—«¡Aquí del Rey é de Cortés contra este tirano; que ya no es tiempo de más sufrir sus tiranías!»
Pues como oyeron el nombre de su majestad y de Cortés, todos los que venian á favorecer la parte del Cristóbal de Olí no osaron defenderle, ántes luego les mandó prender el de las Casas; y despues de hecho, se pregonó que cualquiera persona que supiese de Cristóbal de Olí y no le descubriese, muriese por ello; y luego se supo dónde estaba y le prendieron, y se hizo proceso contra él, y por sentencia que entrambos á dos capitanes dieron, le degollaron en la plaza de Naco; y ansí murió por se haber alzado por malos consejeros, con ser hombre muy esforzado, é sin mirar que Cortés le habia hecho su maese de campo y dado muy buenos indios, y era casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de Araujo, y tenia una hija en ella.
Y porque en el capítulo pasado tengo dicho el estatura de Cristóbal de Olí y facciones, y de qué tierra era y qué condicion tenia, en esto no diré más sino de que el Francisco de las Casas y Gil Gonzalez de Ávila se vieron libres, y su enemigo muerto, juntaron sus soldados, y entrambos á dos fueron capitanes muy conformes, y el de las Casas pobló á Trujillo y púsole aquel nombre porque era él natural de Trujillo de Extremadura; y el Gil Gonzalez envió mensajeros á San Gil de Buena-Vista, que dejaba poblada, á hacer saber lo que habia pasado, y á mandar á su teniente, que se decia Armenta, que se estuviesen poblados como los dejaba y no hiciesen alguna novedad, porque iba á la Nueva-España á demandar socorro é ayuda de soldados á Cortés, y que presto volveria.
Pues ya todo esto que he dicho concertado, acordaron entrambos capitanes de se venir á Méjico á hacer saber á Cortés todo lo acaecido.
Y dejallo hé aquí hasta su tiempo y lugar, y diré lo que Cortés concertó sin saber cosa ninguna de lo pasado que se hizo en Naco.
CAPÍTULO CLXXIV.
CÓMO HERNANDO CORTÉS SALIÓ DE MÉJICO PARA IR CAMINO DE LAS HIGUERAS EN BUSCA DE CRISTÓBAL DE OLÍ Y DE FRANCISCO DE LAS CASAS Y DE LOS DEMAS CAPITANES Y SOLDADOS; DÁSE CUENTA DE LOS CABALLEROS Y CAPITANES QUE SACÓ DE MÉJICO PARA IR EN SU COMPAÑÍA, Y DEL GRANDE APARATO Y SERVICIO QUE LLEVÓ HASTA LLEGAR Á LA VILLA DE GUACACUALCO, Y DE OTRAS COSAS QUE ENTÓNCES PASARON.
Como el capitan Hernando Cortés habia pocos meses que habia enviado al Francisco de las Casas contra el Cristóbal de Olí, como dicho tengo en capítulo pasado, parecióle que por ventura no habria buen suceso la armada que habia enviado, y tambien porque le decian que aquella tierra era rica de minas de oro, y á esta causa estaba muy codicioso, ansí por las minas, como pensativo en los contrastes que podrian acaecer á la armada, poniéndosele por delante las desdichas que en tales jornadas la mala fortuna suele acarrear; y como de su condicion era de gran corazon, habíase arrepentido por haber enviado al Francisco de las Casas, sino haber ido él en persona, y no porque no conocia muy bien que el que envió era varon para cualquiera cosa de afrenta.
Y estando en estos pensamientos, acordó de ir, y dejó en Méjico buen recaudo de artillería, ansí en las fortalezas como en las atarazanas, y dejó por gobernadores en su lugar como tenientes al tesorero Alonso de Estrada y al contador Albornoz, y si supiera de las cartas que al contador Albornoz hubo escrito á Castilla á su majestad diciendo mucho mal dél, no le dejara tal poder, y aun no sé yo cómo le aviniera por ello.
Y dejó por su alcalde mayor al licenciado Zuazo, ya otras muchas veces por mí nombrado, y por teniente de alguacil mayor y su mayordomo de todas sus haciendas á un Rodrigo de Paz, su deudo, y dejó el mayor recaudo que pudo en Méjico, y encomendó á todos aquellos oficiales de la hacienda de su majestad, á quien dejaba el cargo de la gobernacion, que tuviesen muy grande cuidado de la conversion de los naturales, y ansimismo lo encomendó á un fray Toribio Motolinea, de la órden del señor San Francisco, y al Padre fray Bartolomé de Olmedo, de mí tantas veces nombrado, fraile de la órden de nuestra Señora de la Merced, é que tenia mucha mano y estimacion en todo Méjico, é lo merecia, porque era muy buen fraile é religioso.