Dejemos de contar muy por extenso otros muchos trabajos que pasábamos, y cómo las chirimías y sacabuches y dulzainas que Cortés traia, que otra vez he hecho memoria dellos, como en Castilla eran acostumbrados á regalos y no sabian de trabajos y con la hambre habian adolecido y no le daban música, excepto uno, y renegábamos todos los soldados de lo oir, y deciamos que parecian zorros ó adibes que aullaban, que más valiera tener maíz que comer que música.
Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo algunas personas me han preguntado que cómo habiendo tanta hambre como dicho tengo, por que no comiamos la manada de los puercos que traian para Cortés, pues á la necesidad de hambre no hay ley; y viendo la hambre que habia, que Cortés los habia de mandar repartir por todos en tales tiempos.
Á esto digo que ya habia echado fama uno que venia por dispensero y mayordomo de Cortés, que se decia Guinea y era hombre doblado, y hacia en creyente que en los rios al pasar dellos los habian comido tiburones y lagartos; y porque no los viésemos venian siempre cuatro jornadas atrás rezagados; y demas desto, para tantos soldados como éramos, para un dia no habia en todos ellos, y á esta causa no se comieron; y demas desto, para no enojar á Cortés.
Dejemos esta plática, y diré que siempre por los pueblos y caminos por donde pasábamos dejábamos puestas cruces donde habia árboles para se labrar, en especial ceibas, y quedaban señaladas las cruces, y son más fijas hechas en aquellos árboles que no de maderos, porque crece la corteza y quedan más perfectas, y quedaban cartas en partes que las pudiesen leer, y decia en ellas: «Por aquí pasó Cortés en tal tiempo;» y esto se hacia porque si viniesen otras personas en nuestra busca supiesen cómo íbamos adelante.
Volvamos á nuestro camino para ir á Ciguatepecad, que fueron con nosotros sobre veinte indios de aquel pueblo de Tamaztepeque, y nos ayudaron á pasar dos rios y en barcas y canoas, y aun fueron por mensajeros á decir á los caciques del pueblo donde íbamos que no hubiesen miedo, que no los hariamos ningun enojo; y así, aguardaron en sus casas muchos dellos; y lo que allí pasó diré adelante.
CAPÍTULO CLXXVI.
CÓMO DESQUE HUBIMOS LLEGADO AL PUEBLO DE CIGUATEPECAD ENVIÓ CORTÉS POR CAPITAN Á FRANCISCO DE MEDINA PARA QUE, TOPANDO Á SIMON DE CUENCA, VINIESEN CON LOS DOS NAVÍOS YA OTRA VEZ POR MÍ MEMORADOS AL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ, AL GOLFO-DULCE, Y DE LO QUE MÁS PASÓ.
Pues como hubimos llegado á este pueblo que dicho tengo, Cortés halagó mucho á los caciques y principales y les dió buenos chalchinuíes de Méjico, y se informaron á qué parte salia un rio muy caudaloso y recio que junto á aquel pueblo pasaba, y le dijeron que iba á dar en unos esteros donde habia una poblacion que se dice Gueyatasta, y que junto dél estaba otro gran pueblo que dice Xicalango; parecióle á Cortés que seria bien luego enviar dos españoles en canoas para que saliesen á la costa del Norte y supiesen del capitan Simon de Cuenca y sus dos navíos, que habia mandado cargar de vituallas para el camino que dicho tengo, y escribióle haciéndole saber nuestros trabajos y que saliese por la costa adelante; y despues de bien informado cómo podria ir por aquel rio hasta las poblaciones por mí dichas, envió dos españoles, y el más principal dellos, que ya le he nombrado otras veces, se decia Francisco de Medina, y dióle poder para ser capitan, juntamente con el Simon de Cuenca, que este Medina era muy diligente y tenia lengua de toda la tierra, y este fué el soldado que hizo levantar el pueblo de Chamula cuando fuimos con el capitan Luis Marin á la conquista de Chiapa, como dicho tengo en el capítulo que dello habla; y valiera más que tal poder nunca le diera Cortés, por lo que en adelante acaeció, y es, que fué por el rio abajo hasta que llegó adonde el Simon de Cuenca estaba con sus dos navíos en lo de Xicolango, esperando nuevas de Cortés, y despues de dadas las cartas de Cortés, presentó sus provisiones para ser capitan, y sobre el mandar tuvieron palabras entrambos capitanes, de manera que vinieron á las armas, y de la parte del uno y del otro murieron todos los españoles que iban en el navío, que no quedaron sino seis ó siete; y cuando vieron los indios de Xicalango é Gueyatasta aquella revuelta, dan en ellos y acabáronlos de matar á todos, é queman los navíos, que nunca supimos cosa ninguna dellos hasta de ahí á dos años y medio.
Dejemos más de hablar en esto, y volvamos al pueblo donde estábamos, que se dice Ciguatepecad, y diré cómo los indios principales dijeron á Cortés que habia dende allí á Gueyacala tres jornadas y que en el camino habia de pasar dos rios, y el uno dellos era muy hondo y ancho, y luego habia unos malos tremedales y grandes ciénagas, y que si no tenia canoas que no podria pasar caballos ni aun ninguno de su ejército; y luego Cortés envió á dos soldados con tres indios principales de aquel pueblo para que se lo mostrasen y tanteasen el rio y ciénagas, y viesen de qué manera podriamos pasar, é que trajesen buena relacion dellos; y llamábanse los soldados que envió, Martin García, y era valenciano y alguacil de nuestro ejército, y el otro se decia Pedro de Ribera; y el Martin García, que era á quien más se lo encomendó Cortés, vió los rios, y con unas canoas chicas que tenian en el mismo rio lo vió, y miró que con hacer puentes podria pasar, y no curó de ver las malas ciénagas que estaban una legua adelante; y volvió á Cortés y le dijo que con hacer puentes podrian pasar, creyendo que las ciénagas no eran trabajosas, como despues las hallamos; y luego Cortés me mandó á mí y á un Gonzalo Mejía, y mandó que fuésemos con ciertos principales de Ciguatepecad á los pueblos de Acala, y que halagásemos á los caciques y con buenas palabras los atrajésemos para que no huyesen, porque aquella poblacion de Acala eran sobre veinte pueblezuelos, dellos en tierra firme y otros en unas como isletas, y todo se andaba en canoas por rios y esteros; y llevamos con nosotros los tres indios de los de Ciguatepecad por guias, y la primera noche que dormimos en el camino se nos huyeron, que no osaron ir con nosotros; porque, segun despues supimos, eran sus enemigos y tenian guerra unos con otros; y sin guias hubimos de ir, y con trabajos pasamos las ciénagas; y llegados al primer pueblo de Acala, puesto que estaban alborotados y parecia estar de guerra, con palabras amorosas y con dalles unas cuetas les halagamos, y les rogamos que fuesen á Ciguatepecad á ver á Malinche y le llevasen de comer.
Pareció ser que el dia que llegamos á aquel pueblo no sabian nuevas ningunas de cómo habia venido Cortés y que traia mucha gente, así de á caballo como mejicanos, é otro dia tuvieron nueva de indios mercaderes del gran poder que traia, y los caciques mostraron más voluntad de enviar comida que cuando llegamos, y dijeron que cuando hubiese llegado á aquellos pueblos le servirian y harian lo que pudiesen en dalle de comer, y en cuanto ir adonde estaba, que no querian ir, porque eran sus enemigos.