Volvamos á nuestra relacion: pues yendo por capitan aquel Briones con gran copia de soldados, túvose fama en el real de Cristóbal de Olí que se habia alzado el Briones con todos los soldados que llevaba en su compañía, y se iba á la Nueva-España, y salió verdad.

Y viendo esto Francisco de las Casas y el Gil Gonzalez de Ávila, que estaban presos y hallaban tiempo oportuno para matar á Cristóbal de Olí, y como andaban sueltos sin prisiones, por no tenellos en nada, porque se tenia por muy valiente el Cristóbal de Olí, muy secretamente se concertaron con los soldados y amigos de Cortés que en diciendo: «¡Aquí del Rey, y Cortés en su real nombre, contra este tirano!» le diesen de cuchilladas.

Pues hecho este concierto, el Francisco de las Casas, medio burlando y riendo, le decia al Olí:

—«Señor capitan, soltadme; iré á la Nueva-España á hablar á Cortés y á dalle razon de mi desbarate, é yo seré tercero para que vuestra merced quede con esta gobernacion y por su capitan, y mire que es su hechura de Cortés; pues mi prision no hace á su caso, ántes le estorbo en las conquistas.»

Y el Cristóbal de Olí respondió que él estaba muy bien ansí, y que se holgaba de tener un tal varon en su compañía; y de que aquello vió el Francisco de las Casas le dijo:

—«Pues mire bien vuesamerced por su persona, que un dia ó otro tengo de procurar de le matar.»

Esto se lo decia medio burlando y riendo.

Y al Cristóbal de Olí no se le dió nada por lo que le decia, y teníalo como cosa de burla; y como el concierto que he dicho estaba hecho por los amigos de Cortés, estando cenando á una mesa y habiendo alzado los manteles, y se habian ido á cenar los maestresalas y pajes, y estaban delante Juan Nuñez de Mercado y otros soldados de la parte de Cortés que sabian el concierto, el Francisco de las Casas y el Gil Gonzalez de Ávila cada uno tenia escondido un cuchillo de escribanía muy agudos como navajas, porque ningunas armas se las dejaban traer; y estando platicando con el Cristóbal de Olí de las conquistas de Méjico y ventura de Cortés, y muy descuidado el Cristóbal de Olí de lo que le avino, el Francisco de las Casas le echó mano de las barbas y le dió por la garganta con el cuchillo, que le traia hecho como una navaja para aquel efecto, y juntamente con él, el Gil Gonzalez de Ávila y los soldados de Cortés de presto le dieron tantas heridas, que no se pudo valer, y como era muy recio é membrudo y de muchas fuerzas, se escabulló dando voces:

—«¡Aquí de los mios!»

Mas como todos estaban cenando, ó su ventura fué tal que no acudieron tan presto, se fué huyendo á esconder entre unos matorrales, creyendo que los suyos le ayudarian, y puesto que vinieron de presto muchos dellos á le ayudar, el Francisco de las Casas daba voces y apellidando: