Y que al Rodrigo de Paz, que le echó preso y le demandó el oro y plata que era de Cortés, porque como su mayordomo sabia dello, diciendo que lo tenia escondido, porque lo queria enviar á su Majestad, pues era de los bienes que tenia Cortés usurpados á su majestad; y porque no lo dió, pues era claro que lo tenia, sobre ello le dió tormento, y con aceite y fuego le quemó los piés y aun parte de las piernas, y estaba muy flaco malo de las prisiones, y para morir; y no contento con los tormentos, viendo el factor que si le daba vida, que se iria á quejar dél á su majestad, le mandó ahorcar por revoltoso y bandolero, y que á todos los más soldados y vecinos de Méjico que eran de la banda de Cortés los mandó prender, y se retrujeron en la casa de los frailes franciscos Jorge de Albarado y Andrés de Tapia; y todos los más eran con Cortés, puesto que otros muchos conquistadores se allegaron al factor porque les daba buenos indios, y que andaban á viva quien vence, y que en la casa de la municion de las armas todas las sacó el factor y las mandó llevar á sus palacios, y que la artillería que estaba en la fortaleza y atarazanas las mandó asestar delante de sus casas, é hizo capitan de ella á un don Luis de Guzman, deudo del duque de Medina-Sidonia, y puso por capitan de su guarda á un Artiaga, que ya no se me acuerda el nombre, y para guarda de su persona á un Ginés Nortes y un Pedro Gonzalez Sabiote, y otros soldados que eran de los de Cortés.

Y más decia en la carta que escribió Zuazo á Cortés, que mirase que fuese luego á poner recaudo en Méjico, porque, demas de todos estos males y escándalos, habia otros peores, que habia escrito el factor á su majestad que le habian hallado en su recámara de Cortés un cuño con que marcaba el oro que los indios le traian á escondidas, é que no pagaba quinto dello; y tambien dijo que porque viese cuál andaba la cosa en Méjico, que porque un vecino de Guacacualco que vino á aquella ciudad á demandar unos indios que en aquel tiempo vacaron por muerte de otro vecino de los que estaban poblados en la villa, por muy secretamente que dijo el vecino de Guacacualco á una mujer donde posaba, que por qué se habia casado, que ciertamente era vivo su marido y todos los que fueron con Cortés, y dió causas y razones para ello; como lo supo el factor, que luego le fueron con la parlería, envió por él á cuatro alguaciles, y lo llevaron engarrafado á la cárcel, y lo queria mandar ahorcar por revolvedor, hasta que el pobre vecino; que se decia Gonzalo Hernandez, tornó á decir que, como vido llorar á la mujer por su marido, que por la consolar le habia dicho que era vivo, mas que ciertamente todos éramos muertos; y luego le dió los indios que demandaba, y le mandó que no estuviese más en Méjico y que no dijese otra cosa, porque le mandaria ahorcar.

Y más decia en el cabo de su carta, cómo luego de á poco tiempo que habia salido de Méjico Cortés habia muerto el buen Padre fray Bartolomé, que era un santo hombre, y que le habia llorado todo Méjico, y que le habian enterrado con grande pompa en señor Santiago, é que los indios habian estado todo el tiempo desque murió hasta que le enterraron sin comer bocado, é que los Padres franciscos habian predicado á sus honras y enterramiento, y que habian dicho dél que era un santo varon, y que le debia mucho el Emperador, pero más los indios; pues si al Emperador le habia dado aquellos vasallos, como Cortés y los demas conquistadores viejos, á los indios les habia dado el conocimiento de Dios y ganado sus almas para el cielo; é que habia convertido é bautizado más de dos mil y quinientos indios en Nueva-España, que ansí se lo habia dicho el Padre fray Bartolomé de Olmedo algunas veces al tal predicador; é que habia hecho mucha falta fray Bartolomé de Olmedo, porque con su autoridad é santidad componia las disensiones é ruidos, y hacia bien á los pobres; é luego decia Zuazo que todo en Méjico estaba perdido, y acababa su carta diciendo:

—«Esto que aquí escribo á vuestra merced, pasa ansí, y dejélos allá, y embarcáronme preso, y trujéronme con grillos aquí donde estoy.»

Y despues que Cortés la hubo leido, estábamos tan tristes y enojados, ansí del Cortés, que nos trujo con tantos trabajos, como del factor, y echábamosles dos mil maldiciones, ansí al uno como el otro, y se nos saltaban los corazones de coraje.

Pues Cortés no pudo tener las lágrimas, que con la misma carta se fué luego á encerrar á su aposento, y no quiso que le viésemos hasta más de medio dia, y todos, nosotros aun le dijimos é rogamos que luego se embarcase en tres navíos que allí estaban, y que nos fuésemos á la Nueva-España; y él nos respondió muy amorosa y mansamente, y nos dijo:

—«¡Oh hijos y compañeros mios!, que veo por una parte aquel mal hombre del factor, que está muy poderoso, y temo cuando sepa que estamos en el puerto, no haga otras desvergüenzas y atrevimientos aun más de lo que ha hecho, ó me mate ó ahogue ó eche preso, ansí á mí como á vuestras personas; yo me embarcaré luego con el ayuda de Dios, y ha de ser solamente con cuatro ó cinco de vuestras mercedes, y tengo de ir muy secretamente á desembarcar á puerto que no sepan en Méjico de nosotros, hasta que desconocidos entremos en la ciudad; y demas desto, Sandoval está en Naco con pocos soldados, y ha de ir por tierra de guerra, en especial por Guatimala, que no está en paz. Conviene que vos, señor Luis Marin, con todos los compañeros que aquí venistes en mi busca, os volvais y os junteis con Sandoval, y se vayan camino de Méjico.»

Dejemos esto, y quiero volver á decir que luego que Cortés escribió al capitan Francisco Hernandez, que estaba en Nicaragua, que fué el que enviaba á buscar puerto con el Pedro de Garro, y se le ofreció Cortés que haria por él todo lo que pudiese, y le envió dos acémilas cargadas de herraje, porque sabia que tenia falta dello, y tambien le envió herramientas de minas, y ropas ricas para su vestir, y cuatro tazas y jarros de plata de su vajilla, y otras joyas de oro; lo cual entregó á un hidalgo que se decia Fulano de Cabrera, que fué uno de los cinco soldados que fueron con nosotros en busca de Cortés, y este Cabrera fué despues capitan de Venalcázar, y fué muy esforzado capitan y extremado hombre por su persona, natural de Castilla la Vieja; el cual fué maestre de campo de Blasco Nuñez Vela, é murió en la misma batalla que murió el Virey.

Quiero dejar cuentos viejos, y quiero decir que como yo vi que Cortés se habia de ir á la Nueva-España por la mar, le fuí á pedir por merced que en todo caso me llevase en su compañía, y que mirase que en todos sus trabajos y guerras me habia hallado siempre á su lado y le habia ayudado, y que agora era tiempo que yo conociese dél si tenia respeto á los servicios que yo le habia hecho, y amistad y ruego presente.

Entónces me abrazó y me dijo: