Pues en las calles y en los mismos patios de Tatelulco no habia otras cosas, y no podiamos andar sino entre cuerpos y cabezas de indios muertos.
Yo he leido la destruicion de Jerusalen; mas si en ella hubo tanta mortandad como esta yo no lo sé; porque faltaron en esta ciudad gran multitud de indios guerreros, y de todas las provincias y pueblos sujetos á Méjico que allí se habian acogido, todos los más murieron; que, como he dicho, así el suelo y la laguna y barbacoas, todo estaba lleno de cuerpos muertos, y hedia tanto, que no habia hombre que sufrirlo pudiese; y á esta causa, así como se prendió Guatemuz, cada uno de los capitanes se fueron á sus reales, como dicho tengo, y aun Cortés estuvo malo del hedor que se le entró por las narices en aquellos dias que estuvo allí en el Tatelulco.
Dejemos desto, y pasemos adelante, y digamos cómo los soldados que andaban en los bergantines fueron los mejor librados é hubieron buen despojo, á causa que podian ir á ciertas casas que estaban en los barrios de la laguna, que sentian que habria oro, ropa y otras riquezas, y tambien lo iban á buscar á los carrizales, donde lo iban á esconder los indios mejicanos cuando les ganábamos algun barrio y casa; y tambien porque, so color que iban á dar caza á las canoas que metian bastimentos y agua, si topaban algunas en que iban algunos principales huyendo á tierra firme para se ir entre ellos, otomites, que estaban comarcanos, les despojaban de lo que llevaban.
Quiero decir que nosotros los soldados que militábamos en las calzadas y por tierra firme no podiamos haber provecho ninguno, sino muchos flechazos y lanzadas y heridas de vara y piedra, á causa que cuando íbamos ganando alguna casa ó casas, ya los moradores dellas habian salido y sacado toda la hacienda que tenian, y no podiamos ir por agua sin que primero cegásemos las aberturas y puentes; y á esta causa he dicho en el capítulo que dello habla, que cuando Cortés buscaba los marineros que habian de andar en los bergantines, que fueron mejor librados que no los que batallábamos por tierra; y así pareció claro, porque los capitanes mejicanos, y aun el Guatemuz, dijeron á Cortés, cuando les demanda el tesoro del gran Montezuma, que los que andaban en los bergantines habian robado mucha parte dello.
Dejemos de hablar más en esto hasta más adelante, y digamos que, como habia tanta hedentina en aquella ciudad, que Guatemuz le rogó á Cortés que diese licencia para que se saliese todo el poder de Méjico á aquellos pueblos comarcanos, y luego les mandó que así lo hiciesen.
Digo que en tres dias con sus noches iban todas tres calzadas llenas de indios é indias y muchachos, llenos de bote en bote, que nunca dejaban de salir, y tan flacos y sucios é amarillos é hediondos, que era lástima de los ver; y despues que la hubieron desembarazado, envió Cortés á ver la ciudad, y estaban, como dicho tengo, todas las casas llenas de indios muertos, y aun algunos pobres mejicanos entre ellos, que no podian salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad como echan los puercos muy flacos que no comen sino yerba; y hallóse toda la ciudad arada, y sacadas las raices de las yerbas que habian comido cocidas: hasta las cortezas de los árboles tambien las habian comido.
De manera que agua dulce no les hallamos ninguna, sino salada.
Tambien quiero decir que no comian las carnes de sus mejicanos, sino eran de los enemigos tlascaltecas y las nuestras que apañaban; y no se ha hallado generacion en el mundo que tanto sufriese la hambre y sed y contínuas guerras como esta.
Dejemos de hablar en esto, y pasemos adelante: que mandó Cortés que todos los bergantines se juntasen en unas atarazanas que despues se hicieron.
Volvamos á nuestras pláticas: que despues que se ganó esta grande y populosa ciudad, y tan nombrada en el universo, despues de haber dado muchas gracias á Nuestro Señor y á su bendita Madre, ofreciendo ciertas promesas á Dios Nuestro Señor, Cortés mandó hacer un banquete en Cuyoacan, en señal de alegrías de la haber ganado, y para ello tenian ya mucho vino de un navío que habia venido al puerto de la Villa-Rica, y tenia puercos que le trujeron de Cuba; y para hacer la fiesta mandó convidar á todos los capitanes y soldados que le pareció que era bien tener cuenta con ellos en todos tres reales; y cuando fuimos al banquete no habia mesas puestas, ni aun asientos para la tercia parte de los capitanes y soldados que fuimos, y hubo mucho desconcierto, y valiera más que no se hiciera, por muchas cosas no muy buenas que en él acaecieron, y tambien porque esta planta de Noé hizo á algunos hacer desatinos, y hombres hubo en él que, despues de haber comido, anduvieron sobre las mesas, que no acertaban á salir al patio; otros decian que habian de comprar caballos con sillas de oro, y ballesteros hubo que decian que todas las saetas que tuviesen en su aljaba que habian de ser de oro, de las partes que les habian de dar, y otros iban por las gradas rodando abajo.