—«Señor veedor, bueno es tener templanza, pues está cierto que le ternéis preso ántes de muchos dias.»

Pues concertada la partida del Andrés de Duero, parece ser muy en secreto trató el Narvaez con el mismo Duero y con tres capitanes que tuviesen modo con el Cortés como se viesen en unas estancias é casas de indios que estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, é que allí se darian conciertos donde habiamos de ir con Cortés á poblar y partir términos, y en las vistas le prenderia; y para ello tenia ya hablado el Narvaez á veinte soldados de sus amigos; lo cual luego supo fray Bartolomé del Narvaez é del Andrés de Duero, y avisaron á Cortés de todo.

Dejemos al fraile en el real de Narvaez, que ya se habia hecho muy amigo y pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Olmedo y el Salvatierra de Búrgos, y comia con él cada dia.

É digamos de Andrés de Duero, que quedaba apercibiéndose para ir á nuestro real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, nuestro soldado, porque el Narvaez no alcanzase á saber dél lo que pasaba; y diré lo que en nuestro real hicimos.

CAPÍTULO CXVIII.

CÓMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOLDADOS QUE ÉRAMOS, Y CÓMO TRAJERON DUCIENTAS Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS, CON UNOS HIERROS DE COBRE CADA UNA, QUE CORTÉS HABIA MANDADO HACER EN UNOS PUEBLOS QUE SE DICEN LOS CHICHINATECAS, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO HABIAMOS DE JUGAR DELLAS PARA DERROCAR LA GENTE DE Á CABALLO QUE TENIA NARVAEZ, Y OTRAS COSAS QUE EN EL REAL PASARON.

Volvamos á decir algo atrás de lo dicho, y lo que más pasó.

Así como Cortés tuvo noticia del armada que traia Narvaez, luego despachó un soldado que habia estado en Italia, bien diestro de todas armas, y más de jugar una pica, y le envió á una provincia que se dice los chichinatecas, junto adonde estaban nuestros soldados los que fueron á buscar minas; porque aquellos de aquella provincia eran muy enemigos de los mejicanos é pocos dias habia que tomaron nuestra amistad, é usaban por armas muy grandes lanzas, mayores que las nuestras de Castilla, con dos brazas de pedernal é navajas; y envióles á rogar que luego le trajesen á do quiera que estuviesen trecientas dellas, é que les quitasen las navajas, é que pues tenian mucho cobre, que les hiciesen á cada una dos hierros, y llevó el soldado la manera cómo habian de ser los hierros; y como llegó, de presto buscaron las lanzas é hicieron los hierros; porque en toda la provincia á aquella sazon habia cuatro ó cinco pueblos, sin muchas estancias, y las recogieron, é hicieron los hierros muy más perfectamente que se los enviamos á mandar; y tambien mandó á nuestro soldado, que se decia Tovilla, que les demandase dos mil hombres de guerra, é que para el dia de Pascua del Espíritu Santo viniese con ellos al pueblo de Panguenequita, que ansí se decia, ó que preguntase en qué parte estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen lanzas; por manera que el soldado se los demandó, é los caciques dijeron que ellos venian con la gente de guerra; y el soldado se vino luego con obra de ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con los demás indios de guerra quedó para venir con ellos otro soldado de los nuestros, que se decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la estancia y minas que descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí se concertó que habia de venir de la manera que está dicho á nuestro real; porque seria de andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo otro.

Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos ducientos y seis, contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con cinco de á caballo y dos artilleros y pocos ballesteros y ménos escopeteros; y á lo que tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las picas, y fueron muy buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar más en el alarde y lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió Narvaez á nuestro real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos indios naborías de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero, segun despues alcanzamos á saber.

CAPÍTULO CXIX.