ¡escribir ahora estos desvaríos!»
Y luego de buena tinta tambien le ayudó á la plática al Duero un Agustin Bermudez, que era capitan é alguacil mayor del real de Narvaez, é dijo:
—«Ciertamente, tambien he sabido del Padre Fray Bartolomé de Olmedo muy en secreto que como enviase buenos terceros, que el mismo Cortés vernia á verse con vuestra merced para que se diese con sus soldados; y será bien que envie á su Real, pues no está muy léjos, al señor veedor Salvatierra é al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos.»
Y esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatierra. Y respondió el Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iria á ver un traidor; y el padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo: