Tornemos á decir del oidor que llevaban preso á Castilla, que con palabras buenas é con temores que puso al capitan del navío y al maestre y al piloto que le llevaban á cargo, les dijo que, llegados á Castilla, que en lugar de paga de lo que hacen, su majestad les mandaria ahorcar; y como aquellas palabras oyeron, le dijeron que les pagase su trabajo y le llevarian á Santo Domingo; y así, mudaron la derrota que Narvaez les habia mandado que fuesen; y llegado á la isla de Santo Domingo y desembarcado, como la audiencia Real que allí residia y los frailes jerónimos que estaban por gobernadores oyeron al licenciado Lúcas Vazquez, y vieron tan grande desacato é atrevimiento, sintiéronlo mucho, y con tanto enojo, que luego lo escribieron á Castilla al Real Consejo de su majestad; y como el Obispo de Búrgos era presidente y lo mandaba todo, y su majestad no habia venido de Flandes, no hubo lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en nuestro favor; ántes el don Juan Rodriguez de Fonseca diz que se holgó mucho, creyendo que el Narvaez nos habia ya prendido y desbaratado; y cuando su majestad estaba en Flandes, y oyeron á nuestros procuradores, y lo que el Diego Velazquez y el Narvaez habian hecho en enviar la armada sin su Real licencia, y haber prendido á su oidor, les hizo harto daño en los pleitos y demandas que despues le pusieron á Cortés y á todos nosotros, como adelante diré, por más que decian que tenian licencia del Obispo de Búrgos, que era presidente, para hacer el armada que contra nosotros enviaron.
Pues como ciertos soldados, parientes y amigos del oidor Lúcas Vazquez, vieron que el Narvaez le habia preso, temieron no les acaeciese lo que hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque ya les traia sobre los ojos y estaba mal con ellos, acordaron de se ir desde los arenales huyendo á la villa donde estaba el capitan Sandoval con los dolientes; y cuando llegaron á le besar las manos, el Sandoval les hizo mucha honra, y supo dellos todo lo aquí por mí dicho, y cómo queria enviar el Narvaez á aquella villa soldados á prenderle.
Y lo que más pasó diré adelante.
CAPÍTULO CXIV.
CÓMO NARVAEZ CON TODO SU EJÉRCITO SE VINO Á UN PUEBLO QUE SE DICE CEMPOAL, É LO QUE EN EL CONCIERTO SE HIZO, É LO QUE NOSOTROS HICIMOS ESTANDO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS DE IR SOBRE NARVAEZ.
Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la audiencia Real de Santo Domingo, luego se vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra á asentar su real en un pueblo que se dice Cempoal, que en aquella sazon era muy poblado; é la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al cacique gordo (que así le llamábamos) todas las mantas é ropa labrada é joyas de oro, é tambien le tomó las indias que nos habian dado los caciques de aquel pueblo, que se las dejamos en casa de sus padres é hermanos, porque eran hijas de señores, é para ir á la guerra muy delicadas.
Y el cacique gordo dijo muchas veces al Narvaez que no le tomase cosa ninguna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como mantas é indias, porque estaria muy enojado, y le vernia á matar de Méjico, así al Narvaez como al mismo cacique porque se las dejaba tomar.
É más, se le quejó el mismo cacique de los robos que le hacian sus soldados en aquel pueblo, é le dijo que cuando estaba allí Malinche, que así llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les tomaban cosa ninguna, é que era muy bueno él é sus soldados los teules, porque teules nos llamaban; é como aquellas palabras le oia el Narvaez, hacia burla dél, é un Salvatierra que venia por veedor, otras veces por mí nombrado, que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo á Narvaez é otros capitanes sus amigos:
—«¿No habeis visto qué miedo que tienen todos estos caciques desta nonada de Cortesillo?»
Tengan atencion los curiosos letores cuán bueno fuera no decir mal de lo bueno; porque juro amen que cuando dimos sobre el Narvaez, uno de los más cobardes é para ménos fué el Salvatierra, como adelante diré; é no porque no tenia buen cuerpo é membrudo, mas era mal engalibado, mas no de lengua, y decian que era natural de tierra de Búrgos.