Y como llegó el Sandoval adonde estábamos, y vió que habia abastadamente que comer, se holgó mucho, y luego envió á Cortés sobre treinta hanegas de maíz con indios mejicanos, lo cual repartió á los vecinos que en aquella villa quedaban; y como estaban hambrientos y no eran acostumbrados sino á comer zapotecas asados y cazabe, y como se hartaron de tortillas, con el maíz que les enviamos, se les hincharon las barrigas, é como estaban dolientes, se murieron siete dellos; y estando desta manera con tanta hambre, quiso Dios que aportó allí un navío que venia cargado de las islas de Cuba con siete caballos, y cuarenta puercos, y ocho pipas de tasajos salados, y pan cazabe, y venian hasta quince pasajeros y ocho marineros, y cuya era toda la más cargazon de aquel navío se decia Anton de Camargo, y Cortés compró fiado todo cuanto bastimento traia, y repartió dello á los vecinos; y como estaban de ántes en tanta necesidad y debilitados, y se hartaron de la carne salada, dió á muchos dellos cámaras, de que murieron catorce.

Pues como vino aquel navío con la gente y marineros, parecióle á Cortés que era bien ir á ver y calar y bojar aquel tan poderoso rio, si habia poblaciones arriba, y qué tierra era; y luego mandó calafatear un bergantin que estaba al través, que era de los de Gil Gonzalez de Ávila, y adobar un batel y hacelle como barco del descargo, y con cuatro canoas, atadas unas con otras, y con treinta soldados y los ocho hombres de la mar de los nuevamente venidos en el navío, y Cortés por su capitan, y con veinte indios mejicanos, se fué por el rio, y obra de diez leguas que hubo ido el rio arriba, halló una laguna muy ancha, que tenia el ojo de anchor seis leguas, y no habia poblacion ninguna alrededor della, porque todo era anegadizo; y siguiendo el rio arriba, venia ya muy corriente más que de ántes, y habia unos saltaderos, que no podian ir con el bergantin y los bateles y las canoas, acordó de las dejar allí en el rio en un remanso con seis españoles en guarda dellas, y fué por tierra por un camino angosto, y llegó á unos pueblezuelos despoblados, y luego dió en unos maizales, y de allí tomó tres indios por guias, que le llevaron á unos pueblos chicos, donde tenian mucho maíz y gallinas, y aun tenian faisanes, que en estas tierras llaman sacachueles, y perdices de la tierra y palomas; y esto de tener perdices desta manera, yo lo he visto y hallado en pueblos que están en comarca destos de Golfo-Dulce, cuando fuí en busca de Cortés, como adelante diré.

Volvamos á nuestra relacion: que allí tomó Cortés guias y pasó adelante, y fué á otros pueblezuelos que se dicen Cinacan, Tencintle, donde tenian grandes cacaguatales y maizales y algodon, y ántes que á ellos llegasen oyeron tañer atabalejos y trompetillas, haciendo fiestas y borracheras; y por no ser sentido Cortés, estuvo escondido con sus soldados en un monte; y cuando vió que era tiempo de ir á ellos, arremeten todos á una, y prendieron hasta diez indios y quince mujeres, y todos los más indios de aquel pueblo de presto se fueron á tomar sus armas, y vuelven con arcos y flechas y lanzas, y comenzaron á flechar á los nuestros, y Cortés con los suyos fué contra ellos, y acuchillaron ocho indios que eran principales; y como vieron el pleito mal parado y las mujeres tomadas, enviaron cuatro hombres viejos, y los dos eran sacerdotes de ídolos, é vinieron muy mansos á rogar á Cortés que les diese los presos, y trujeron ciertas joyezuelas de oro de poca valía; y Cortés les habló con doña Marina, que iba allí con Juan Jaramillo, su marido, porque Cortés sin ella no podia entender los indios, y les dijo que llevasen el maíz é gallinas y sal y bastimento que allí les señaló, é dió á entender adónde habian quedado los bergantines y el barco y las canoas, y luego les daria los presos; y les dieron á entender en qué parte del rio quedaban, y dijeron que sí harian, y que cerca de allí estaba uno como estero que salia al rio; y luego hicieron barcas, y medio nadando las llevaron hasta que dieron en fondo, que pudieron nadar bien.

Pues como Cortés habia quedado de les dar todos los presos, pareció ser mandó Cortés que se quedasen tres mujeres con sus maridos para hacer pan y servirse de los indios, y no se las dieron; y sobre ello apellídanse todos los indios de aquel pueblo, y sobre las barrancas del rio dan una buena mano de vara, flecha y piedra á Cortés y á sus soldados, de manera que hirieron á Cortés en la cara y á otros doce soldados; allí se les desbarató una barca y se perdió la mitad de lo que traia, y se ahogó un mejicano; y en aquel rio hay tantos moxicotes, que no se podian valer, y Cortés todo lo sufria, y da vuelta para su villa, que no sé cómo se la nombró, y bastécela mucho más de lo que estaba.

Ya he dicho que el pueblo do llegó Cortés se decia Cinacan, y me han dicho ahora que estará de Guatimala setenta leguas, y tardó Cortés en este viaje y volver á la villa veinte y seis dias; y como vió que no era bien poblar allí, por no haber pueblos de indios, y como tenia mucho bastimento, ansí de lo que ántes estaba como de lo que al presente traia, acordó de escribir á Gonzalo de Sandoval que luego se fuese á Naco, y le hizo saber todo lo aquí por mí dicho de su viaje del Golfo-Dulce, segun lo tengo aquí relatado, y cómo iba á poblar á Puerto de Caballos, y que le enviase diez soldados de los de Guacacualco, que sin ellos no se hallaba en las entradas.

CAPÍTULO CLXXXI.

CÓMO CORTÉS SE EMBARCÓ CON TODOS LOS SOLDADOS QUE HABIA TRAIDO EN SU COMPAÑÍA Y LOS QUE HABIA EN SAN GIL DE BUENA-VISTA, Y FUÉ Á POBLAR ADONDE AGORA LLAMAN PUERTO DE CABALLOS, Y SE LE PUSO NOMBRE LA NATIVIDAD, Y LO QUE EN ÉL SE HIZO.

Pues como Cortés vió que en aquel asiento que halló poblando á los de Gil Gonzalez de Ávila no era bueno, acordó de se embarcar en los dos navíos y bergantin con todos cuantos en aquella villa estaban, que no quedó ninguno, y en ocho dias de navegacion fué á desembarcar adonde agora llaman Puerto de Caballos, y como vió aquella bahía buena para puerto, y supo de indios que habia cerca poblaciones, acordó de poblar una villa que la nombró Natividad, y puso por su teniente á un Diego de Godoy, y dende allí hizo dos entradas en la tierra adentro á unos pueblos cercanos, que ahora están despoblados; tomó lengua dellos cómo habia cerca otros pueblos, basteció la villa de maíz, y supo que estaba el pueblo de Naco, donde degollaron á Cristóbal de Olí, cerca, y escribió á Gonzalo de Sandoval, creyendo que ya habia llegado y estaba de asiento en Naco, que le enviase diez soldados de los de Guacacualco, y decia en la carta que sin ellos no se hallaba en hacer entradas; y le escribió cómo queria ir dende allí al puerto de Honduras, adonde estaba poblada la villa de Trujillo, y que el Sandoval con sus soldados pacificasen aquellas tierras y poblasen una villa; la cual carta vino á Sandoval estando que estábamos en las estancias por mí ya dichas, que no habiamos llegado á Naco.

Y dejemos de decir de Cortés y sus entradas que hacia dende Puerto de Caballos, y de los muchos mosquitos que en ella le picaban, ansí de dia como de noche; que á lo que despues le oia decir, tenia con ellos tan malas noches, que estaba la cabeza sin sentido, de no dormir.

Pues como Gonzalo de Sandoval vió las cartas de Cortés, luego se fué dende aquellas estancias que dicho tengo, á unos pueblezuelos que se dicen Cuyoacan, que estaban de allí siete leguas, y no se pudo ir luego á Naco, como Cortés le habia mandado, por no dejar atrás en los caminos muchos soldados que se habian apartado á otras estancias por tener qué comer ellos y sus caballos, y por causa que al pasar de un rio muy hondo que no se podia vadear, y era camino de las estancias, é por dejar recaudo de una canoa con que pasasen los españoles que quedaban rezagados y muchos indios mejicanos que venian dolientes; y esto fué tambien porque de unos pueblos cercanos de las estancias, que confinaban con el rio y Golfo-Dulce, venian cada dia allí de guerra muchos indios de los pueblos, y porque no hiciesen algun mal recaudo y muertes de españoles y de indios mejicanos, mandó Sandoval que quedásemos á aquel paso ocho soldados, y á mí me dejó por caudillo dellos, y que tuviésemos una canoa del pasaje siempre varada en tierra, y que estuviésemos alerta si daban voces pasajeros de los que estaban en las estancias, para luego les pasar.