—«Pared blanca, papel de nécios.»
Y amanecia más adelante:
—«Y aun de sábios y verdades.»
Y aun bien supo Cortés quién lo escribia, y fué un Fulano Tirado, amigo de Diego Velazquez, yerno que fué de Ramirez el viejo, que vivia en la Puebla, y un Villalóbos, que fué á Castilla, y otro que se decia Mansilla, y otros que ayudaban de buena para Cortés á los puntos que le tiraban; y de tal manera andaba la cosa, que fray Bartolomé de Olmedo le dijo á Cortés que no permitiese que aquello pasase adelante, sino que con cordura vedase que no escribiesen en la pared.
Fué buen consejo, y mandó Cortés que no se atreviese ninguno á poner letreros ni perques de malicias; que castigaria á los desvergonzados que escribiesen con graves penas, y á fe que aprovechó.
Dejemos desto, y digamos que, como habia muchas deudas entre nosotros, que debiamos de ballestas á cuarenta y á cincuenta pesos, y de una escopeta ciento, y de un caballo ochocientos, y mil, y á veces más, y una espada cincuenta, y desta manera eran tan caras las cosas que habiamos comprado; pues un cirujano que se llamaba maestre Juan, que curaba algunas malas heridas y se igualaba por la cura á excesivos precios, y tambien un médico que se decia Murcia, que era boticario y barbero, tambien curaba; y otras treinta trampas y zarrabusterías que debiamos, demandaban que les pagásemos de las partes que nos daban; y el remedio que Cortés dió fué, que puso dos personas de buena conciencia, que sabian de mercaderías, que apreciasen qué podian valer las mercaderías y cosas de las que habiamos tomado fiado, y que lo apreciasen; llamábanse los apreciadores el uno Santa Clara, persona muy honrada, y el otro se decia fulano de Llerena; y se mandó que todo aquello que aquellos apreciadores dijesen que valía cada cosa de las que nos habian vendido, y las curas que nos habian hecho los cirujanos, que pasasen por ello; é que si no teniamos dineros, que aguardasen por ello tiempo de dos años.
Otra cosa tambien se hizo: que todo el oro que se fundió echaron tres quilates más de lo que tenia de ley, porque ayudasen á las pagas, y tambien porque en aquel tiempo habian venido mercaderes y navíos á la Villa-Rica, y creyendo que en echarle los tres quilates más, que ayudasen á la tierra y á los conquistadores; y no nos ayudó en cosa ninguna, ántes fué en nuestro perjuicio; porque los mercaderes, porque aquellos tres quilates saliesen á la cabal de sus ganancias, cargaban en las mercaderías y cosas que vendian cinco quilates, y ansí anduvo el oro de tres quilates tepuzque, que quiere decir en la lengua de indios cobre; y ansí agora tenemos aquel modo de hablar, que nombramos á algunas personas que son preeminentes y de merecimiento el señor don fulano de tal nombre, Juan ó Martin ó Alonso, y otras personas que no son de tanta calidad les decimos no más de su nombre, y por haber diferencia de los unos á los otros, decimos á fulano de tal nombre tepuzque.
Volvamos á nuestra plática: que viendo que no era justo que el oro anduviese de aquella manera, se envió á hacer saber á su majestad para que se quitase y no anduviese en la Nueva-España; y su majestad fué servido de mandar que no anduviese más, é que todo lo que se le hubiese de pagar en almojarifazgo y penas de cámara que se le pagase de aquel oro malo hasta que se acabase y no hubiese memoria dello, y desta manera se llevó todo á Castilla.
Y quiero decir que en aquella sazon que esto pasó ahorcaron dos plateros que falseaban las marcas y las echaban cobre puro.
Mucho me he detenido en contar cosas viejas y salir fuera de mi relacion.