DE EN LO QUE CORTÉS ENTENDIÓ DESPUES QUE LE VINO LA GOBERNACION DE LA NUEVA-ESPAÑA, CÓMO Y DE QUÉ MANERA REPARTIÓ LOS PUEBLOS DE INDIOS, É OTRAS COSAS QUE MÁS PASARON, Y UNA MANERA DE PLATICAR QUE SOBRE ELLO SE HA DECLARADO ENTRE PERSONAS DOCTAS.
Ya que le vino la gobernacion de la Nueva-España á Hernando Cortés, paréceme á mí y á otros conquistadores de los antiguos, de los más experimentados y maduro consejo, que lo que habia de mirar Cortés era acordarse desde el dia que salió de la isla de Cuba y tener atencion á todos los trabajos en que se vió, así cuando en lo de los arenales, cuando desembarcamos, qué personas fueron en le favorecer para que fuese capitan general y justicia mayor de la Nueva-España; y lo otro, quién fueron los que se hallaron siempre á su lado en todas las guerras, así de Tabasco y Cingapacinga, y en tres batallas de Tlascala, y en la de Cholula cuando tenian puestas las ollas con ají para nos comer cocidos; y tambien quién fueron en favorecer su partido cuando por seis ó siete soldados que no estaban bien con él le hacian requirimientos que se volviese á la Villa-Rica y no fuese á Méjico, poniéndole por delante la gran pujanza de guerreros y gran fortaleza de la ciudad; y quién fueron los que entraron con él en Méjico y se hallaron en prender al gran Montezuma; y luego que vino Pánfilo de Narvaez con su armada, qué soldados fueron los que llevó en su compañía y le ayudaron á prender y desbaratar al Narvaez; y luego quién fueron los que volvieron con él á Méjico al socorro de Pedro de Albarado, y se hallaron en aquellas fuertes y grandes batallas que nos dieron, hasta que salimos huyendo de Méjico, que de mil y trecientos soldados quedaron muertos sobre ochocientos y cincuenta, con los que mataron en Tustepeque é por los caminos, y no escapamos sino cuatrocientos y cuarenta muy heridos, y á Dios misericordia.
Y tambien se le habia de acordar de aquella muy temerosa batalla de Obtumba, quién, despues de dos dias, se la ayudó á vencer y salir de aquel tan gran peligro; y despues quién y cuántos le ayudaron á conquistar lo de Tepeaca y Cachula y sus comarcas, como fué Ozucar y Guacachula y otros pueblos; y la vuelta que dimos por Tezcuco para Méjico, y de otras muchas entradas que desde Tezcuco hicimos, así como la de Iztapalapa, cuando nos quisieron anegar con echar el agua de la laguna, como echaron, creyéndonos ahogar; y asimismo las batallas que hubimos con los naturales de aquel pueblo y mejicanos que les ayudaron; y luego la entrada del Saltocan y los peñoles que llaman hoy dia del Marqués, y otras muchas entradas; y el rodear de los grandes pueblos de la laguna, y de los muchos rencuentros y batallas que en aquel viaje tuvimos, así de los de Suchimileco como de los de Tacuba; y vueltos á Tezcuco, quién le ayudó contra la conjuracion que tenian concertado de le matar, cuando sobre ello ahorcó un Villafaña; y pasado esto, quién fueron los que le ayudaron á conquistar á Méjico, y en noventa y tres dias, á la continua de dia y de noche, tener batallas y muchas heridas y trabajos, hasta que se prendió á Guatemuz, que era el que mandaba en aquella sazon á Méjico; y quién fueron en le ayudar y favorecer cuando vino á la Nueva-España un Cristóbal de Tapia para que le diese la gobernacion.
Y demas de todo esto, quiénes fueron los soldados que escribimos tres veces á su majestad en loor de los grandes y muchos y buenos servicios que Cortés le habia hecho, y que era digno de grandes mercedes y le hiciese gobernador de la Nueva-España.
No quiero aquí traer á la memoria otros servicios que siempre á Cortés haciamos; pues los varones y fuertes soldados que en todo esto nos hallamos, y ahora que le vino la gobernacion, que, despues de Dios, con nuestra ayuda se la dieron, bien fuera que tuviera cuenta con Pedro, Sancho y Martin y otros que lo merecian; y el soldado y compañero que estaba por su ventura en Colima ó en Zacatula, ó en Pánuco ó en Guacacualco, y los que andaban huyendo cuando despoblaron á Tutepeque, y estaban pobres y no les cupo suerte de buenos indios, pues que habia bien que dalles; y sacalles de mala tierra, pues que su majestad muchas veces se lo mandaba y encargaba por sus reales cartas misivas, y no daba Cortés nada de su hacienda, habíales de dar con que se remediasen, y en todo anteponelles; y siempre cuando escribiese á los procuradores que estaban en Castilla en nuestro nombre, que procurasen por nosotros; y el mismo Cortés habia de escribir muy afectuosamente para que nos diese para nosotros y nuestros hijos cargos y oficios reales, todos los que en la Nueva-España hubiese; mas digo que mal ageno de pelo cuelga, á que no procuraba sino para él; lo uno la gobernacion que le trajeron ántes que fuese marqués, é despues que fué á Castilla y vino marqués.
Dejemos esto, y pongamos aquí otra manera, que fuera harto buena y justa para repartir todos los pueblos de la Nueva-España, segun dicen muy doctos conquistadores, que lo ganamos, de prudente y maduro juicio; que lo que habia de hacer es esto; hacer cinco partes la Nueva-España, y la quinta parte de las mejores ciudades y cabeceras de todo lo poblado dalla á su majestad de su Real quinto, y otra parte dejalla por repartir, para que fuese la renta della para iglesias y hospitales y monasterios, y para que S. M., si quisiese hacer algunas mercedes á caballeros que le hayan servido en Italia, de allí pudiera haber para todos; y las tres partes que quedaran repartillas en su persona de Cortés y en todos nosotros los verdaderos conquistadores, segun y de la calidad que sentia que era cada uno, y dallas perpétuos, porque en aquella sazon su majestad lo tuviera por bien; porque, como no habia gastado cosa ninguna en estas conquistas, ni sabia ni tenia noticia destas tierras, estando como estaba, en aquella sazon en Flandes, y viendo una buena parte de las del mundo que le entregamos, como sus muy leales vasallos, lo tuviera por bien y nos hiciera merced dellas, y con ello quedáramos; y no anduviéramos ahora, como andamos, abatidos y de mal en peor, y muchos de los conquistadores no tenemos con qué nos sustentar; ¿que harán los hijos que dejamos? Quiero decir lo que hizo Cortés, y á quién dió los pueblos.
Primeramente al Francisco de las Casas, á Rodrigo de Paz, al factor y veedor y contador que en aquella sazon vinieron de Castilla; á un Avalos y á Saavedra, sus deudos; á un Barrios, con quien casó su cuñada, hermana de su mujer doña Catalina Juarez; y á Alonso Lúcas, y á un Juan de la Torre, y á Luis de la Torre, á Villegas, y á un Alonso Valiente, y á un Ribera el tuerto.
Y, ¿para qué cuento yo estos pocos? Que á todos cuantos vinieron de Medellin, á otros criados de grandes señores, que le contaban cuentos de cosas que le agradaban, los dió lo mejor de la Nueva-España.
No digo yo que era malo el dar á todos, pues habia de qué; mas que habia de anteponer primero lo que su majestad le mandaba, y á los soldados que le ayudaron á tener el ser y valor que tenia, ayudalles; y pues que ya es hecho, no quiero volver á repetirlo; y para ir á entradas y guerras y á cosas que le convenian, bien se acordaba adónde estábamos, y nos enviaba á llamar para las batallas y guerras, como adelante diré.
Y dejaré de contar más lástimas y de cuán avasallados nos traia, pues no se puede ya remediar.