—«Creerán, señores, que no hice poco en salir en paz y en salvo de entre ellos, y algunos descuarticé y hice justicia.»
Y pasaron otras razones sobre aquella materia; y entónces dijimos nosotros, y muchos de aquellos señores que allí estábamos juntos, que se diesen perpétuos en la Nueva-España á los verdaderos conquistadores que pasamos con Cortés, y á los de Narvaez y á los de Garay, pues habiamos quedado muy pocos, porque todos los demas murieron en las batallas peleando en servicio de su majestad, y lo habiamos servido bien; y que con los demas se hubiese otra moderacion.
É ya que teniamos esta plática por nuestra parte, y la órden que dicho tengo, unos de aquellos Prelados y señores del Consejo de su majestad dijeron que cesase todo hasta que el Emperador nuestro señor viniese á Castilla, que se esperaba cada dia, para que en una cosa de tanto peso y calidad se hallase presente; y puesto que por el Obispo de Mechoacan é ciertos caballeros, é yo juntamente con ellos, que éramos de la parte de la Nueva-España, fué tornado á replicar, pues que estaban ya dados los votos conformes, se diesen perpétuos en la Nueva-España; y que los procuradores del Pirú procurasen por sí, pues su majestad lo habia enviado á mandar, y en su Real mando mostraba aficion para que en la Nueva-España se diesen perpétuos; y sobre ello hubo muchas pláticas y alegaciones; y dijimos que, ya que en el Pirú no se diesen, que mirasen los muchos servicios que hicimos á su majestad y á toda la cristiandad; y no aprovechó cosa ninguna con los señores del Real Consejo de Indias y que el Obispo fray Bartolomé de las Casas, y fray Rodrigo, su compañero, y con el Obispo de las Charcas; y dijeron que en viniendo su majestad de Augusta de Alemania, se proveeria de manera que los conquistadores serian muy contentos; y ansí se quedó por hacer.
Dejaré esta plática, y diré que en posta se escribió en un navío á la Nueva-España, como se supo en la ciudad de Méjico las cosas arriba dichas que pasaron en la córte.
Concertaban los conquistadores de enviar por sí solos procuradores ante su majestad, y aun á mí me escribió de Méjico á esta ciudad de Guatimala el capitan Andrés de Tapia y un Pedro Moreno Medrano y Juan de Limpias Carvajal el sordo, dende la Puebla, porque ya en aquella sazon era yo venido de la córte; y lo que me escribian, fué dándome cuenta y relacion de los conquistadores que enviaban su poder; y en la memoria me contaban á mí por uno de los más antiguos, é yo mostré las cartas en esta ciudad de Guatimala á otros conquistadores, para que las ayudásemos con dineros para enviar los procuradores; y segun pareció, no se concertó la ida por falta de pesos de oro, y lo que se concertó en Méjico, fué que los conquistadores, juntamente con toda la comunidad, enviasen á Castilla procuradores, pero no se negoció.
Y despues desto, mandó el invictísimo nuestro Rey y Señor Don Felipe (que Dios guarde y deje vivir muchos años, con aumento de más reinos) en sus Reales ordenanzas y provisiones que para ello ha dado, que los conquistadores y sus hijos en todo conozcamos mejoría, y luego los antiguos pobladores casados, segun se verá en sus Reales cédulas.
CAPÍTULO CCXII.
DE OTRAS PLÁTICAS Y RELACIONES QUE AQUÍ IRÁN DECLARADAS, QUE SERÁN AGRADABLES DE OIR.
Como acabé de sacar en limpio esta mi relacion, me rogaron dos licenciados que se la emprestase para saber muy por extenso las cosas que pasaron en las conquistas de Méjico y Nueva-España, y ver en qué diferencia lo que tenian escrito los coronistas Francisco Lopez de Gómora y el doctor Illescas acerca de las heróicas hazañas que hizo el marqués del Valle, de lo que en esta relacion escribo; é yo se la presté, porque de sábios siempre se pega algo á los idiotas sin letras como yo soy, y les dije que no enmendasen cosa ninguna de las conquistas, ni poner ni quitar, porque todo lo que yo escribo es muy verdadero; y cuando lo hubieron visto y leido los dos licenciados, el uno dellos era muy retórico, y tal presuncion tenia de sí, que despues de la sublimar y alabar de la gran memoria que tuve para no se me olvidar cosa de todo lo que pasamos dende que venimos á descubrir primero que viniese Cortés dos veces, y la postrera vine con Cortés, que fué en el año de 17 con Francisco Hernandez de Córdoba, y en el 18 con un Juan de Grijalva, y en el de 19 vine con el mismo Cortés; y volviendo á mi plática, me dijeron los licenciados que cuanto á la retórica, que va segun nuestro comun hablar de Castilla la Vieja, é que en estos tiempos se tiene por más agradable, porque no van razones hermoseadas ni afeitadas, que suelen componer los coronistas que han escrito en cosas de guerras, sino toda una llaneza, y debajo de decir verdad se encierran las hermoseadas razones; y más dijeron, que les parece que me alabo mucho de mí mismo en lo de las batallas y reencuentros de guerra en que me hallé, y que otras personas lo habian de decir y escribir primero que yo; y tambien, que para dar más crédito á lo que he dicho, que diese testigos y razones de algunos coronistas que lo hayan escrito, como suelen poner y alegar los que escriben, y aprueban con otros libros de cosas pasadas, y no decir, como digo tan secamente, esto hice y tal me aconteció, porque yo no soy testigo de mí mismo.
Á esto respondí, y digo agora, que en el primer capítulo de mi relacion, en una carta que escribió el marqués del Valle en el año 1540 dende la gran ciudad de Méjico á Castilla, á su majestad, haciéndole relacion de mi persona y servicios, le hizo saber cómo vine á descubrir la Nueva-España dos veces primero que no él, y tercera vez volví en su compañía, y como testigo de vista me vió muchas veces batallar en las guerras mejicanas y en toma de otras ciudades como esforzado soldado, hacer en ellas cosas notables y salir muchas veces de las batallas mal herido, y cómo fuí en su compañía á Honduras é Higueras, que ansí nombran en esta tierra, y otras particularidades que en la carta se contenian, que por excusar prolijidad aquí no declaro; y ansimismo escribió á su majestad el ilustrísimo virey don Antonio de Mendoza, haciendo relacion de lo que habia sido informado de los capitanes, en compañía de los que en aquel tiempo militaban, y conformaba todo con lo que el marqués del Valle escribió; y ansimismo por probanzas muy bastantes que por mi parte fueron presentadas en el Real Consejo de Indias en el año 540.