Pues estando que estábamos en estas pláticas con los caciques, vinieron dos españoles con cartas de Cortés, en que me mandaba que con todo el bastimento que pudiese haber saliese de allí á tres dias de camino con ello, por causa que ya le habian despoblado toda la gente de aquel pueblo donde le habia dejado, y me hizo saber que venia ya camino de Acala, y que no habia traido maíz ninguno ni lo hallaba, y que pusiese mucha diligencia en los caciques no se ausentasen; y tambien los españoles que me trajeron las cartas me dijeron cómo Cortés habia enviado el rio arriba de Ciguatepecad cuatro españoles, y los tres dellos de los nuevamente venidos de Castilla, en canoas, á demandar bastimento á otros pueblos que decian que estaban allí cerca, y que no habian vuelto y que creian que los habian muerto, y así salió verdad.

Volvamos á Cortés, que comenzó de caminar, y en dos dias llegó al gran rio que ya otras veces he dicho, y luego puso mucha diligencia en hacer una puente, y fué con tanto trabajo y con maderos gruesos y grandes que, despues de hecha, se admiraron los indios de Acala del haber de tal manera puesto los maderos, y estúvose en hacer cuatro dias; y como salió Cortés del pueblo ya otras veces por mí nombrado con todos sus soldados, no traian maíz ni bastimento, y con los cuatro dias que estuvo en el camino pasaron muy gran hambre é trabajo, é lo peor de todo, que no sabian si adelante ternian maíz ó si estaba de paz aquella provincia; aunque algunos soldados viejos se remediaban con cortar árboles muy altos que parecen palmas, que tienen por fruta unas al parecer de nueces muy encarceladas, y aquellas asaban y quebraban y comian.

Dejemos de hablar en esta hambre, y diré cómo la misma noche que acabaron de hacer la puente llegué yo con mis tres compañeros y con ciento y treinta cargas de maíz y ochenta gallinas y miel y frisoles y sal, y otras frutas, y como llegué de noche ya que escurecia, estaban todos los más soldados aguardando el bastimento, porque ya sabian que yo habia ido á lo traer; y Cortés les decia á los capitanes y soldados que tenia esperanza en Dios que presto tendrian todos de comer, pues que yo habia ido á Acala para traello, si no me habian muerto los indios, como mataron á los otros cuatro españoles que envió á buscar comida.

É volviendo á nuestra materia: así como llegué con el maíz y bastimento á la puente, como era de noche, cargaron todos los soldados dello y lo tomaron todo, que no dejaron á Cortés ni á ningun capitan ni á Sandoval cosa ninguna, con dar voces:

—«Dejadlo, que es para el capitan Cortés.»

Y asimismo su mayordomo Carranza, que así se llamaba, y el despensero Guinea daban voces y se abrazaban con el maíz, que les dejasen siquiera una carga; y como era de noche, decíanle los soldados:

—«Buenos puercos habeis comido vosotros y Cortés, y nos habeis visto morir de hambre é no nos dábades nada dellos.»

Y no curaban de cosa que les decian, sino que todo se lo apañaban.

Pues como Cortés supo que se lo habian tomado y que no le dejaron cosa ninguna, renegaba de la paciencia y pateaba, y estaba tan enojado, que decia que queria hacer pesquisa y castigar á quien se lo tomó, é dijeron lo de los puercos que comió.

Y como vió y consideró que el enojo era por demas y dar voces en desierto, me mandó llamar á mí, y muy enojado me dijo que cómo puse tal cobro en el bastimento.