Quiero decir que como Cortés estaba en Trujillo, se le vinieron á quejar ciertos indios de las islas de los Guanajes, que seria de allí ocho leguas, y dijeron que estaba anclado un navío junto á su pueblo, y el batel del navío lleno de españoles con escopetas y ballestas, y que les querian tomar por fuerza sus mazaguales, que se dice entre ellos vasallos, y que á lo que han entendido, son robadores, y que ansí les tomaron los años pasados muchos indios, y los llevaron presos en otro navío como aquel que estaba surto; y que enviase Cortés á poner cobro en ello; y como Cortés lo supo, luego mandó armar un bergantin con la mejor artillería que habia y con veinte soldados y con buen capitan, y les mandó que en todo caso tomasen el navío que los indios decian, y se lo trujesen preso con todos los españoles que dentro andaban, pues que eran robadores de los vasallos de su majestad; y mandó á los indios que armasen sus canoas, y con varas y flechas que fuesen junto al bergantin, y que ayudasen á prender aquellos hombres, y para ello dió poder al capitan.

Pues yendo con su bergantin armado y muchas canoas de los naturales de aquellas isletas, como los del navío que estaba surto los vieron ir á la vela, no aguardaron mucho, que alzaron velas y se fueron huyendo, porque bien pudo alcanzar el bergantin; y despues se alcanzó á saber que era un bachiller Moreno, que habia enviado la audiencia Real de Santo Domingo á cierto negocio á Nombre de Dios, y parece ser descayeron del viaje, ó vino de hecho sobre cosa pensada á robar los indios de Guanajes.

Y volvamos á Cortés, que se quedó en aquella provincia pacificándola, y volveré á decir lo que á Sandoval le acaeció en Naco.

CAPÍTULO CLXXXIV.

CÓMO EL CAPITAN GONZALO DE SANDOVAL, QUE ESTABA EN NACO, PRENDIÓ Á CUARENTA SOLDADOS ESPAÑOLES Y Á SU CAPITAN, QUE VENIAN DE LA PROVINCIA DE NICARAGUA, Y HACIAN MUCHOS DAÑOS Y ROBOS Á LOS INDIOS DE LOS PUEBLOS POR DONDE PASABAN.

Estando Sandoval en el pueblo de Naco atrayendo de paz todos los más pueblos de aquella comarca, vinieron ante él cuatro caciques de dos pueblos que se decian Quecuspan y Tanchinalchapa, y dijeron que estaban en sus pueblos muchos españoles de la manera de los que con él estábamos, con armas y caballos, y que les tomaban sus haciendas é hijas y mujeres, y que las echaban en cadenas de hierro, de lo cual hubo gran enojo el Sandoval; y preguntando que qué tanto seria de allí donde estaban, dijeron que en un dia llegaríamos; y luego nos mandó apercebir á los que habiamos de ir con él, lo mejor que podiamos, con nuestras armas y caballos y ballestas y escopetas, y fuimos con él setenta hombres; y llegados á los pueblos donde estaban los soldados, les hallamos muy de reposo, sin pensamiento que los habiamos de prender; y como nos vieron ir de aquella manera, se alborotaron y echaron mano á las armas, y de presto prendimos al capitan y á otros muchos dellos, sin que hubiese sangre ni de una parte ni de otra; y Sandoval les dijo con palabras algo desabridas, si les parecia bien andar robando á los vasallos de su majestad, y si seria buena conquista y pacificacion aquella; y unos indios é indias que traian en collares se los hizo sacar dellos y se los dió á los caciques de aquel pueblo, y á los demas mandó que se fuesen á sus tierras, que era cerca de allí.

Pues como aquello fué hecho, mandó al capitan que allí venia, que se decia Pedro de Garro, que él y sus soldados fuesen presos y se fuesen con nosotros al pueblo de Naco, y caminamos con ellos; y traian los soldados muchas indias de Nicaragua, y algunas dellas hermosas, é indias naborías que tenian en su servicio, y todos los más dellos traian caballos; y como nosotros estábamos trillados y deshechos de los caminos pasados, y no teniamos indias que nos hiciesen pan, eran ellos unos condes en el servirse, segun nuestra pobreza.

Pues como llegamos con ellos á Naco, Sandoval les dió posadas en partes convenibles, porque venian entre ellos ciertos hidalgos y personas de calidad; y cuando hubieron reposado un dia, y su capitan Garro vió que éramos de los de Cortés, hízose muy amigo de Sandoval y de nosotros y se holgaban con nuestra compañía; y quiero decir cómo y de qué manera é por qué causa venia aquel capitan con aquellos soldados, y es desta manera que diré: pareció ser que Pedro Arias de Ávila, gobernador que fué en aquella sazon de Tierra-Firme, envió un su capitan que se decia Francisco Hernandez, persona muy principal entre ellos, á conquistar y pacificar las tierras de Nicaragua y lo más que descubriese, y dióle copia de soldados, ansí á caballo como ballesteros, y llegó á las provincias de Nicaragua y Leon, que ansí las llaman, las cuales pacificó y pobló.

Y como se vió con muchos soldados y próspero, y apartado del Pedro Arias de Ávila, y por consejeros que tuvo para ello, y tambien, segun entendí, un bachiller Moreno, por mí ya nombrado, que el audiencia Real de Santo Domingo y los frailes jerónimos que gobernaban en las islas le habian enviado á Tierra-Firme á cierto pleito, que tengo en mi pensamiento que era sobre la muerte de Balboa, yerno de Pedro Arias, al cual degolló sin justicia cuando le hubo casado con su hija doña Isabel Arias de Peñalosa, que así se llamaba; y el bachiller Moreno dijo al capitan Francisco Hernandez que como conquistase cualquiera tierra, acudiese á nuestro Rey y señor para que le hiciese gobernador della, que no hacia traicion; y que el Balboa, que degolló Pedro Arias, siendo su yerno, que fué contra toda justicia, pues que el Balboa primero envió sus procuradores á su majestad para ser adelantado; y so color destas palabras que tomó del bachiller Moreno, envió el Francisco Hernandez á su capitan Pedro de Garro para que por banda del Norte le buscase puerto para hacer sabidor á su majestad de las provincias que habia pacificado y poblado, para que le hiciese merced que él fuese gobernador dellas, pues estaban tan apartadas de la gobernacion de Pedro Arias.

É viniendo que venia el Pedro de Garro para aquel efeto, le prendimos, como dicho tengo. Y como el Sandoval entendió el intento á lo que venian, platicó con el Garro y el Garro con él secretamente, y diese órden que lo hiciésemos saber á Cortés, que estaba en Trujillo; y que el Sandoval tenia por cierto que Cortés le ayudaria para que quedase el Francisco Hernandez por gobernador de Nicaragua.