Ansí, señores licenciados, vean si son buenos testigos Cortés y el Virey don Antonio de Mendoza y mis probanzas; y si esto no basta, quiero dar otro testigo, que no lo habia mejor en el mundo, que fué el Emperador nuestro señor don Cárlos V, que por su Real carta, cerrada con su Real sello, mandó á los Vireyes y presidentes que teniendo respeto á los muchos y buenos servicios que le constó haberle hecho, sea antepuesto y conozca mejoría yo y mis hijos; todas las cuales cartas tengo guardados los originales dellas, y los traslados se quedaron en la córte en el archivo del secretario Ochoa de Luyando; y es todo y por descargo de lo que los licenciados me propusieron.
Y volviendo á la plática, si quieren más testigos tengan atencion y miren la Nueva-España, que es tres veces más que nuestra Castilla y está más poblada de españoles, que por ser tantas ciudades y villas aquí no nombro, y miren las grandes riquezas que destas partes van cotidianamente á Castilla; y demas desto, he mirado que nunca quieren escribir de nuestros heróicos hechos los dos coronistas Gómora y el doctor Illescas, sino que de toda nuestra prez y honra nos dejaron en blanco, si agora yo no hiciera esta verdadera relacion; porque toda la honra dan á Cortés; y puesto que tengan razon, no nos habian de dejar en olvido á los conquistadores, y de las grandes hazañas que hizo Cortés me cabe á mí parte, pues me hallé en su compañía de los primeros en todas las batallas que él se halló, y despues en otras muchas que me envió con capitanes á conquistar otras provincias; lo cual hallarán escrito en esta mi relacion, dónde, cuándo y en qué tiempo, y tambien mi parte de lo que escribió en un blason que puso en una culebrina, que fué un tiro que se nombró el Ave Fénix, el cual se forjó en Méjico de oro y plata y cobre, y le enviamos presentado á su majestad, y decian las letras del blason: «Esta ave nació sin par, yo en serviros sin segundo, y vos sin igual en el mundo.»
Ansí que parte me cabe desta loa de Cortés; y demas desto, cuando fué Cortés la primera vez á Castilla á besar los piés á su majestad, le hizo relacion que tuvo en las guerras mejicanas muy esforzados y valerosos capitanes y compañeros, que, á lo que creia, ningunos más animosos que ellos habia oido en corónicas pasadas de los romanos; tambien me cabe parte dello.
Y cuando fué á servir á su majestad en lo de Argel, sobre cosas que allá acaecieron cuando alzaron el campo por la gran tormenta que hubo, dicen que dijo en aquella sazon muchas loas de los conquistadores sus compañeros; ansí, que de todas sus hazañas me cabe á mí parte dellas, pues yo fuí en le ayudar.
Y volviendo á nuestra relacion de lo que dijeron los licenciados, que me alabo mucho de mi persona y que otros lo habian de decir, y esto respondí que en este mundo las cosas que se suelen alabar unos vecinos á otros las virtudes y bondades que en ellos hay, y no ellos mesmos; mas él no se halló en la guerra ni lo vió ni lo entendió, ¿cómo lo puede decir? ¿Habíanlo de parlar los pájaros en el tiempo que estábamos en las batallas, que iban volando, ó las nubes que pasaban por alto, sino solamente los capitanes y soldados que en ello nos hallamos? Y si hubiérades visto, señores licenciados, que en esta mi relacion hubiera yo quitado su prez y honra á algunos de los valerosos capitanes y fuertes soldados, mis compañeros, que en las conquistas nos hallamos, y aquella misma honra me pusiera á mí solo, justo fuera quitarme parte; mas aún no me alabo tanto cuanto yo puedo y debo, y á esta causa lo escribo para que quede memoria de mí; y quiero poner aquí una comparacion, y aunque es por la una parte muy alta, y de la otra de un pobre soldado como yo, dicen los coronistas en los comentarios del Emperador y gran batallador Julio César que se halló en cincuenta y tres batallas aplazadas, yo digo que me hallé en muchas más batallas que el Julio César; lo cual, como dicho tengo, verán en mi relacion.
Y tambien dicen los coronistas que fué muy animoso y presto en las armas y muy esforzado en dar una batalla, y cuando tenia espacio, de noche escribia por propias manos sus heróicos hechos; y puesto que tuvo muchos coronistas, no lo quiso fiar dellos, que él lo escribió, é há muchos años, y no lo sabemos cierto; y lo que yo digo, ayer fué, á manera de decir; ansí que no es mucho que yo ahora en esta relacion declare en las batallas que me hallé peleando y en todo lo acaecido, para que digan en los tiempos venideros: «Esto hizo Bernal Diaz del Castillo, para que sus hijos y descendientes gocen las loas de sus heróicos hechos;» como agora vemos las famas y blasones que hay de tiempos pasados de valerosos capitanes, y aun de muchos caballeros y señores de vasallos.
Quiero dejar esta plática, porque si hubiese de meter más en ella la pluma, dirian algunas personas maliciosas y desparcidas lenguas, que no me querrán oir de buena gana, que salgo del órden que debo, y por ventura les será muy odioso; y esto que dicho tengo de mí mesmo, ayer fué, á manera de decir, que no son muchos años pasados, como las historias romanas; y testigos hay conquistadores que dirán que todo lo que digo es ansí, que si en alguna cosa me hallasen vicioso ó escuro, es de tal manera el mundo, que me lo contradirian; mas la misma relacion da testimonio; y aun con decir verdad, hay maliciosos que lo contradirian si pudiesen.
Y para que bien se entienda todo lo que dicho tengo, y en las batallas y reencuentros de guerra en que me he hallado desde que vine á descubrir la Nueva-España hasta que estuvo pacificada, sin las que adelante diré; y puesto que hubo otras muchas guerras y reencuentros, y que yo no me hallé en ellas, ansí por estar mal herido como por tener otros males que con los trabajos de las guerras suelen recrecer; y tambien, como habia muchas provincias que conquistar, unos soldados íbamos á unas entradas y provincias y otros iban á otras; mas en las que yo me hallé son las siguientes:
Primeramente, cuando vine á descubrir á la Nueva-España y lo de Yucatan con un capitan que se decia Francisco Hernandez de Córdoba, en la Punta de Cotoche un buen reencuentro de guerra.
Luego más adelante, en lo de Champoton, una buena batalla campal, en que nos mataron la mitad de todos nuestros compañeros é yo salí mal herido, y el capitan con dos heridas, de que murió.