Pues ya dada y pronunciada esta sentencia por aquellos caballeros que su majestad puso por jueces, lleváronla á firmar á Valladolid, donde su majestad estaba, porque en aquel tiempo pasó de Flandes, y en aquella sazon mandó pasar allí toda su Real córte y consejo, y firmóla su majestad, y dió otras sus Reales provisiones para echar los tornadizos de la Nueva-España, porque no hubiese contradiccion en la conversion de los naturales.
Y asimismo mandó que no hubiese letrados por ciertos años, porque do quiera que estaban revolvian pleitos é debates y zizañas; y diéronse todos estos recaudos firmados de su majestad y señalados de aquellos caballeros que fueron jueces, y de don García de Padilla, en la misma villa de Valladolid, á 17 de Mayo de mil y quinientos y tantos años, y venian refrendadas del secretario don Francisco de los Cóbos, que despues fué comendador mayor de Leon; y entónces escribió su majestad cesárea á Cortés é á todos los que con él pasamos, agradeciéndonos los muchos y buenos é notables servicios que le haciamos; y tambien en aquella sazon el Rey don Hernando de Hungría, Rey de romanos, que ansí se nombraba, padre del Emperador que agora es, escribió otra carta en respuesta de lo que Cortés le habia escrito, y enviado presentadas muchas joyas de oro; y lo que decia el Rey de Hungría en la carta que escribió á Cortés era, que ya tenia noticia de los muchos y grandes servicios que habia hecho á Dios primeramente, y á su señor y hermano el Emperador, y á toda la Cristiandad, y que en todo lo que se le ofreciese, que se lo haga saber, porque sea intercesor en ello con su señor y hermano el Emperador, porque de mucho más era merecedora su generosa persona, y que diese sus encomiendas á los fuertes soldados que le ayudaron; y decia otras palabras de ofrecimientos; y acuérdaseme que en la firma decia: «Yo el Rey, é Infante de Castilla;» y refrendada de su secretario, que se decia Fulano de Castillejo; y esta carta yo la leí dos ó tres veces en Méjico, porque Cortés me la mostró para que viese en cuán grande estima éramos tenidos los verdaderos conquistadores, de su majestad.
Pues como todos estos despachos tuvieron nuestros procuradores, luego enviaron con ellos por la posta á un Rodrigo de Paz, primo de Cortés y deudo del licenciado Francisco Nuñez, y tambien vino con ellos un hidalgo de Extremadura, pariente del mismo Cortés, que se decia Francisco de las Casas, y trajeron un buen navío velero, y vinieron camino de la isla de Cuba, y en Santiago de Cuba, donde Diego Velazquez estaba por gobernador, se le notificaron las Reales provisiones y sentencia, para que se dejase del pleito de Cortés y le demandase los gastos que habia hecho; la cual notificacion se hizo con trompetas; y el Diego Velazquez, de pesar, cayó malo, y dende á pocos meses murió muy pobre y descontento, y por no volver yo otra vez á recitar lo que en Castilla negoció el Francisco de Montejo y el Diego de Ordás, dirélo ahora, y fué así: que al Francisco de Montejo su majestad le hizo merced de la gobernacion y adelantamiento de Yucatan é Cozumel, y trajo don y señoría, y al Diego de Ordás su majestad le confirmó los indios que tenia en la Nueva-España y le dió una encomienda del señor Santiago, y el volcan que estaba cabe Guaxocingo por armas, y con ello se vinieron á la Nueva-España.
Desde á dos ó tres años el mismo Ordás volvió á Castilla y demandó la conquista del Marañon, donde se perdió él y su hacienda.
Dejemos desto, y digamos cómo el Obispo de Búrgos, que en aquella sazon supo los grandes favores que su majestad hizo á Cortés y á todos nosotros los conquistadores, y cómo muy claramente aquellos caballeros que fueron jueces habian alcanzado á saber los tratos que entre él y Diego Velazquez habia, y cómo tomaba el oro que enviábamos á su majestad, y encubria y torcia nuestros muchos servicios, y aprobaba por buenos los de su amigo Diego Velazquez, si muy triste y pensativo estaba de ántes, ahora desta vez cayó malo dello y de otros enojos que tuvo con un caballero su sobrino, que se decia D. Alonso de Fonseca, Arzobispo que fué de Santiago, porque pretendia aquel arzobispado de Santiago el don Juan Rodriguez de Fonseca.
Dejemos de hablar desto, y digamos cómo el Francisco de las Casas y el Rodrigo de Paz llegaron á la Nueva-España, y entraron en Méjico con las Reales provisiones que de su majestad traian para ser gobernador Cortés, qué alegrías y regocijos se hicieron, y qué de correos fueron por todas las provincias de la Nueva-España á demandar albricias á las villas que estaban pobladas, y qué mercedes hizo Cortés al de las Casas y al Rodrigo de Paz y á otros que venian en su compañía, que eran de Medellin, su tierra de Cortés; y es, que al Francisco de las Casas le hizo capitan y le dió luego un buen pueblo que se dice Anguitlan, y al Rodrigo de Paz le dió otros muy buenos y ricos pueblos, y le hizo su mayordomo mayor y su secretario, y mandaba absolutamente al mismo Cortés; y tambien á los que vinieron de su tierra de Medellin, á todos les dió indios, y al maestre del navío en que trajeron la nueva de cómo Cortés era gobernador le dió oro, con que volvió rico á Castilla.
Dejemos ahora esto de recitar las alegrías y albricias que se dieron por las nuevas, y quiero decir lo que me han preguntado algunos curiosos letores, y tienen razon de poner plática sobre ello, que, ¿cómo pude yo alcanzar á saber lo que pasó en España, así de lo que mandó Su Santidad como de las quejas que dieron de Cortés, y las respuestas que sobre ello propusieron nuestros procuradores, y la sentencia que sobre ello se dió, y otras muchas particularidades que aquí digo y declaro, estando yo en aquella sazon conquistando en la Nueva-España é sus provincias, no lo pudiendo ver ni oir? Yo les respondí que, no solamente lo alcancé yo á saber, sino que todos los más conquistadores que lo quisieron ver y leer en cuatro ó cinco cartas y relaciones por sus capítulos declarado, cómo y cuándo y en qué tiempo acaeció lo por mí dicho; las cuales cartas y memoria las escribieron de Castilla nuestros procuradores porque conociésemos que entendian con mucho calor en nuestros negocios.
Yo dije en aquel tiempo muchas veces que solamente lo que procuraban, segun pareció, era por las cosas de Cortés y las suyas dellos, y que nosotros los que lo ganábamos y conquistábamos, y le pusimos en el estado que Cortés estaba, quedamos siempre con un trabajo sobre otro, y roguemos á nuestro Señor Dios nos dé favor y ánimo, y ponga en corazon á nuestro gran César mande que su recta justicia se cumpla, pues que en todo es muy católico.
Pasemos adelante, y digamos en lo que Cortés entendió desque le vino la gobernacion.