Dejemos desto, y digamos cómo estábamos ya en el Tatelulco, y Cortés nos mandó que pasásemos todas las capitanías á estar con él, é que allí velásemos, por causa que veniamos más de media legua desde el real á batallar con los mejicanos; y estuvimos allí tres dias sin hacer cosa que de contar sea, porque nos mandó que no les entrásemos más en la ciudad ni les derrocásemos más casas, porque les queria tornar á requerir con las paces; y en aquellos dias que allí estuvimos en el Tatelulco envió Cortés á Guatemuz rogándole que se diese y no hubiese miedo, y con grandes ofrecimientos que le prometia que su persona seria muy acatada y honrada dél, y que mandaria á Méjico y á todas sus tierras y ciudades como solia; y les envió bastimentos y regalos, que eran tortillas y gallinas y cerezas y tunas y caza, é que no tenian otra cosa; y el Guatemuz entró en consejo con sus capitanes, y lo que le aconsejaron fué, que dijese que queria paz, é que aguardarian tres dias, é que al cabo de los tres dias se verian el Guatemuz y Cortés, y se darian los conciertos de las paces; y en aquellos tres dias tenian tiempo de aderezar puentes y abrir calzadas y adobar piedra y vara y flecha y hacer albarradas; y envió Guatemuz cuatro mejicanos principales con aquella respuesta; é creiamos que eran verdaderas las paces, y Cortés les mandó dar muy bien de comer y beber, y les tornó á enviar á Guatemuz, y con ellos les envió más refresco como de ántes; y el Guatemuz tornó á enviar á Cortés otros mensajeros, y con ellos dos mantas ricas, y dijeron que Guatemuz vernia para cuando estaba acordado; y por no gastar más razones sobre el caso, él nunca quiso venir, porque le aconsejaron que no creyese á Cortés, y poniéndole por delante el fin de su tio el gran Montezuma y sus parientes y la destruccion de todo el linaje noble de los mejicanos, é que dijese que estaba malo, é que saliesen todos de guerra, é que placeria á sus dioses, que les darian vitoria contra nosotros, pues tantas veces se la habia prometido.

Pues como estábamos aguardando al Guatemuz y no venia, vimos luego la burla que de nosotros hacia; y en aquel instante salian tantos batallones de mejicanos con sus divisas, y dan á Cortés tanta guerra, que no se podia valer; y otro tanto fué por nuestra parte de nuestro real; pues en el de Sandoval lo mismo; y era de tal manera, que parecia que entónces comenzaban de nuevo á batallar; y como estábamos algo descuidados, creyendo que estaban ya de paz, hirieron á muchos de nuestros soldados, y tres fueron heridos muy malamente, y el uno dellos murió, y mataron dos caballos y hirieron otros más; é ellos no se fueron mucho alabando, que muy bien lo pagaron; y como esto vido Cortés, mandó que luego les tornásemos á dar guerra y les entrásemos en su ciudad á la parte donde se habian recogido; y cómo vieron que les íbamos ganando toda la ciudad, envió Guatemuz á decir á Cortés que queria hablar con él desde una gran abertura de agua, y habia de ser Cortés de la una parte y el Guatemuz de la otra, y señalaron el tiempo para otro dia de mañana; y fué Cortés para hablar con él, y no quiso Guatemuz venir al puesto, sino envió á muchos principales, los cuales dijeron que su señor Guatemuz no osaba venir por temor que cuando estuviese hablando le tirarian escopetas y ballestas y le matarian; y entónces Cortés les prometió con juramento que no les enojaria en cosa ninguna, y no aprovechó, que no le creyeron.

En aquella sazon dos principales de los que hablaban con Cortés sacaron de un fardalejo que traian tortillas é una pierna de gallina y cerezas, y sentáronse muy de espacio á comer, porque Cortés los viese y entendiese que no tenian hambre; y desde allí le envió á decir á Guatemuz, que pues no queria venir, que no le daba nada y que presto les entraria en todas sus casas, y veria si tenia maíz, cuanto más gallinas; y desta manera se estuvieron otros cuatro ó cinco dias que no les dábamos guerra; y en este instante se salian de noche muchos pobres indios que no tenian qué comer, y se venian al real de Cortés y al nuestro, como aburridos de hambre; y cuando aquello vió Cortés, mandó que en bueno ni en malo no les diésemos guerra, é que quizá se les mudaria la voluntad para venir de paz, y no venian; y en el real de Cortés estaba un soldado que decia el mismo que él habia estado en Italia en compañía del Gran Capitan, y se halló en la chirinola de Garayana y en otras grandes batallas, y decia muchas cosas de ingenios de la guerra, é que haria un trabuco en el Tatelulco, con que en dos dias que con él tirase á la parte y casas de la ciudad adonde el Guatemuz se habia retraido, que las haria que luego se diesen de paz; y tantas cosas dijo á Cortés sobre ello, que luego puso en obra hacer el trabuco, y trajeron piedra, cal y madera de la manera que él la demandó, y carpinteros y clavazon, y todo lo perteneciente para hacer el trabuco, é hicieron dos hondas de recias sogas, y trujeron grandes piedras, y mayores que botijas de arroba; é ya que estaba armado el trabuco segun y de la manera que el soldado dió la órden, y dijo que estaba bueno para tirar, y pusieron en la honda una piedra hechiza, lo que con ella se hizo es, que no pasó adelante del trabuco, porque fué por alto y luego cayó allí donde estaba armado; y desque aquello vió Cortés hubo mucho enojo del soldado que le dió la órden para que lo hiciese, y tenia pesar en sí mismo, porque él creido tenia que no era para en la guerra ni para en cosa de afrenta, y no era más de hablar, que se habia hallado de la manera que he dicho; y segun el mismo soldado decia, que se decia Fulano de Sotelo, natural de Sevilla, y luego Cortés mandó deshacer el trabuco.

Dejemos desto, y digamos que como vió que el trabuco era cosa de burla, acordó que con todos doce bergantines fuese en ellos Gonzalo de Sandoval por capitan general y entrase en el rincon de la ciudad adonde se habia retraido Guatemuz, el cual estaba en parte que no podian entrar en sus palacios y casas sino por el agua, y luego Sandoval apercibió á todos los capitanes de los bergantines; y lo que hizo diré adelante cómo y de qué manera pasó.

CAPÍTULO CLVI.

CÓMO SE PRENDIÓ GUATEMUZ.

Pues como Cortés vido que el trabuco no aprovechó cosa ninguna, ántes hubo enojo con el soldado que le aconsejó que lo hiciese, y viendo que no queria paces ningunas Guatemuz y sus capitanes, mandó á Gonzalo de Sandoval que entrase con los bergantines en el sitio y rincon de la ciudad adonde estaban retraidos el Guatemuz con toda la flor de sus capitanes y personas más nobles que en Méjico habia, y le mandó que no matase ni hiriese á ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, é que aunque se la diesen, que solamente se defendiese, y no les hiciesen otro mal, y que les derrocase las casas y muchas barbacanas que habian hecho en la laguna; y Cortés se subió luego en el cu mayor del Tatelulco para ver cómo entraba Sandoval con los bergantines, y les fueron acompañando Pedro de Albarado y Luis Marin, y Francisco de Lugo y otros soldados.

Y como el Sandoval entró con los bergantines en aquel paraje donde estaban las casas de Guatemuz, cuando se vió cercado el Guatemuz, tuvo temor no le prendiesen ó le matasen, y tenia aparejadas cincuenta grandes piraguas para si se viese en aprieto salvarse en ellas y meterse en unos carrizales, é ir desde allí á tierra, y esconderse en unos pueblos de sus amigos; y asimismo tenia mandado á los principales y gente de más cuenta que allí en aquel rincon tenia, y á sus capitanes, que hiciesen lo mismo; y como vieron que les entraban en las casas, se embarcan en las canoas, é ya tenian metida su hacienda de oro y joyas y toda su familia, y se mete en ellas, y tira la laguna adelante, acompañado de muchos capitanes y principales; y como en aquel instante iba la laguna llena de canoas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatemuz con toda la gente principal se iba huyendo, mandó á los bergantines que dejasen de derrocar casas y siguiesen el alcance de las canoas, é que mirasen que tuviesen tino é ojo á qué parte iba el Guatemuz, y que no le ofendiesen ni le hiciesen enojo ninguno, sino que buenamente procurasen de le prender.

Y como un Garci-Holguin, que era capitan de un bergantin, amigo de Sandoval, y era muy gran velero su bergantin, y llevaba buenos remeros, le mandó que siguiese hácia la parte que le habian dicho que iba el Guatemuz y sus principales y las grandes piraguas, y le mandó que si le alcanzase, que no le hiciese mal ninguno más de prendelle, y el Sandoval siguió por otra parte con otros bergantines que le acompañaban; é quiso Dios Nuestro Señor que el Garci-Holguin alcanzó á las canoas é grandes piraguas en que iba el Guatemuz, y en el arte dél y de los toldos é piragua, y aderezo dél y de la canoa, le conoció el Holguin y supo que era el grande señor de Méjico, y dijo por señas que aguardasen, y no querian, y él hizo como que les queria tirar con las escopetas y ballestas, y hubo el Guatemuz miedo de ver aquello, y dijo:

—«No me tiren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tierra, y lo que te ruego es, que no me llegues á mi mujer ni á mis hijos, ni á ninguna mujer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo, sino que me tomes á mí y me lleves á Malinche.»