Y dejémoslo de repetir, y digamos de lo que dice el coronista Gómora, que yo estoy muy harto de declarar sus borrones, que dice que le informaron; las cuales informaciones no son así como él lo escribe; y por no me detener en todos los capítulos á tornallos á recitar y traer á la memoria cómo y de qué manera pasó, lo he dejado de escribir; y ahora pareciéndome que en esto de este requerimiento que escribe que hicieron á Cortés no dice quién fueron los que lo hicieron, si eran de los nuestros ó de los de Narvaez, y en esto que escribe es por sublimar á Cortés y abatir á nosotros los que con él pasamos; y sepan que hemos tenido por cierto los conquistadores verdaderos que esto vemos escrito, que le debieron de granjear al Gómora con dádivas porque lo escribiese desta manera, porque en todas las batallas y reencuentros éramos los que sosteniamos á Cortés, y ahora nos aniquila en lo que dice este coronista que le requeriamos.

Tambien dice que decia Cortés en las respuestas del mismo requerimiento que para animarnos y esforzarnos que enviará á llamar á Juan Velazquez de Leon y al Diego de Ordás, que el uno dellos dijo estaba poblando en lo de Pánuco con trecientos soldados, y el otro en lo de Guacacualco con otros soldados, y no es ansí; porque luego que fuimos sobre Méjico al socorro de Pedro de Albarado, cesaron los conciertos que estaban hechos, que Juan Velazquez de Leon habia de ir á lo de Pánuco y el Diego de Ordás á lo de Guacacualco, segun más largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado que sobre ello tengo hecha relacion; porque estos dos capitanes fueron á Méjico con nosotros al socorro de Pedro de Albarado, y en aquella derrota el Juan Velazquez de Leon quedó muerto en las puentes, y el Diego de Ordás salió muy mal herido de tres heridas que le dieron en Méjico, segun ya lo tengo escrito cómo y cuándo y de qué arte pasó.

Por manera que el coronista Gómora, si como tiene buena retórica en lo que escribe, acertara á decir lo que pasó, muy bien fuera.

Tambien he estado mirando cuando dice en lo de la batalla de Obtumba, que dice que si no fuera por la persona de Cortés que todos fuéramos vencidos, y que él solo fué el que la venció en el dar, como dió el encuentro al que traia el estandarte y seña de Méjico.

Ya he dicho, y lo torno agora á decir, que á Cortés toda la honra se le debe, como bueno y esforzado capitan; mas sobre todo hemos de dar gracias á Dios, que él fué servido poner su divina misericordia, con que siempre nos ayudaba y sustentaba; y Cortés en tener tan esforzados y valerosos capitanes y valientes soldados como tenia; é despues de Dios, con nosotros le dábamos esfuerzo y rompiamos los escuadrones y le sustentábamos, para que con nuestra ayuda y de nuestros capitanes guerreasen de la manera que guerreamos, como en los capítulos pasados sobre ello dicho tengo; porque siempre andaban juntos con Cortés todos los capitanes por mí nombrados, y aun agora los torno á nombrar, que fueron Pedro de Albarado, Cristóbal de Olí, Gonzalo de Sandoval, Francisco de Morla, Luis Marin, Francisco de Lugo y Gonzalo Dominguez, y otros muy buenos y valientes soldados que no alcanzábamos caballos; porque en aquel tiempo diez y seis caballos y yeguas fueron los que pasaron desde la isla de Cuba con Cortés, y no los habia, aunque nos costaran á mil pesos.

Y como el Gómora dice en su Historia que sólo la persona de Cortés fué el que venció lo de Obtumba, ¿por qué no declaró los heróicos hechos que estos nuestros capitanes y valerosos soldados hicimos en esta batalla? Ansí que, por estas causas tenemos por cierto que por ensalzar á Cortés sólo lo dijo, porque de nosotros no hace mencion; si no, pregúnteselo á aquel muy esforzado soldado que se decia Cristóbal de Olea, cuántas veces se halló en ayudar á salvar la vida á Cortés, hasta que en las puentes cuando volvimos sobre Méjico perdió la vida él y otros muchos soldados por le salvar. Olvidádoseme habia de otra vez que le salvó en lo de Suchimileco, que quedó mal herido el Olea; é para que bien se entienda esto que digo, uno fué Cristóbal de Olea y otro Cristóbal de Olí.

Tambien lo que dice el coronista en lo del encuentro con el caballo que dió al capitan mejicano y le hizo abatir la bandera, ansí es verdad: más ya he dicho otra vez que un Juan de Salamanca, natural de la villa de Ontiveros, que despues de ganado Méjico fué alcalde mayor de Guacacualco, es el que le dió una lanzada y le mató, y le quitó el rico penacho que llevaba, y se le dió el Salamanca á Cortés; y su majestad, el tiempo andando, lo dió por armas al Salamanca; y esto he traido aquí á la memoria, no por dejar de ensalzar y tenelle en mucha estima á nuestro capitan Cortés, y débesele todo honor y prez é honra de todas las batallas é vencimientos hasta que ganamos esta Nueva-España, como se suele dar en Castilla á los muy nombrados capitanes, y como los romanos daban triunfos á Pompeyo y Julio César y á los Cipiones; más digno de loores es nuestro Cortés que no los romanos.

Tambien dice el mismo Gómora que Cortés mandó matar secretamente á Xicotenga el mozo en Tlascala por las traiciones que andaba concertando para nos matar, como ántes he dicho.

No pasa ansí como dice; que donde le mandó ahorcar fué en un pueblo junto á Tezcuco, como adelante diré sobre qué fué; y tambien dice este coronista que iban tantos millares de indios con nosotros á las entradas, que no tiene cuenta ni razon en tantos como pone; y tambien dice de las ciudades y pueblos y poblaciones que eran tantos millares de casas, no siendo la quinta parte; que si se suma todo lo que pone en su historia, son más millones de hombres que en toda Castilla están poblados, y eso se le da poner mil que ochenta mil, y en esto se jacta, creyendo que va muy apacible su Historia á los oyentes no diciendo lo que pasó: miren los curiosos lectores cuánto va de su Historia á esta mi relacion, en decir letra por letra lo acaecido, y no miren la retórica ni ornato; que ya cosa vista es que es más apacible que no esta tan grosera mia; más suple la verdad la falta de plática y corta retórica.

Dejemos ya de contar ni de traer á la memoria los borrones declarados, y cómo yo soy más obligado á decir la verdad de todo lo que pasa que no á lisonjas; y demás del daño que hizo con no ser bien informado, ha dado ocasion que el doctor Illescas y Pablo Jobio se sigan por sus palabras.