Entónces dice que se rio el Emperador, y la respuesta que dió fué, que en todo mandaria hacer justicia; y luego mandó juntar ciertos caballeros de sus Reales consejos y de su Real cámara, personas de quien S. M. tuvo confianza que harian recta justicia, que se decian, Mercurio Catirinario, gran canciller italiano, y mosiur de Lasao y el doctor de La-Rocha, flamencos, y Hernando de Vega, señor de Grajales y comendador mayor de Castilla, y el doctor Lorenzo Galindez de Carvajal y el licenciado Vargas, tesorero general de Castilla; y desque á su majestad le dijeron que estaban juntos, les mandó que mirasen muy justificadamente los pleitos y debates entre Cortés y Diego Velazquez é aquellos querellosos, y que en todo hiciesen justicia, no teniendo aficion á las personas ni favoreciesen á ninguno dellos, excepto á la justicia; y luego visto por aquellos caballeros el Real mando, acordaron de se juntar en unas casas y palacios donde posaba el gran canciller, y mandaron parecer al Narvaez y al Cristóbal de Tapia, y al piloto de Umbría y á Cárdenas, y á Manuel de Rojas y á Benito Martin y á un Velazquez, que estos eran procuradores del Diego Velazquez; y asimismo parecieron por la parte de Cortés su padre Martin Cortés y el licenciado Francisco Nuñez y Francisco de Montejo y Diego de Ordás, y mandaron á los procuradores del Diego Velazquez que propusiesen todas las quejas y demandas y capítulos contra Cortés, y dan las mismas quejas que dieron ante su majestad.

Á esto respondieron por Cortés sus procuradores, que á lo que decian que habia enviado el Diego Velazquez á descubrir la Nueva-España de los primeros, y gastó muchos pesos de oro, que no fué así como dicen: que los que lo descubrieron fué un Francisco Hernandez de Córdoba con ciento y diez soldados á su costa; y que ántes el Diego Velazquez es digno de gran pena, porque mandaba á Francisco Hernandez y á los compañeros que lo descubrieron que fuesen á la isla de los Guanajes á cautivar indios por fuerza para se servir dellos como esclavos; y desto mostraron probanzas, y no hubo contradiccion en ello.

Y tambien dijeron que si el Diego Velazquez volvió á enviar á su pariente Grijalva con otra armada, que no le mandó el Diego Velazquez poblar, sino rescatar, y que todo lo más que se gastó en la armada pusieron los capitanes que fueron en los navíos, y no Diego Velazquez, y que uno dellos era el mismo Francisco Montejo, que allí estaba presente, y los demas fueron Pedro de Albarado y Alonso de Ávila, é que rescataron veinte mil pesos, é que se quedó con todo lo más dellos el Diego Velazquez, y lo envió al Obispo de Búrgos para que le favoreciese, y que no dió parte dello á su majestad, sino lo que quiso, y que, demas de aquello, le dió indios al mismo Obispo en la isla de Cuba, que le sacaban oro: y que á su majestad no le dió ningun pueblo, siendo más obligado á ello que no el Obispo; de lo cual hubo buena probanza, y no hubo contradiccion en ello.

Tambien dijeron que si envió á Fernando Cortés con otra armada, que fué elegido primeramente por gracia de Dios y en ventura del mismo Emperador nuestro César é señor, é que tienen por cierto que si otro capitan enviaran, que le desbarataran, segun la multitud de guerreros que contra él se juntaban; y que cuando le envió el Diego Velazquez que, no le enviaba á poblar, sino á rescatar; de lo cual hubo probanzas dello; y que si se quedó á poblar fué por los requirimientos que los compañeros le hicieron, y que viendo que era servicio de Dios y de su majestad, pobló, y fué cosa muy acertada, y que dello se hizo relacion á su majestad y se le envió todo el oro que pudo haber, y que se le escribió sobre ello dos cartas haciéndole saber todo lo sobredicho: y que para obedecer sus Reales mandos estaba Cortés con todos sus compañeros los pechos por tierra; y se le hizo relacion de todas las cosas que el Obispo de Búrgos hacia por el Diego Velazquez, y que enviamos nuestros procuradores con el oro y cartas, y que el Obispo encubria nuestros muchos servicios, y que no enviaba á su majestad nuestras cartas, sino otras de la manera que él queria, y que el oro que enviamos, que se quedaba con todo lo más dello, y que torcia todas las cosas que convenian que su majestad fuese sabidor dellas, y que en cosa ninguna le decia verdaderamente lo que era obligado á nuestro Rey y señor, y que porque nuestros procuradores querian ir á Flandes delante de su Real persona, echó preso al uno dellos, que se decia Alonso Hernandez Puertocarrero, primo del conde de Medellin y que murió en la cárcel, y que mandaba el mesmo Obispo á los oficiales de la casa de la contratacion de Sevilla que no diesen ayuda ninguna á Cortés, así de armas como de soldados, sino que en todo le contradijesen, é que á boca llena nos llamaban de traidores; é que todo esto hacia el Obispo porque tenia tratado casamiento con el Diego Velazquez ó con el Tapia de casar una sobrina que se decia doña Petronila de Fonseca, y le habia prometido que le haria gobernador de Méjico; y para todo esto que he dicho mostraron traslados de las cartas que hubimos escrito á su majestad, é otras grandes probanzas; y la parte de Diego Velazquez no contradijo en cosa ninguna, porque no habia en qué.

É que á lo que decian de Pánfilo de Narvaez, que envió el Diego Velazquez con diez y ocho navíos y mil trescientos soldados y cien caballos, y ochenta escopeteros é otros tantos ballesteros, é habia hecho mucha costa, á esto respondieron que el Diego Velazquez es digno de pena de muerte por haber enviado aquella armada sin licencia de su majestad, y que cuando enviaba sus procuradores á Castilla, en nada ocurria á nuestro Rey y señor, como era obligado, sino solamente al Obispo de Búrgos, y que la Real audiencia de Santo Domingo y los frailes jerónimos que estaban por gobernadores le enviaron á mandar al Diego Velazquez á la isla de Cuba, so graves penas, que no enviase aquella armada hasta que su majestad fuese sabidor dello, y que con su Real licencia le enviase, porque hacer otra cosa era grande deservicio de Dios y de su majestad, poner zizañas en la Nueva-España en el tiempo que Cortés y sus compañeros estábamos en las conquistas y conversion de tantos cuentos de los naturales que se convertian á nuestra santa fe católica, y que para detener la armada le enviaron á un oidor de la misma audiencia Real, que se decia el licenciado Lúcas Vazquez de Ayllon, y en lugar de le obedecer, y los Reales mandos que llevaba, le echaron preso, y sin ningun acato le enviaron en un navío; y que pues que Narvaez estaba delante, que fué el que hizo aquel tan desacatado delito, por tocar en crímen læsæ majestatis, es digno de muerte, que suplicaban á aquellos caballeros por mí nombrados, que estaban por jueces, que le mandasen castigar; y respondieron que harian justicia sobre ello.

Volvamos á decir en los descargos que daban nuestros procuradores, y es, que á lo que dicen que no quiso Cortés obedecer las Reales provisiones que llevaba Narvaez, y le dió guerra y le desbarató y quebró un ojo, y prendió á él y todos sus compañeros y capitanes, y les puso fuego á los aposentos.

Á esto respondieron que, así como llegó Narvaez á la Nueva-España y desembarcó, que la primera cosa que hizo el Narvaez fué enviar á decir al gran cacique Montezuma, que Cortés tenia preso, que le venia á soltar y á matar todos los que estábamos con Cortés, y que alborotó la tierra de manera, que lo que estaba pacífico se volvió en guerra, é que como Cortés supo que habia venido al puerto de la Veracruz, le escribió muy amorosamente, y que si traia provisiones de su majestad, que las queria ver y obedeceria con aquel acato que se debe á su Rey y señor; y que no le quiso responder á sus cartas, sino siempre en su real llamándole de traidor, no lo siendo, sino muy leal servidor de su majestad; é que mandó pregonar Narvaez en su real guerra á fuego y sangre y ropa franca contra Cortés é sus compañeros; y que le rogó muchas veces con la paz, y que mirase no revolviese la Nueva-España de manera que diese causa para que todos se perdiesen, y que se apartaria á una parte, cual él quisiese, á conquistar, y el Narvaez fuese por la parte que más le agradase, y que entrambos sirviesen á Dios y á su majestad, é pacificasen aquellas tierras; y tampoco le quiso responder á ello; y como Cortés vió que no aprovechaban todos aquellos cumplimientos ni le mostraba las Reales provisiones, y supo el gran desacato que habia hecho el Narvaez en prender al oidor de su majestad, que para lo castigar por aquel delito acordó de ir á hablar con él para ver las Reales provisiones, é á saber por qué causa prendió al oidor; y que el Narvaez tenia concertado de prender á Cortés sobre seguro; y para ello presentaron probanzas y testimonios bastantes, y aun por testigo á Andrés de Duero, que se halló por la parte del Narvaez cuando aquello pasó, y el mismo Duero fué el que dió aviso á Cortés dello; y á todo esto la parte del Diego Velazquez no habia en qué contradecir cosa ninguna sobre ello.

É á lo que le acusaban que vino á Pánuco Francisco de Garay, y con grande armada, y provisiones de su majestad en que le hacian gobernador de aquella provincia, y que Cortés tuvo astucias y gran diligencia para que se le amotinasen al Garay sus soldados, y los indios de la misma provincia mataron á muchos dellos, y le tomó ciertos navíos, é hizo otras demasías hasta que el Garay se vió perdido y desamparado y sin capitanes y soldados, y se fué á meter por las puertas de Cortés y le aposentó en sus casas, y que dende á ocho dias que le dió un almuerzo de que murió, de ponzoña que le dieron en él; á esto respondieron que no era así, porque no tenia necesidad de los soldados que el Garay tenia para les hacer amotinar, sino que, como el Garay no era hombre para la guerra, no se daba maña con los soldados, y como no toparon con la tierra cuando desembarcó, sino grandes rios y malas ciénagas y mosquitos y murciégalos, y los que traia en su compañía tuvieron noticia de la gran prosperidad de Méjico y las riquezas y la buena fama de la liberalidad de Cortés, que por esta causa se le iban á Méjico, y que por los pueblos de aquellas provincias andaban á robar sus soldados á los naturales y les tomaban sus hijas y mujeres, y que se levantaron contra ellos y le mataron los soldados que dicen, y que los navíos, que no los tomó, sino que dieron al través; y si envió sus capitanes Cortés, fué para que hablasen al Garay, ofreciéndoseles por Cortés, y tambien para ver las Reales provisiones, si eran contrarias de las que ántes tenia Cortés; y que viéndose el Garay desbaratado de sus soldados, y navíos dados al través, que se vino á socorrer á Méjico, y Cortés le mandó hacer mucha honra por los caminos y banquetes de Tezcuco, y cuando entró en Méjico le salió á recebir y le aposentó en sus casas, y habian tratado casamiento de los hijos, é que le queria dar favor é ayudar para poblar el rio de Palmas, é que si cayó malo, que Dios fué servido de le llevar deste mundo, ¿qué culpa tiene Cortés para ello? Y que se le hicieron muchas honras al enterramiento y se pusieron lutos, y que los médicos que lo curaban juraron que era dolor de costado, y que esta es la verdad; y no hubo otra contradiccion.

É á lo que decian que llevaba quinto como Rey, respondieron que cuando lo hicieron capitan general y justicia mayor hasta que su majestad mandase en ello otra cosa, le prometieron los soldados que le darian quinto de las partes, despues de sacado el real quinto, é que lo tomó por causa que despues gastaba cuanto tenia en servicio de su majestad, como fué en lo de la provincia de Pánuco, que pagó de su hacienda sobre seis mil pesos de oro, y envió en presentes á su majestad mucho oro de lo que le habia caido del quinto; y mostraron probanzas de todo lo que decian, y no hubo contradiccion por los procuradores de Diego Velazquez.

É á lo que decian que á los soldados les habia tomado Cortés sus partes del oro que les cabia, dijeron que les dieron conforme á la cuenta del oro que se halló en la toma de Méjico, porque se halló muy poco, que todo lo habian robado los indios de Tlascala y Tezcuco y los demas guerreros que se hallaron en las batallas y guerras; y no hubo contradiccion sobre ello.