Y en este instante vinieron á Cortés otros pueblos de los que se habian dado por nuestros amigos á demandar favor contra mejicanos, y decian que les fuésemos á ayudar, porque venian contra ellos grandes escuadrones, y les habian entrado en su tierra y llevado presos muchos de sus indios, y á otros habian descalabrado.

Y tambien en aquella sazon vinieron los de Chalco y Talmanalco, y dijeron que si luego no les socorrian que serian perdidos, porque estaban sobre ellos muchas guarniciones de sus enemigos; y tantas lástimas decian, que traian en un paño de manta de nequen pintado al natural los escuadrones que sobre ellos venian, que Cortés no sabia qué se decir ni qué respondelles, ni dar remedio á los unos ni á los otros; porque habia visto que estábamos muchos de nuestros soldados heridos y dolientes, y se habian muerto ocho de dolor de costado y de echar sangre cuajada, revuelta con lodo, por la boca y narices; y era del quebrantamiento de las armas que siempre traiamos á cuestas, é de que á la continua íbamos á las entradas, y de polvo que en ellas tragábamos; y demás desto, viendo que se habian muerto tres ó cuatro soldados de heridas, que nunca parábamos de ir á entrar, unos venidos y otros vueltos.

La respuesta que les dió á los primeros pueblos fué que les halagó y dijo que iria presto á les ayudar, y que entre tanto que iba, que se ayudasen de otros pueblos sus vecinos, y que esperasen en campo á los mejicanos, y que todos juntos les diesen guerra, é que si los mejicanos viesen que les mostraban cara y ponian fuerzas contra ellos, que temerian, é que ya no tenian tantos poderes los mejicanos para les dar guerra como solian, porque tenian muchos contrarios; y tantas palabras les dijo con nuestras lenguas, é les esforzó, que reposaron algo sus corazones, y no tanto, que luego demandaron cartas para dos pueblos sus comarcanos, nuestros amigos, para que les fuesen á ayudar.

Las cartas en aquel tiempo no las entendian; más bien sabian que entre nosotros se tenia por cosa cierta que cuando se enviaban eran como mandamientos ó señales que les mandaban algunas cosas de calidad; é con ellas se fueron muy contentos, y las mostraron á sus amigos y los llamaron; y como nuestro Cortés se lo mandó, aguardaron en el campo á los mejicanos y tuvieron con ellos una batalla, y con ayuda de nuestros amigos sus vecinos, á quien dieron la carta, no les fué mal en la pelea.

Volvamos á los de Chalco: que viendo nuestro Cortés que era cosa muy importante para nosotros que aquella provincia estuviese desembarazada de gentes de Culchúa, porque, como he dicho otra vez, por allí habian de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á Tlascala, y habiamos de mantener nuestro real, porque es tierra de mucho maíz, luego mandó á Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, que se aparejase para otro dia de mañana ir á Chalco, y le mandó dar veinte á caballo y ducientos soldados, y doce ballesteros y diez escopeteros, y los tlascaltecas que habia en nuestro real, que eran muy pocos, porque, como dicho habemos en este capítulo, todos los más se habian ido á su tierra cargados de despojos, y tambien llevó una capitanía de los de Tezcuco, y en su compañía al capitan Luis Marin, que era su muy íntimo amigo; y quedamos en guarda de aquella ciudad y bergantines Cortés é Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí con los demás soldados.

Y ántes que Gonzalo de Sandoval vaya para Chalco, como está acordado, quiero aquí decir cómo, estando escribiendo en esta relacion todo lo acaecido á Cortés, de Saltocan, acaso estaban presentes dos hidalgos muy curiosos que habian leido la Historia de Gómora, y me dijeron que tres cosas se me olvidaban de escribir, que tenia escrito el coronista Gómora de la misma entrada que hizo Cortés; y la una era que dió Cortés vista á Méjico con trece bergantines, y peleó muy bien con el gran poder de Guatemuz, con sus grandes canoas y piraguas en la laguna; la otra era que cuando Cortés entró en la Calzada de Méjico que tuvo pláticas con los señores caciques mejicanos, y les dijo que les quitaria el bastimento y se moririan de hambre; y la otra fué que Cortés no quiso decir á los de Tezcuco que habia de ir á Saltocan, porque no le diesen aviso.

Yo respondí á los mismos hidalgos que me lo dijeron, que en aquella sazon los bergantines no estaban acabados de hacer, é que ¿cómo podia llevar por tierra bergantines ni por la laguna los caballos ni tanta gente? Que es cosa de reir ver lo que escribe; y que cuando entró en la calzada de Tacuba, como dicho habemos, que harto tuvo Cortés en escapar él y su ejército, que estuvo medio desbaratado; y en aquella sazon no habiamos puesto cerco á Méjico, para vedalles los mantenimientos, ni tenian hambre, y eran señores de todos sus vasallos; y lo que pasó muchos dias adelante, cuando los teniamos en grande aprieto, pone ahora el Gómora; y en lo que dice que se apartó Cortés por otro camino para ir á Saltocan, no lo supiesen los de Tezcuco, digo que por fuerza fueron por sus pueblos y tierras de Tezcuco, porque por allí era el camino, y no otro; y en lo que escribe va muy errado, y á lo que yo he sentido, no tiene él la culpa, sino el que le informó, que por sublimar á quien á él se le antojó, ensalzó sus cosas, y porque no se declarasen nuestros heróicos hechos le daban aquellas relaciones; y esta es la verdadera; y como lo hubieron bien entendido los mismos que me lo dijeron, y vieron claro lo que les dije ser ansí, se convencieron.

Y dejemos esta plática, y tornemos al capitan Gonzalo de Sandoval, que partió de Tezcuco despues de haber oido Misa, y fué á amanecer cerca de Chalco; y lo que pasó diré adelante.

CAPÍTULO CXLII.

CÓMO EL CAPITAN GONZALO DE SANDOVAL FUÉ Á CHALCO É Á TALMANALCO CON TODO SU EJÉRCITO; Y LO QUE EN AQUELLA JORNADA PASÓ DIRÉ ADELANTE.