Y en aquellas pláticas que en aquella sazon decia Cortés á este Suchel, que ya he dicho que se dijo D. Cárlos, como era de suyo señor y esforzado, dijo á Cortés:
—«Sr. Malinche, no recibas pena por no batallar cada dia en tu real algunas veces, y otro tanto manda al Tonatio, que era Pedro de Albarado, que así lo llamaban, que se esté en el suyo, y Sandoval en Tepeaquilla, y con los bergantines anden cada dia á quitar y defender que no les entren bastimentos ni agua, porque están aquí dentro en esta gran ciudad tantos mil xiquipiles de guerreros, que por fuerza, siendo tantos, se les ha de acabar el bastimento que tienen, y el agua que ahora beben es medio salobre, que toman de unos hoyos que tienen hechos, y como llueve de dia y de noche, recogen el agua para beber y dello se sustentan: mas ¿qué pueden hacer si les quitas la comida y el agua, si no es más que guerra la que ternán con la hambre y sed?»
Como Cortés aquello entendió, le echó los brazos encima y le dió gracias por ello, con prometimientos que le daria pueblos; y aqueste consejo lo habiamos puesto en plática muchos soldados á Cortés; mas somos de tal calidad, que no quisiéramos aguardar tanto tiempo, sino entralles luego la ciudad.
Y cuando Cortés hubo bien considerado lo que nosotros tambien le habiamos dicho, y sus capitanes y soldados se lo decian, mandó á dos bergantines que fuesen á nuestro real y al de Sandoval á nos decir que estuviésemos otros tres dias sin les ir entrando en la ciudad; y como en aquella sazon los mejicanos estaban vitoriosos, no osábamos enviar un bergantin solo, y por esta causa envió dos; y una cosa nos ayudó mucho, y es que ya osaban nuestros bergantines romper las estacadas que los mejicanos les habian hecho en la laguna para que zabordasen; y es desta manera: que remaban con gran fuerza, y para que más furia trujesen tomaban de algo atrás, y si hacia algun viento, á todas velas, y con los remos muy mejor; y así, eran señores de la laguna y aun de muchas partes de las casas que estaban apartadas de la ciudad; y los mejicanos, como aquello vieron, se les quebró algo su braveza.
Dejemos esto, y volvamos á nuestras batallas; y es que, aunque no teniamos amigos, comenzamos á cegar y á tapar la gran abertura que he dicho otras veces que estaba junto á nuestro real; con la primera capitanía que venia la rueda de acarrear adobes y madera y cegar lo poniamos muy por la obra y con grandes trabajos, y las otras dos capitanías batallábamos.
Ya he dicho otras veces que así lo teniamos concertado, y habia de andar por rueda; y en cuatro dias que todos trabajamos en ella la teniamos cegada y allanada; y otro tanto hacia Cortés en su real con el mismo concierto, y aun él en persona llevaba adobes y madera hasta que quedaban seguras las puentes y calzadas y aberturas, por tenello seguro á retraer; y Sandoval ni más ni ménos en el suyo, y en nuestros bergantines junto á nosotros, sin temer estacadas; y desta manera les fuimos entrando poco á poco.
Volvamos á los grandes escuadrones que á la continua nos daban guerra, que muy bravosos y vitoriosos se venian á juntar pié con pié con nosotros, y de cuando en cuando, como se mudaban unos escuadrones, venian otros.
Pues digamos el ruido y alarido que traian, y en aquel instante el resonido de la corneta de Guatemuz, y entónces apechugaban de tal arte con nosotros, que no nos aprovechaban cuchilladas ni estocadas que les dábamos, y nos venian á echar mano; y como, despues de Dios, nuestro buen pelear nos habia de valer, teniamos muy reciamente contra ellos, hasta que con las escopetas y ballestas y arremetidas de los de á caballo, que estaban á la continua con nosotros la mitad de ellos, y con nuestros bergantines, que no temian ya las estacadas, les haciamos estar á raya, y poco á poco les fuimos entrando; y desta manera batallábamos hasta cerca de la noche, que era hora de retraer.
Pues ya que nos retraiamos, ya he dicho otras veces que habia de ser con gran concierto, porque entónces procuraban de nos atajar en la calzada y pasos malos; y si de ántes lo procuraban, en estos dias, con la vitoria que habian alcanzado, lo ponian muy por la obra; y digo que por tres partes nos tenian tomados en medio en este dia; mas quiso Nuestro Señor Dios que, puesto que hirieron muchos de nosotros, nos tornamos á juntar, y matamos y prendimos muchos contrarios; y como no teniamos amigos que echar fuera de las calzadas, y los de á caballo nos ayudaban valientemente, puesto que en aquella refriega y combate les hirieron dos caballos, y volvimos á nuestro real bien heridos, donde nos curamos con aceite y apretar nuestras heridas con mantas, y comer nuestras tortillas con ají y yerbas y tunas, y luego puestos todos en la vela.
Digamos ahora lo que los mejicanos hacian de noche en sus grandes y altos cues, y es que tañian su maldito atambor, que dije otra vez que era el de más maldito sonido y más triste que se podia inventar, y sonaba muy léjos, y tañian otros peores instrumentos.