Volvamos á ella, y diré que, como Cortés vió que muchos soldados se le desvergonzaban y le pedian más partes, y le decian que se lo tomaba todo para sí, y le pedian prestados dineros, acordó de quitar de sobre sí aquel dominio y de enviar á poblar á todas las provincias que le pareció que convenia que se poblasen.

Á Gonzalo de Sandoval mandó que fuese á poblar á Tutepeque, é que castigase unas guarniciones mejicanas que mataron cuando salimos de Méjico sesenta personas, y entre ellas seis mujeres de Castilla que allí habian quedado de los de Narvaez; é que poblase á Medellin, é que pasase á Guacacualco é que poblase aquel puerto, y tambien mandó que fuese á conquistar la provincia de Pánuco; y á Rodrigo Rangel que se estuviese en la Villa-Rica, y en su compañía Pedro de Ircio; y á Juan Velazquez Chico mandó que fuese á Colima, y á un Villa-Fuerte á Zacatula, y Cristóbal de Olí que fuese á Mechoacan; ya en este tiempo se habia casado Cristóbal de Olí con una señora portuguesa, que se decia doña Filipa de Araujo; y envió á Francisco de Orozco á poblar á Guaxaca, porque en aquellos dias que habiamos ganado á Méjico, como lo supieron en todas estas provincias que he nombrado que Méjico estaba destruida, no lo podian creer los caciques y señores dellas, como estaban léjos, y enviaban principales á dar á Cortés el parabien de las vitorias, y á darse y ofrecerse por vasallos de su majestad, y á ver cosa tan temida como dellos fué Méjico si era verdad que estaba por el suelo; y todos traian grandes presentes de oro, que daban á Cortés, y aun traian consigo á sus hijos pequeños, y les mostraban á Méjico, y como solemos decir:

—«Aquí fué Troya;» y se lo declaraban.

Dejemos desto, y digamos una plática que es bien que se declare; porque me dicen muchos curiosos letores que ¿qué es la causa que los verdaderos conquistadores que ganamos la Nueva-España y la grande y fuerte ciudad de Méjico, por qué no nos quedamos en ella á poblar y nos veniamos á otras provincias? Tienen razon de lo preguntar; quiero decir la causa por qué, y es esto que diré.

En los libros de la renta de Montezuma mirábamos de qué partes le traian el oro, y dónde habia minas y cacao y ropa de mantas; y de aquellas partes que veiamos en los libros que traian los tributos del oro para el gran Montezuma, queriamos ir allá, en especial viendo que salia de Méjico un capitan principal y amigo de Cortés, como era Sandoval; y tambien como viamos que en todos los pueblos de la redonda de Méjico no tenian minas de oro ni algodon ni cacao, sino mucho maíz y maqueyales, de donde sacaban el vino, y á esta causa la teniamos por tierra pobre, y nos fuimos á otras provincias á poblar, y en todas fuimos muy engañados.

Acuérdome que fuí á hablar á Cortés que me diese licencia para que fuese con Sandoval, y me dijo:

—«En mi conciencia, hermano Bernal Diaz del Castillo, que vivís engañado; que yo quisiera que quedárades aquí conmigo; mas si es vuestra voluntad ir con vuestro amigo Gonzalo de Sandoval, id en buena hora, é yo tendré siempre cuidado de lo que se os ofreciere, más bien sé que os arrepentireis por me dejar.»

Volvamos á decir de las partes del oro, que todo se quedó en poder de los oficiales del Rey, por las esclavas que habiamos sacado en las almonedas.

No quiero poner aquí por memoria qué tantos de á caballo ni ballesteros ni escopeteros ni soldados, ni en cuantos dias de tal mes despachó Cortés á los capitanes para que fuesen á poblar las provincias por mí arriba dichas, porque seria larga relacion; basta que digo pocos dias despues de ganado Méjico é preso Guatemuz, é de ahí á otros dos meses envió otro capitan á otras provincias.

Dejemos ahora de hablar de Cortés, y diré que en aquel instante vino al puerto de la Villa-Rica, con dos navíos, un Cristóbal de Tapia, veedor de las fundaciones que se hacian en Santo Domingo, y otros decian que era alcaide de aquella fortaleza que está en la isla de Santo Domingo, y traia provisiones y cartas misivas de don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é se nombraba arzobispo de Rosano, para que le diésemos la gobernacion de la Nueva-España al Tapia; é lo que sobre ello pasó diré adelante.