Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por San Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez, habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros, temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo, que habia venido á aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por mandado de la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay con el licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de tener diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que se fuese con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y Cortés; y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces sin dar residencia, mas que presto seria allá en Pánuco.
Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí, sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra costa á costa cerca de la mar, y anduvo dos dias por malos despoblados, que eran ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde el camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel gran rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas.
Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy buenas.
Allí en este pueblo el Garay prendió unos indios que entendian la lengua mejicana, y halagóles y dióles camisas, envióles por mensajeros á otros pueblos que le decian que estaban cerca, porque recibiesen de paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pueblos, recibiéronle de paz, diéronle muy bien de comer y muchas gallinas de la tierra é otras aves, como á manera de ansarones, que tomaban en las lagunas; é como muchos de los soldados que llevaba Garay iban cansados, y parece ser no les daban de lo que los indios traian de comer, se amotinaron algunos é se fueron á robar á los indios de aquellos pueblos por donde venian, é estuvieron en este pueblo tres dias; otro dia fueron su camino con guias, llegaron á un gran rio, no le podian pasar sino con canoas que les dieron los de los pueblos de paz donde habian estado; procuraron de pasar cada caballo á nado, y remando con cada canoa un caballo que le llevasen del cabestro, y como eran muchos caballos y no se daban maña, se les ahogaron cinco caballos; salen de aquel rio, dan en unas malas ciénagas, y con mucho trabajo llegaron á tierra de Pánuco; é ya que en ella se hallaron, creyeron tener de comer, y estaban todos los pueblos sin maíz ni bastimentos y muy alterados, y esto fué á causa de las guerras que Cortés con ellos habia tenido poco tiempo habia; y tambien si alguna comida tenian, habíanlo alzado y puesto en cobro; porque, como vieron tantos españoles y caballos, tuvieron miedo dellos y despoblaron los pueblos, é adonde pensaba Garay reposar, tenia más trabajo; y demás desto, como estaban despobladas las casas donde posaba, habia en ellas muchos murciélagos é chinches é mosquitos, é todo les daba guerra; é luego sucedió otra mala ventura, que los navíos que venian costa á costa no habian llegado al puerto ni sabian dellos, porque en ellos traian mucho bastimento; lo cual supieron de un español que los vino á ver ó hallaron en un pueblo, que era de los vecinos que estaban poblados en la villa de Santi-Estéban del Puerto, que estaba huido por temor de la justicia por cierto delito que habia hecho; el cual les dijo cómo estaban poblados en una villa muy cerca de allí y cómo Méjico era muy buena tierra, é que estaban los vecinos que en ella vivian ricos; é como oyeron los soldados que traia Garay al español, que con él hablaron muchos, que la tierra de Méjico era buena é la de Pánuco no era tan buena, se desmandaron y se fueron por la tierra á robar, é íbanse á Méjico; y en aquella sazon, viendo el Garay que se le amotinaban sus soldados y no los podia haber, envió á su capitan que se decia Diego de Ocampo á la villa de Santi-Estéban á saber qué voluntad tenia el teniente que estaba por Cortés que se decia Pedro de Vallejo, y aun le escribió haciéndole saber cómo traia provisiones y recaudos de su majestad para gobernar y ser adelantado de aquellas provincias, é cómo habia aportado con sus navíos al rio de Palmas, é del camino é trabajos que habia pasado; y el Vallejo hizo mucha honra al Diego de Ocampo y á los que con él iban, y le dió buena respuesta, y les dijo que Cortés holgara de tener tan buen vecino por gobernador, mas que le habia costado muy caro la conquista de aquella tierra, y que su majestad le habia hecho merced de la gobernacion, y que venga cuando quisiere con sus ejércitos é que se le hará todo servicio, é que le pide por merced que mande á sus soldados que no hagan sinjusticias ni robos á los indios, porque se le han venido á quejar dos pueblos; y tras esto, muy en posta escribió el Vallejo á Cortés, y aun le envió la carta del Garay, é hizo que escribiese otra al mismo Diego de Ocampo, y le envió á decir que qué mandaba que se hiciese é que de presto enviasen muchos soldados, ó viniese Cortés en persona.
Y desque Cortés vió la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é á Pedro de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval é á un Gonzalo de Ocampo, hermano del otro Diego de Ocampo que venia con Garay, y envió con ellos los recaudos que tenia, cómo su majestad le habia mandado que todo lo que conquistase tuviese en sí hasta que se averiguase la justicia entre él y Diego Velazquez, ó se lo notificasen al Garay.
Dejemos de hablar desto, y digamos que luego como Gonzalo de Ocampo volvió con la respuesta del Vallejo al Garay, y le pareció buena respuesta, se vino con todo su ejército á se juntar más cerca de la villa de Santi-Estéban del Puerto, é ya el Pedro de Vallejo tenia concertado con los vecinos de la villa, é con aviso que tuvo de cinco soldados que se habian ido de la villa, que eran del mismo Garay, de los amotinados; y como estaban muy descuidados é no se velaban, é como quedaban en un pueblo bueno é grande que se dice Nachaplan, y los del Vallejo sabian bien la tierra, dan en la gente de Garay, y le prenden sobre cuarenta soldados, y se los llevaron á su villa de Santi-Estéban del Puerto, y ellos tuvieron por nueva su prision; y la causa que dijo el Vallejo por que los prendió, era porque, sin presentar las provisiones y recaudos que traian, andaban robando la tierra; y viendo esto Garay, hubo gran pesar, y tornó á enviar á decir al Vallejo que le diese sus soldados, amenazándole con la justicia de nuestro Rey y señor; y el Vallejo respondió que cuando vea las Reales provisiones, que las obedecerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera mejor que cuando vino Ocampo las trajera y presentara para las cumplir, é que le pide por merced que mande á sus soldados que no roben ni saqueen los pueblos de su majestad; y en este instante llegaron fray Bartolomé é Albarado, los capitanes que Cortés enviaba con los recaudos; y como el Diego de Ocampo era en aquella sazon alcalde mayor por Cortés en Méjico, comenzó de hacer requirimientos al Garay que no entrase en la tierra, porque su majestad mandó que la tuviese Cortés, y en demandas y respuestas, en que andaba el fray Bartolomé, se pasaron ciertos dias, y entre tanto se le iban al Garay muchos soldados, que anochecian y no amanecian en el real; y vió Garay que los capitanes de Cortés traian mucha gente de á caballo y escopeteros, de cada dia le venian más, y supo que de sus navíos que habia mandado venir costa á costa, se le habian perdido dos dellos con tormenta de nortes, que es travesía, y los demás navíos que estaban en la boca del puerto, y que el teniente Vallejo les envió á requerir que luego se entrasen dentro en el rio, no les viniese algun desman y tormenta como la pasada; si no, que los ternia por corsarios que andaban á robar; y los capitanes de los navíos respondieron que no tuviese Vallejo que entender ni mandar en ello, que ellos estarian donde quisiesen; y en este instante el Francisco de Garay temió la buena fortuna de Cortés; y como andaban en estos trances el alcalde mayor Diego de Ocampo, y Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval, tuvieron pláticas secretas con los de Garay y con los capitanes que estaban en los navíos en el puerto, y se concertaron con ellos que se entrasen en el puerto y se diesen á Cortés; y luego un Martin de San Juan Lepuzcuano y un Castro Mocho, maestres de navíos, se entregaron é dieron con sus naos al teniente Vallejo por Cortés; é como los tuvo, fué en ellos el mismo Vallejo á requerir al capitan Juan de Grijalva, que estaba en la boca del puerto, que se entrase dentro á surgir, ó se fuese por la mar donde quisiese; y respondióle con tirarle muchos tiros; y luego enviaron en una barca un escribano del Rey, que se decia Vicente Lopez, á le requerir que se entrase en el puerto, y aun llevó cartas para el Grijalva, del Pedro de Albarado y de fray Bartolomé, con ofertas y prometimientos que Cortés le haria mercedes; y como vió las cartas y que todas las naos habian entrado en el rio, así hizo el Juan de Grijalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo le dijo que fuese preso en nombre del capitan Hernando Cortés; mas luego le soltó á él y á cuantos estaban detenidos, á causa que le decia fray Bartolomé:
—«Hagamos nuestra cosa sin sangre, pues podemos, y serán Dios y el César más agradados.»
Y desque el Garay vió el mal recaudo que tenia, y sus soldados huidos y amotinados, y los navíos todos al través, y los demás estaban tomados por Cortés, si muy triste estuvo ántes que se los tomasen, más lo estuvo despues que se vido desbaratado; y luego demandó con grandes protestaciones que hizo á los capitanes de Cortés que le diesen sus naos y todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora, y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde, que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado, y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para saber mandar, ni hombre de guerra.
Como vió el Garay que no aprovechaban pregones ni la buena diligencia que le parecia que ponian los capitanes de Cortés en traer sus soldados, estaba desesperado; pues viéndose desmamparado de todos, aconsejáronle los que venian por parte de Cortés que le escribiese luego al mismo Cortés, é que ellos serian intercesores con él para que volviese al rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena condicion, que le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de Albarado y el Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió á Cortés, dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced mandaba, que le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio de Dios y de su majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo ordenase de manera que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió fray Bartolomé y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de Sandoval, suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay, para que en todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian sido grandes amigos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima del Garay, y le respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de todos sus trabajos, y que se venga á Méjico, que le promete que en todo lo que pudiere ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra se remite; y mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra y le diesen todo lo que hubiese menester, y aun le envió al camino refresco; y cuando llegó á Tezcuco le tenian hecho un banquete; y llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos caballeros les salieron á recebir, y el Garay iba espantado de ver tantas ciudades, y más cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego Cortés lo llevó á sus palacios, que entónces nuevamente los hacia; y despues que se hubieron comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus desdichas y trabajos, encomendándole que por su mano fuese remediado; y el mismo Cortés se le ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval le fueron buenos medianeros; y de ahí á tres ó cuatro dias que hubo llegado, porque la amistad suya fuese más duradera y segura, trató fray Bartolomé que se casase una hija de Cortés, que se decia doña Catalina Cortés é Pizarro, que era niña, con un hijo de Garay, el mayorazgo, que traia consigo en la armada é le dejó por capitan de su armada; y Cortés vino en ello, y le mandó en dote con doña Catalina gran cantidad de pesos de oro, y que Garay fuese á poblar el rio de Palmas, é que Cortés le diese lo que hubiese menester para la poblacion y pacificacion de aquella provincia, y aun le prometió capitanes y soldados de los suyos, para que con ellos descuidase en las guerras que hubiese; y con estos prometimientos, y con la buena voluntad que Garay halló en Cortés, estaba muy alegre: yo tengo por cierto que así como lo habia capitulado y ordenado Cortés, lo cumpliria.
Dejemos esto del casamiento y de las promesas, y diré cómo en aquella sazon fué á posar el Garay en casa de un Alonso de Villanueva, porque Cortés hacia sus casas y palacio muy grandes, y de tantos patios, que era admiracion; y Alonso de Villanueva, segun pareció, habia estado en Jamáica cuando Cortés lo envió á comprar caballos, que esto no lo afirmo si era entónces ó despues; era muy grande amigo de Garay, y por el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cortés para pasarse á las casas del Villanueva, y se le hacia toda la honra que podia, y todos los vecinos de Méjico le acompañaban.