É á lo que dijeron que Cortés habia mandado quemar los piés con aceite á Guatemuz é otros caciques porque diesen oro, á esto respondieron que los oficiales de su majestad se los quemaron, contra la voluntad de Cortés, porque descubriesen el tesoro de Montezuma; y para esto dieron informacion bastante.

Y á lo que le acusaban que habia labrado muy grandes casas, y habia en ellas una villa, y que hacia traer los árboles y cipreses y piedras de léjas tierras, á esto respondieron que las casas es verdad que son muy suntuosas, y que para servir con ellas y cuanto tiene Cortés á su majestad las hizo fabricar en su Real nombre, é que los árboles é cipreses, que están junto á la ciudad é que los traian por agua, é que piedra, que habia tanta de los adoratorios que deshicieron de los ídolos, que no habia menester traella de fuera, é que para las labrar no hubo menester más de mandar al gran cacique Guatemuz que las labrase con los indios oficiales, que hay muchos de hacer casas é carpinteros, é que el Guatemuz llamó de todos sus pueblos para ello, é que así se usaba entre los indios hacer las casas y palacios de los señores.

É á lo que se quejaba Narvaez que le sacó Alonso de Ávila las provisiones Reales por fuerza, y no se las quiso dar y publicó que eran obligaciones que le debian al Narvaez de ciertos caballos é yeguas que habian vendido, que venia á cobrar, é que fué por mandado de Cortés; á esto respondieron que no vieron provisiones, sino solamente tres obligaciones que le debian al Narvaez de caballos é yeguas que habia vendido fiadas, é que Cortés nunca tales provisiones vió ni le mandó tomar.

É á lo que se quejaba el piloto Umbría, que Cortés le mandó cortar y deszocar los piés sin causa ninguna, á esto respondieron que por justicia y sentencia que sobre ello hubo se le cortaron, porque se queria alzar con un navío y dejar en la guerra á su capitan y venirse á Cuba él y otros dos hombres que Cortés mandó ahorcar por justicia.

É á lo que el Cárdenas demandaba, que no le habian dado parte del primer oro que se envió á su majestad, dijeron que él firmó con otros muchos que no queria parte de ello, sino que se enviase á su majestad, y que allende desto, le dió Cortés trescientos pesos para que trujese á su mujer é hijos, é que el Cárdenas no era hombre para la guerra, é que era mentecato é de poca calidad, é que con los trescientos pesos estaba muy bien pagado.

Y á la postre respondieron que, si fué Cortés contra el Narvaez, y le desbarató y quebró el ojo, y le prendió á él y á sus capitanes, y se le quemó su aposento, que el Narvaez fué causa dello por lo que dicho y alegado tienen, y por le castigar el gran desacato que tuvo de prender á un oidor de su majestad, y como la justicia era por la parte de Cortés y sus compañeros, que en aquella batalla que hubo con Narvaez fué nuestro Señor servido dar victoria á Cortés, que con ducientos y sesenta y seis soldados, sin caballos é sin arcabuces ni ballestas, desbarató con buena maña y con dádivas de oro al Narvaez, y le quebró el ojo, y prendió á él y sus capitanes, siendo contra Cortés mil trescientos soldados, y entre ellos ciento de á caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y que si Narvaez quedara por capitan, la Nueva-España se perdiera.

Y á lo que decian el Cristóbal de Tapia, que venia para tomar la gobernacion de la Nueva-España con provisiones de su majestad, y que no le quisieron obedecer, á esto responden que el Cristóbal de Tapia, que delante estaba, fué contento de vender unos caballos y negros; que si él fuera á Méjico, adonde Cortés estaba, y le mostrara sus recaudos, obedeciera; mas que viendo todos los caballeros y cabildos de todas las ciudades y villas que convenia que Cortés gobernase en aquella sazon, porque vieron que el Tapia no era capaz para ello, que suplicaron de las Reales provisiones para ante su majestad, y segun parecerá de los autos que sobre ello pasaron.

Y cuando hubieron acabado de poner por la parte del Diego Velazquez y del Narvaez sus demandas, é aquellos caballeros que estaban por jueces vieron las respuestas y lo que por la parte de Cortés fué alegado, y todo probado, y sobre ello habian estado embarazados cinco dias en ir á los unos y á los otros, acordaron de ponello todo en la consulta con su majestad; y despues de muy acordado por todos en ella, lo que fué sentenciado es esto: lo primero, que dieron por muy bueno y leal servidor de su majestad á Cortés y á todos nosotros los verdaderos conquistadores que con él pasamos, y tuvieron en mucho nuestra gran felicidad, y loaron y ensalzaron en gran manera las grandes batallas y osadía que contra los indios tuvimos, y no se olvidó de decir cómo, siendo nosotros tan pocos, desbaratamos al Narvaez; y luego mandaron poner silencio al Diego Velazquez acerca del pleito de la gobernacion de la Nueva-España, y que si algo habia gastado en los armadas, que por justicia lo pidiese á Cortés; y luego declararon por sentencia que Cortés fuese gobernador de la Nueva-España, segun lo mandó el Sumo Pontífice, é que daban en nombre de su majestad los repartimientos por buenos, que Cortés habia hecho, y le dieron poder para repartir la tierra desde allí adelante, y por bueno todo lo que habia hecho, porque claramente era servicio de Dios y de su majestad.

En lo de Garay ni en otras cosas de las acusaciones que le ponian, que pues no daban informaciones tocantes acerca dello, que lo reservaban para el tiempo andando, y le enviarian á tomar residencia; y en lo que Narvaez pedia, que le tomaron sus provisiones del seno, é que fué Alonso de Ávila, que estaba en aquella sazon preso en Francia, que le prendió Juan Florin, frances, gran corsario, cuando robó la recámara que llamábamos de Montezuma, dijeron aquellos caballeros que lo fuese á pedir á Francia, y que le citasen pareciese en la córte de su majestad, para ver lo que sobre ello respondia; y á los dos pilotos Umbría y Cárdenas les mandaron dar cédulas Reales para que en la Nueva-España les dén indios que renten á cada uno mil pesos de oro.

Y mandaron que todos los conquistadores fuésemos antepuestos y nos diesen buenas encomiendas de indios, y que nos pudiésemos asentar en los más preeminentes lugares, así en las santas iglesias como en otras partes.