Y porque ya estoy harto de escribir batallas, y más cansado y herido estaba de me hallar en ellas, y á los letores les parecerá prolijidad recitallas tantas veces, ya he dicho que no puede ser ménos, porque en noventa y tres dias siempre batallábamos á la continua; mas desde aquí adelante, si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la memoria en esta relacion.
Volvamos á nuestro cuento: y como en todos tres reales les íbamos entrando en su ciudad, Cortés por la suya, y Sandoval tambien por su parte, y Pedro de Albarado por la nuestra, llegamos adonde tenian la fuente, que ya he dicho otra vez que bebian agua salobre; la cual quebramos y deshicimos porque no se aprovechasen della, y estaban guardándola algunos mejicanos, y tuvimos buena refriega de vara y piedra y flecha, y muchas lanzas largas con que aguardaban á los de á caballo, porque por todas partes de las calles que les habiamos ganado andaban ya, porque ya estaba llano y sin agua y podian correr muy gentilmente.
Dejemos de hablar desto, y digamos cómo Cortés envió á Guatemuz mensajeros rogándole con la paz, y fué de la manera que diré adelante.
CAPÍTULO CLIV.
CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á GUATEMUZ Á ROGALLE QUE TENGAMOS PAZ.
Despues que Cortés vió que íbamos en la ciudad ganando muchas puentes y calzadas y albarradas y derrocando casas, como teniamos presos tres principales personas que eran capitanes de Méjico, les mandó que fuesen á hablar á Guatemuz para que tuviesen paces con nosotros; y los principales dijeron que no osaban ir con tal mensaje, porque su señor Guatemuz les mandaria matar.
En fin de pláticas, tanto se lo rogó Cortés y con promesas que les hizo y mantas que les dió, que fueron, y lo que les mandó que dijesen al Guatemuz es, que porque lo quiere bien, por ser deudo tan cercano del gran Montezuma, su amigo, y casado con su hija, y porque ha mancilla que aquella gran ciudad no se acabe de destruir, y por excusar la gran matanza que cada dia haciamos en sus vecinos y forasteros, que le ruega que venga de paz, y en nombre de su majestad les perdonará todas las muertes y daños que nos han hecho, y les hará muchas mercedes; é que tenga consideracion que se lo ha enviado á decir tres ó cuatro veces, é que él por ser mancebo ó por sus consejeros, y la principal causa por sus malditos ídolos ó papas, que le aconsejan mal, no ha querido venir, sino darnos guerra; é pues que ya ha visto tantas muertes como en las batallas que nos dan les han sucedido, y que tenemos de nuestra parte todas las ciudades y pueblos de toda aquella comarca, y cada dia nuevamente vienen más contra ellos, que se compadezca de tal perdimiento de sus vasallos y ciudad.
Tambien les envió á decir que se les habian acabado los mantenimientos, é que ya Cortés lo sabia, é que tambien agua no la tenian; y les envió á decir otras palabras bien dichas, que los tres principales las entendieron muy bien por nuestras lenguas, y demandaron á Cortés una carta, y esta no porque la entendian, sino porque sabian claramente que cuando enviábamos alguna mensajería ó cosas que les mandábamos, era un papel de aquellos que llaman amales, señal como mandamiento.
Y cuando los tres mensajeros parecieron ante su señor Guatemuz, con grandes lágrimas y sollozando le dijeron lo que Cortés les mandó; y el Guatemuz desque lo oyó, y sus capitanes que juntamente con él estaban, pareció ser que al principio recibió pasion de que fuesen atrevidos aquellos capitanes de illes con tales embajadas; mas, como el Guatemuz era mancebo y muy gentil hombre, y de buena disposicion y rostro alegre, y aun la color tenia algo más que tiraba á blanco que á matiz de indios, que era de obra de veinte y tres años y era casado con una muy hermosa mujer, hija del gran Montezuma, su tio; y segun despues alcanzamos á saber, tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo mandó juntar todos sus capitanes y principales y papas de los ídolos, y les dijo que tenia voluntad de no tener guerra con Malinche ni todos nosotros; y la plática que sobre ello les puso fué, que ya habian probado todo lo que se puede hacer sobre la guerra y mudado muchas maneras de pelear, y que somos de tal manera, que cuando pensaban que nos tenian vencidos, que entónces volviamos muy más reciamente sobre ellos; y que al presente sabia los grandes poderes de amigos que nuevamente nos habian venido, y que todas las ciudades eran contra ellos, y que ya los bergantines les habian rompido sus estacadas, y que los caballos corrian á rienda suelta por las calles de su ciudad; y les puso por delante otras muchas desventuras que tenian sobre los mantenimientos y agua; que les rogaba y mandaba que cada uno dellos diese sobre ello su parecer, y los papas tambien dijesen el suyo y lo que á sus dioses Huichilóbos y Tezcatepuca les han oido hablar, y que ninguno tuviese temor de hablar y decir la verdad de lo que sentia.
Y segun pareció, le dijeron: