Y otro dia de mañana fuimos á la ciudad de Tezcuco, y en todas las calles ni casas no veiamos mujeres ni muchachos ni niños, sino todos los indios como asombrados y como gente que estaba de guerra; y fuímonos á aposentar á unos aposentos y salas grandes, y luego mandó Cortés llamar á nuestros capitanes y todos los más soldados, y nos dijo que no saliésemos de unos patios grandes que allí habia, y que estuviésemos muy apercebidos, porque no le parecia que estaba aquella ciudad pacífica, hasta ver cómo y de qué manera estaba, y mandó al Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí é á otros soldados, y á mí con ellos, que subiésemos al gran cu, que era bien alto, y llevásemos hasta veinte escopeteros para nuestra guarda, y que mirásemos desde el alto cu la laguna y la ciudad, porque bien se parecia toda; y vimos que todos los moradores de aquellas poblaciones se iban con sus haciendas y hatos é hijos y mujeres, unos á los montes y otros á las carrizales que hay en la laguna, que toda iba cuajada de canoas, dellas grandes y otras chicas; y como Cortés lo supo, quiso prender al señor de Tezcuco que envió la bandera de oro, y cuando le fueron á llamar ciertos papas que envió Cortés por mensajeros, ya estaba puesto en cobro, que él fué el primero que se fué huyendo á Méjico, y fueron con él otros muchos principales.
Y así se pasó aquella noche, que tuvimos grande recaudo de velas y rondas y espías, y otro dia muy de mañana mandó llamar Cortés á todos los más principales indios que habia en Tezcuco; porque, como es gran ciudad, habia otros muchos señores, partes contrarias del cacique que se fué huyendo, con quien tenian debates y diferencias sobre el mando y reino de aquella ciudad; y venidos ante Cortés, informado dellos cómo y de qué manera y desde qué tiempo acá señoreaba el Cocoivacin, dijeron que por codicia de reinar habia muerto malamente á su hermano mayor, que se decia Cuxcuxca, con favor que para ello le dió el señor de Méjico, que ya he dicho que se decia Coadlauaca, el cual fué el que nos dió la guerra cuando salimos huyendo despues de muerto Montezuma; é que allí habia otros señores á quien venia el reino de Tezcuco más justamente que no al que lo tenia, que era un mancebo que luego en aquella sazon se volvió cristiano con mucha solenidad, y le bautizó el fraile de la Merced, y se llamó don Hernando Cortés, porque fué su padrino nuestro capitan.
É aqueste mancebo dijeron que era hijo legítimo del señor y Rey de Tezcuco, que se decia su padre Nezabal Pintzintli; y luego sin más dilaciones, con grandes fiestas y regocijos de todo Tezcuco, le alzaron por Rey y señor natural, con todas las ceremonias que á los tales Reyes solian hacer, é con mucha paz y en amor de todos sus vasallos y otros pueblos comarcanos, é mandaba muy absolutamente y era obedecido; y para mejor le industriar en las cosas de nuestra santa fe y ponelle en toda policía, y para que deprendiese nuestra lengua, mandó Cortés que tuviese por ayos á Antonio de Villareal, marido que fué de una señora hermosa que se dijo Isabel de Ojeda; é á un bachiller que se decia Escobar puso por capitan de Tezcuco, para que viese y defendiese que no contratase con el don Fernando ningun mejicano; y á un buen soldado que se decia Pedro Sanchez Farfan, marido que fué de la buena y honrada mujer María de Estrada.
Dejemos de contar su gran servicio de aqueste cacique, y digamos cuán amado y obedecido fué de los suyos, y digamos cómo Cortés le demandó que diese mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más las acequias y zanjas por donde habiamos de sacar los bergantines á la laguna de que estuviesen acabados y puestos á punto para ir á la vela, y se le dió á entender al mismo don Hernando y á otros sus principales á qué fin y efeto se habian de hacer, y cómo y de qué manera habiamos de poner cerco á Méjico, y para todo ello se ofreció con todo su poder y vasallos, que no solamente aquello que le mandaba, sino que enviaria mensajeros á otros pueblos comarcanos para que se diesen por vasallos de su Majestad y tomasen nuestra amistad y voz contra Méjico.
Y todo esto concertado, despues de nos haber aposentado muy bien, y cada capitanía por sí, y señalados los puestos y lugares donde habiamos de acudir si hubiese rebato de mejicanos, porque estábamos á guarda la raya de su laguna, porque de cuando en cuando enviaba Guatemuz grandes piraguas y canoas con muchos guerreros, y venian á ver si nos tomaban descuidados; y en aquella sazon vinieron de paz ciertos pueblos sujetos á Tezcuco, á demandar perdon y paz si en algo habian errado en las guerras pasadas, y habian sido en la muerte de los españoles, los cuales se decian Guatinchan; y Cortés les habló á todos muy amorosamente y les perdonó.
Quiero decir que no habia dia ninguno que dejasen de andar en la obra y zanja y acequia de siete á ocho mil indios, y la abrian y ensanchaban muy bien, que podian nadar por ella navíos de gran porte.
Y en aquella sazon, como teniamos en nuestra compañía sobre siete mil tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar honra y de guerrear contra mejicanos, acordó Cortés, pues que tan fieles compañeros teniamos, que fuésemos á entrar y dar una vista á un pueblo que se dice Iztapalapa, el cual pueblo fué por donde habiamos pasado cuando la primera vez venimos para Méjico, y el señor dél fué el que alzaron por Rey en Méjico despues de la muerte del gran Montezuma, que ya he dicho otras veces que se decia Coadlauaca; y de aqueste pueblo, segun supimos, recebiamos mucho daño, porque eran muy contrarios contra Chalco y Talmalanco y Mecameca y Chimaloacan, que querian venir á tener nuestra amistad, y ellos lo estorbaban; y como habia ya doce dias que estábamos en Tezcuco sin hacer cosa que de contar sea, fuimos á aquella entrada de Iztapalapa.
CAPÍTULO CXXXVIII.
CÓMO FUIMOS Á IZTAPALAPA CON CORTÉS, Y LLEVÓ EN SU COMPAÑÍA Á CRISTÓBAL DE OLÍ Y Á PEDRO DE ALBARADO, Y QUEDÓ GONZALO DE SANDOVAL POR GUARDA DE TEZCUCO, Y LO QUE NOS ACAECIÓ EN LA TOMA DE AQUEL PUEBLO.
Pues como habia doce dias que estábamos en Tezcuco, y teniamos los tlascaltecas, por mí ya otra vez nombrados, que estaban con nosotros, y porque tuviesen qué comer, porque para tantos como eran no se lo podian dar abastadamente los de Tezcuco, y porque no recibiesen pesadumbre dello; y tambien porque estaban deseosos de guerrear con mejicanos, y se vengar por los muchos tlascaltecas que en las derrotas pasadas les habian muerto y sacrificado, acordó Cortés que él por capitan general, y con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y con trece de á caballo, y veinte ballesteros, y seis escopeteros, y ducientos y veinte soldados, y con nuestros amigos de Tlascala y con otros veinte principales de Tezcuco que nos dió don Hernando, cacique mayor de Tezcuco, y estos sabiamos que eran sus primos y parientes del mismo cacique y enemigos de Guatemuz, que ya le habian alzado por Rey en Méjico; fuésemos camino de Iztapalapa, que estará de Tezcuco obra de cuatro leguas.