Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como indios, puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real de Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender, que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron al rancho del bravo Salvatierra, é que les dió por las ciruelas un sartalejo de cuentas amarillas.

É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra:

—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor de Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos; pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que tengan mucho oro!»

Y decian por ahí otras palabras.

Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que estaban hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde tenia el caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le enfrenan y ensillan, y cabalgan en él.

Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe el riachuelo, y tambien se lo trujeron.

Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; porque por donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, porque era tierra muy fragosa y de grandes sierras, y que vino por allí por no topar con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo de Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:

—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»

Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló á los dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su caballo ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los del mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego conoció que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los caballos; y desde allí adelante se velaban.

Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros capitanes y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos en el real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el Narvaez diré adelante.