Yo le dije que procurara su merced de enviar adelante guardias para ello, y aunque él en persona estuviera guardándolo, se lo tomaran, porque le guarde Dios de la hambre, que no tiene ley; y como vió que no habia remedio ninguno, y que tenia mucha necesidad, me halagó con palabras melosas, estando delante el capitan Gonzalo de Sandoval, y me dijo:

—«Oh señor hermano Bernal Diaz del Castillo, por amor de mí, que si dejastes algo escondido en el camino, que partais conmigo, que bien creido tengo de vuestra buena diligencia que traeríades para vos y para vuestro amigo Sandoval.»

Y como vi sus palabras y de la manera que lo dijo, hube lástima dél; y tambien Sandoval me dijo:

—«Pues yo juro á tal, tampoco tengo un puño de maíz de que tostar y hacer cacalote.»

Y entónces concerté y dije que conviene que esta noche al cuarto de la modorra, despues que esté reposado el real, vamos por doce carros de maíz y veinte gallinas y tres jarros de miel y frisoles y sal, y dos indias para hacer pan, que me dieron en aquellos pueblos para mí, y hemos de venir de noche, que nos lo arrebatarán en el camino los soldados, y esto hemos de partir entre vuestra merced y Sandoval y yo é mi gente; y él se holgó en el alma y me abrazó; y Sandoval dijo que queria ir aquella noche conmigo por el bastimento, y lo trajimos, con que pasaron aquella hambre, y tambien le dí una de las dos indias á Sandoval; é preguntó Cortés si los frailes tenian qué comer, é yo le respondí que cuidaba Dios mejor dellos que él, porque todos los soldados les daban de lo que habian tomado por la noche, é que no moririan de hambre.

He traido aquí esto á la memoria para que vean en cuánto trabajo se ponen los capitanes en tierras nuevas; que á Cortés, que era muy temido, no le dejaron maíz que comer, y que el capitan Sandoval no quiso fiar de otro la parte que le habia de caber, que él mismo fué conmigo por ello, teniendo muchos soldados que pudiera enviar.

Dejemos de contar del gran trabajo del hacer de la puente y de la hambre pasada, y diré cómo obra de una legua adelante dimos en las ciénagas muy malas, y eran de tal manera, que no aprovechaba poner maderos ni ramos ni hacer otra manera de remedios para poder pasar los caballos, que atollaban todo el cuerpo sumido en las grandes ciénagas, que creimos no escapar ninguno dellos, sino que todos quedarian allí muertos; y todavía porfiamos de ir adelante, porque estaba obra de medio tiro de ballesta tierra firme y buen camino, y como iban los caballos con tanto trabajo y se hizo un callejon por la ciénaga de lodo y agua, que pasaron sin tanto riesgo de se quedar muertos, puesto que iban á veces medio á nado entre aquella ciénaga y el agua; pues ya llegados en tierra firme, dimos gracias á Dios por ello, y luego Cortés me mandó que con brevedad volviese á Acala y que pusiese gran recaudo en los caciques que estuviesen de paz, y que luego enviase al camino bastimento; y así lo hice, que el mismo dia que llegué á Acala de noche envié tres españoles que iban conmigo con más de cien indios cargados de maíz é otras cosas; y cuando Cortés me envió por ello, dije que mirase que él en persona lo aguardase, no lo tomasen como la otra vez; y así lo hizo, que se adelantó con Sandoval y Luis Marin, y lo hubieron todo y lo repartieron; y otro dia, á obra de mediodia llegaron á Acala, y los caciques le fueron á dar el bienvenido y le llevaron bastimento; y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó.

CAPÍTULO CLXXVII.

DE EN LO QUE CORTÉS ENTENDIÓ DESPUES DE LLEGADO Á ACALA, Y CÓMO EN OTRO PUEBLO MÁS ADELANTE, SUJETO AL MISMO ACALA, MANDÓ AHORCAR Á GUATEMUZ, QUE ERA GRAN CACIQUE DE MÉJICO, Y Á OTRO CACIQUE QUE ERA SEÑOR DE TACUBA, Y LA CAUSA POR QUÉ; Y OTRAS COSAS QUE ENTÓNCES PASARON.

Desque Cortés hubo llegado á Gueyacala, que así se llamaba, y los caciques de aquel pueblo le vinieron de paz, y les habló con doña Marina la lengua de tal manera que al parecer se holgaban, y Cortés les daba cosas de Castilla, y trajeron maíz y bastimento, y luego mandó llamar todos los caciques, y se informó dellos del camino que habiamos de llevar, y les preguntó que si sabian de otros hombres como nosotros con barbas y caballos, y si habian visto navíos ir por la mar; y dijeron que ocho jornadas de allí habia muchos hombres con barbas y mujeres de Castilla y caballos, y tres acales (que en su lengua acales llaman á los navíos); de la cual nueva se holgó Cortés de saber; y preguntando por los pueblos y camino por donde habiamos de ir, todo se lo trujeron figurado en unas mantas, y aun los rios y ciénagas y atolladeros; y les rogó que en los rios pusiesen puentes y llevasen canoas, pues tenia mucha gente y eran grandes poblaciones; y los caciques dijeron que, puesto que eran sobre veinte pueblos, que no les querian obedecer todos los más dellos, en especial unos que estaban entre unos rios, y que era necesario que luego enviase de sus teules, que así nos llamaban á los soldados, á les hacer traer maíz y otras cosas, y que les mandase que los obedeciesen, pues que eran sus sujetos.