Y les dijo doña Marina é Aguilar otras muchas buenas razones y consejos sobre el caso; y fueron ante el Guatemuz aquellos ocho indios nuestros mensajeros; mas no quiso hacer cuenta dellos el Guatemuz ni enviar respuesta ninguna, sino hacer albarradas y pertrechos, y enviar por todas sus provincias á mandar que si algunos de nosotros tomasen desmandados que se los trujesen á Méjico para sacrificar, y que cuando los enviasen á llamar, que luego viniesen con sus armas; y les envió á quitar y perdonar muchos tributos, y aun á prometer grandes promesas.

Dejemos de hablar en los aderezos de guerra que en Méjico se hacian, y digamos cómo volvieron otra vez muchos indios de los pueblos de Guatinchan ó Guaxutlan descalabrados de los mejicanos porque habian tomado nuestra amistad y por la contienda de los maizales que solian sembrar para los papas mejicanos en el tiempo que les servian, como otras veces he dicho en el capítulo que dello habla; y como estaban cerca de la laguna de Méjico, cada semana les venian á dar guerra, y aun llevaron ciertos indios presos á Méjico; y como aquello vió Cortés, acordó de ir otra vez por su persona y con cien soldados y veinte de á caballo y doce escopeteros y ballesteros; y tuvo buenas espías para cuando sintiesen venir los escuadrones mejicanos, que se lo viniesen á decir; y como estaba de Tezcuco aún no dos leguas, un miércoles por la mañana amaneció adonde estaban los escuadrones mejicanos, y pelearon ellos de manera que presto los rompió, y se metieron en la laguna en sus canoas, y allí se mataron cuatro mejicanos y se prendieron otros tres, y se volvió Cortés con su gente á Tezcuco; y dende en adelante no vinieron más los culchúas sobre aquellos pueblos.

Y dejemos esto, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á Tlascala por la madera y tablazon de los bergantines, y lo que más en el camino hizo.

CAPÍTULO CXL.

CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á TLASCALA POR LA MADERA DE LOS BERGANTINES, Y LO QUE MÁS EN EL CAMINO HIZO EN UN PUEBLO QUE LE PUSIMOS POR NOMBRE EL PUEBLO-MORISCO.

Como siempre estábamos con grande deseo de tener ya los bergantines acabados y vernos ya en el cerco de Méjico, y no pender ningun tiempo en balde, mandó nuestro capitan Cortés que luego fuese Gonzalo de Sandoval por la madera, y que llevase consigo ducientos soldados y veinte escopeteros y ballesteros y quince de á caballo, y buena copia de tlascaltecas y veinte principales de Tezcuco, y llevase en su compañía á los mancebos de Chalco y á los viejos, y los pusiesen en salvo en sus pueblos; é ántes que partiesen hizo amistades entre los tlascaltecas y los de Chalco; porque, como los de Chalco solian ser del bando y confederados de los mejicanos, y cuando iban á la guerra los mejicanos sobre Tlascala llevaban en su compañía á los de la provincia de Chalco para que les ayudasen, por estar en aquella comarca, desde entónces se tenian mala voluntad y se trataban como enemigos; mas como he dicho, Cortés los hizo amigos allí en Tezcuco, de manera que siempre entre ellos hubo gran amistad, y se favorecieron de allí adelante los unos de los otros.

Y tambien mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que cuando tuviesen puestos en su tierra los de Chalco, que fuesen á un pueblo que allí cerca estaba en el camino, que en nuestra lengua le pusimos por nombre el Pueblo-Morisco, que era sujeto á Tezcuco; porque en aquel pueblo habian muerto cuarenta y tantos soldados de los de Narvaez y aun de los nuestros y muchos tlascaltecas, y robado tres cargas de oro cuando nos echaron de Méjico; y los soldados que mataron eran que venian de la Veracruz á Méjico cuando íbamos en el socorro de Pedro de Albarado; y Cortés le encargó al Sandoval que no dejase aquel pueblo sin buen castigo, puesto que más merecian los de Tezcuco, porque ellos fueron los agresores y capitanes de aquel daño, como en aquel tiempo eran muy hermanos en armas con la gran ciudad de Méjico, y porque en aquella sazon no se podia hacer otra cosa, se dejó de castigar en Tezcuco.

Y volvamos á nuestra plática, y es que Gonzalo de Sandoval hizo lo que el capitan le mandó, así en ir á la provincia de Chalco, que poco se rodeaba, y dejar allí á los dos mancebos señores della, y fué al Pueblo-Morisco, y ántes que llegasen los nuestros ya sabian por sus espías cómo iban sobre ellos, y desamparan el pueblo y se van huyendo á los montes, y el Sandoval los siguió, y mató tres ó cuatro porque hubo mancilla dellos; mas hubiéronse mujeres y mozas, é prendió cuatro principales, y el Sandoval los halagó á los cuatro que prendió, y les dijo que cómo habian muerto tantos españoles.

Y dijeron que los de Tezcuco y de Méjico los mataron en una celada que les pusieron en una cuesta por donde no podian pasar sino uno á uno, porque era muy angosto el camino; y que allí cargaron sobre ellos gran copia de mejicanos y de Tezcuco, y que entónces los prendieron y mataron, y que los de Tezcuco los llevaron á su ciudad, y los repartieron con los mejicanos; y esto que les fué mandado, y que no pudieron hacer otra cosa; y que aquello que hicieron, que fué en venganza del señor de Tezcuco, que se decia Cacamatzin, que Cortés tuvo preso y se habia muerto en las puentes.

Hallóse allí en aquel pueblo mucha sangre de los españoles que mataron, por las paredes, que habian rociado con ella á sus ídolos; y tambien se halló dos caras que habian desollado, y adobado los cueros como pellejos de guantes, y las tenian con sus barbas puestas y ofrecidas en unos de sus altares; y asimismo se halló cuatro cueros de caballos curtidos, muy bien aderezados, que tenian sus pelos y con sus herraduras, colgados y ofrecidos á sus ídolos en el su cu mayor; y halláronse muchos vestidos de los españoles que habian muerto, colgados y ofrecidos á los mismos ídolos; y tambien se halló en un mármol de una casa, adonde los tuvieron presos, escrito con carbones: «Aquí estuvo preso el sin ventura de Juan Yuste, con otros muchos que traia en mi compañía.»