En fin, cosas diabólicas, y tenian grandes lumbres y daban grandísimos gritos y silbos, y en aquel instante estaban sacrificando de nuestros compañeros de los que tomaron á Cortés, que supimos que sacrificaron diez dias arreo hasta que los acabaron, y el postrero dejaron á Cristóbal de Guzman, que vivo le tuvieron diez y ocho dias, segun dijeron tres capitanes mejicanos que prendimos; y cuando les sacrificaban, entónces hablaba su Huichilóbos con ellos y les prometia vitoria é que habiamos de ser muertos á sus manos ántes de ocho dias, é que nos diesen buenas guerras aunque en ellas muriesen muchos; y desta manera les traian engañados.

Dejemos ahora de sus sacrificios, y volvamos á decir que cuando otro dia amanecia ya estaban sobre nosotros todos los mayores poderes que Guatemuz podia juntar, y como teniamos cegada la abertura y calzada y puentes, ni sé ellos cómo la ponian en seco, tenian atrevimiento á venir hasta nuestros ranchos y tirar vara y piedra y flecha, si no fuera por los tiros con que siempre les haciamos apartar, porque Pedro Moreno Medrano, que tenia cargo dellos, les hacian mucho daño; y quiero decir que nos tiraban saetas de las nuestras con ballestas, cuando tenian vivos á cinco ballesteros, y al Cristóbal de Guzman con ellos, y les hacian que les armasen las ballestas y les mostrasen cómo habian de tirar, y ellos y los mejicanos tiraban aquellos tiros y no nos hacian mal; y tambien batallaba reciamente Cortés y Sandoval, y les tiraban saetas con ballestas; y esto sabíamoslo por Sandoval y los bergantines que iban de nuestro real al de Cortés y del de Cortés al nuestro y al de Sandoval, y siempre nos escribia de la manera que habiamos de batallar y todo lo que habiamos de hacer, y encomendándonos la vela, y que siempre estuviesen la mitad de los de á caballo en Tacuba guardando el fardaje y las indias que nos hacian pan, y que parásemos mientes no rompiesen por nosotros una noche, porque unos prisioneros que en el real de Cortés se prendieron le dijeron que Guatemuz decia muchas veces que diesen en nuestro real de noche, pues no habia tlascaltecas que nos ayudasen; porque bien sabian que se nos habian ido ya todos los amigos.

Ya he dicho otra vez que poniamos gran diligencia en velar.

Dejemos esto, y digamos que cada dia teniamos muy recios rebatos, y no dejábamos de les ir ganando albarradas y puentes y aberturas de agua; y como nuestros bergantines osaban ir por do quiera de la laguna y no temian á las estacadas, ayudábannos muy bien.

Y digamos cómo siempre andaban dos bergantines de los que tenia Cortés en su real á dar caza á las canoas que metian agua y bastimentos, y cogian en la laguna uno como medio lama, que despues de seco tenia un sabor como de queso, y traia en los bergantines muchos indios presos.

Tornemos al real de Cortés y de Gonzalo de Sandoval, que cada dia iban conquistando y ganando albarradas y puentes; y en aquestos trances y batallas se habian pasado, cuando en el desbarate de Cortés, doce ó trece dias; y como este Suchel, hermano de don Hernando, señor de Tezcuco, vió que volviamos muy de hecho en nosotros, y no era verdad lo que los mejicanos decian, que dentro de diez dias nos habian de matar, porque así se lo habia prometido su Huichilóbos, envió á decir á su hermano don Hernando que luego enviase á Cortés todo el poder de guerreros que pudiese sacar de Tezcuco, y vinieron dentro en dos dias que él se lo envió á decir más de dos mil hombres.

Acuérdome que vinieron con ellos Pedro Sanchez Farfan y Antonio de Villarroel, marido que fué de la Ojeda, porque aquestos dos soldados habia dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro Sanchez Farfan era capitan y el Antonio Villarroel era ayo de don Fernando; y cuando Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y les dijo palabras halagüeñas, y asimismo en aquella sazon volvieron muchos tlascaltecas con sus capitanes, y venia por capitan dellos un cacique de Topeyanco que se decia Tecapanaca, y tambien vinieron otros muchos indios de Guaxocingo y pocos de Cholula; y como Cortés supo que habian vuelto, mandó que todos fuesen á su real para les hablar, y primero que viniesen les mandó poner guardas en el camino para defendellos, por si saliesen mejicanos; y cuando parecieron delante, Cortés les hizo un parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y les dijo que bien habian creido y tenido por cierto la buena voluntad que siempre les ha tenido y tiene, así por haber servido á su majestad como por las buenas obras que dellos hemos recebido, y que si les mandó desde que venimos á aquella ciudad venir con nosotros á destruir á los mejicanos, que su intento fué porque se aprovechasen y volviesen ricos á sus tierras y se vengasen de sus enemigos; que no para que por su sola mano hubiésemos de ganar aquella gran ciudad; y puesto que siempre les ha hallado buenos y en todo nos han ayudado, que bien habrán visto que cada dia les mandábamos salir de las calzadas, porque nosotros estuviésemos más desembarazados sin ellos para pelear, é que ya les habian dicho y amonestado otras veces que el que nos da vitoria y en todo nos ayuda es nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos; y porque se fueron al mejor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, por dejar sus capitanes peleando y desamparallos, é que porque ellos no saben nuestras leyes y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque mejor lo entiendan, que mirasen que estando sin ellos íbamos derrocando casas y ganando albarradas; é que desde allí adelante les mandaba que no maten á ningunos mejicanos, porque les quiere tomar de paz.

Y despues que les hubo dicho este razonamiento, abrazó á Chichimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y á este Suchel hermano de D. Hernando, y les prometió que les daria tierras y vasallos más de los que tenian, teniéndoles en mucho á los que quedaron en nuestro real; y asimismo habló muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco, y á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que estaban en el real de Sandoval.

Y como les hubo platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á su real.

Dejemos desto, y volvamos á nuestras grandes guerras y combates que siempre teniamos y nos daban, y porque siempre de dia y de noche no haciamos sino batallar, y á las tardes al retraer siempre herian á muchos de nuestros soldados, dejaré de contar muy por extenso lo que pasaba; y quiero decir, como en aquellos dias llovia en las tardes, que nos holgábamos que viniese el aguacero temprano, porque, como se mojaban los contrarios, no peleaban tan bravosamente y nos dejaban retraer en salvo, y desta manera teniamos descanso.