Volvamos á Cortés, que cuando supo que estaba muy malo el Sandoval vino luego por la posta adonde estaba, y el Sandoval le dijo la maldad que su huésped le habia hecho, y cómo le hurtó las barras de oro y se fué huyendo; en lo cual, puesto que pusieron gran diligencia para que se cobrasen, como se pasó en Portugal, se quedó con ello; y el Sandoval cada dia iba empeorando de su mal, y los médicos que le curaban le dijeron que luego se confesase y recibiese los Santos Sacramentos é hiciese testamento, y él lo hizo con grande devocion, y mandó muchas mandas ansí á pobres como á monasterios, y nombró por su albacea á Cortés y heredera á una hermana ó hermanas; é la una hermana, el tiempo andando, se casó con un hijo bastardo del conde de Medellin; y como hubo ordenado su alma y hecho testamento, dió el ánima á nuestro Señor Dios, que la crió, y por su muerte se hizo gran sentimiento, y con toda la pompa que pudieron le enterraron en el monasterio de nuestra Señora de la Rávida; y Cortés, con todos los caballeros que iban en su compañía, se pusieron luto; perdónele Dios, amen.
Y luego Cortés envió correo á su majestad y al Cardenal de Sigüenza, y al duque de Béjar y al conde de Aguilar y á otros caballeros, é hizo saber cómo habia llegado á aquel puerto y de cómo Gonzalo de Sandoval habia fallecido, é hizo relacion de la calidad de su persona y de los grandes servicios que habia hecho á su majestad, y que fué capitan de mucha estima ansí para mandar ejércitos como para pelear por su persona; y como aquellas cartas llegaron ante su majestad, recibió alegría de la venida de Cortés, puesto que le pesó de la muerte del Sandoval, porque ya tenia noticia de su generosa persona, y ansimismo le pesó al Cardenal don García de Loyosa y al Real Consejo de Indias; pues el duque de Béjar y el conde de Aguilar y otros caballeros se holgaron en gran manera, puesto que á todos les pesó de la muerte de Sandoval.
Y luego fué el duque de Béjar, juntamente con el conde de Aguilar, á dar más relacion dello á su majestad, puesto que ya tenia la carta de Cortés, y dijo que bien sabia la gran lealtad de quien habia fiado, y que caballero que tan grandes servicios le habia hecho, que en todo lo demas lo habia de mostrar en lealtad, como era obligado á su Rey y señor, lo cual se ha parecido bien ahora por la obra; y esto dijo el duque porque en el tiempo que ponian las acusaciones y decian muchos males contra Cortés delante de su majestad, puso tres veces su cabeza y estado por fiador de Cortés y de los soldados que estábamos en su compañía, que éramos muy leales y grandes servidores de su majestad y dignos de grandes mercedes, porque en aquel tiempo no estaba descubierto el Pirú ni habia la fama de lo que despues hubo; y luego su majestad envió á mandar que por todas las ciudades y villas por donde Cortés pasase le hiciesen mucha honra, y el duque de Medina-Sidonia le hizo gran recebimiento en Sevilla y le presentó caballos muy buenos; y despues que reposó allí dos dias, fué á jornadas largas á Nuestra Señora de Guadalupe para tener novenas.
Y fué su ventura tal, que en aquella sazon habia allí llegado la señora doña María de Mendoza, mujer del comendador mayor de Leon don Francisco de los Cóbos, y habia traido en su compañía muchas señoras de grande estado, y entre ellas una señora doncella, hermana suya, que de ahí á dos años casó con el adelantado de Canaria; y como Cortés lo supo, hubo gran placer, y luego como llegó, despues de haber hecho oracion delante de Nuestra Señora y dado limosna á pobres y mandar decir Misa, puesto que llevaba luto por su padre y su mujer y por Gonzalo de Sandoval, fué muy acompañado de los caballeros que llevó de la Nueva-España y con otros que se le habian allegado para su servicio, y fué á hacer gran acato á la señora doña María de Mendoza, y á una señora doncella, su hermana, que era muy hermosa, y á todas las demas señoras que con ellas venian, y como Cortés en todo era muy cumplido y regocijado, y la fama de sus grandes hechos volaba por toda Castilla, pues plática y agraciada expresiva no le faltaba, y sobre todo, mostrarse muy franco y tener riquezas de que dar, comenzó á hacer grandes presentes de muchas joyas de oro de diversas hechuras á todas aquellas señoras, y despues de las joyas, dió penachos de plumas verdes llenas de argentería de oro y de perlas, y en todo lo que dió fué muy aventajada la señora doña María de Mendoza y la señora su hermana.
Y despues que hubo hecho aquellos ricos presentes, dió por sí sola á la señora doncella ciertos tejuelos de oro muy fino para que hiciese joyas, y tras esto, mandó dar mucho liquidámbar y bálsamo para que se sahumasen; y mandó á los indios maestros de jugar el palo con los piés, que delante de aquellas señoras les hiciesen fiesta y trujesen el palo de un pié al otro, que fué cosa de que se contentaron y aun se admiraron de lo ver; y demas de todo esto, supo Cortés que de la tierra por donde habia venido la señora doncella se le mancó una acémila, y secretamente mandó comprar dos muy buenas y que las entregasen á los mayordomos que traian cargo de su servicio; y aguardó en la villa de Guadalupe hasta que partiesen para la córte, que en aquella sazon estaba en Toledo, y fuéles acompañando y sirviendo é haciendo banquetes y fiestas, y tan gran servidor se mostró, que lo sabia muy bien hacer y representar, que la señora doña María de Mendoza le trató casamiento con su hermana; y si Cortés no fuera desposado con la señora doña Juana de Guzman, sobrina del duque de Béjar, ciertamente tuviera grandísimos favores del comendador mayor de Leon y de la señora doña María de Mendoza, su mujer, y su majestad le diera la gobernacion de la Nueva-España.
Dejemos de hablar en este casamiento, pues todas las cosas son guiadas y encaminadas por la mano de Dios, y diré cómo escribió la señora doña María de Mendoza al comendador mayor de Leon, su marido, sublimando en gran manera las cosas de Cortés, y que no era nada la fama que tiene de sus heróicos hechos para lo que ha visto y conocido de su persona y conversacion y franqueza, y le representó otras gracias que en él habia conocido y los servicios que le habia hecho, y que le tenga por su muy gran servidor, y que á su majestad le haga sabidor de todo y le suplique que le haga mercedes.
Y como el comendador mayor vió la carta de su mujer, se holgó con ella; y como era el más privado que hubo en nuestros tiempos del Emperador, llevóle la misma carta á su majestad, y de su parte le suplicó que en todo le favoreciese, y ansí su majestad lo hizo, como adelante diré; é dijo el duque de Béjar y el almirante al Cortés, como por pasatiempo, cuando hubo llegado á la córte, que habian oido decir á su majestad, cuando supo que habia venido á Castilla, que tenia deseos de ver y conocer á su persona, que tantos y tan buenos servicios le ha hecho, y de quien tantos males le han informado que hacia con mañas y astucias.
Pues llegado Cortés á la córte, su majestad le mandó señalar posada.
Pues por parte del duque de Béjar y del conde de Aguilar y de otros grandes señores, sus deudos, le salieron á recebir y se le hizo mucha honra; y otro dia, con licencia de su majestad, fué á le besar sus Reales piés, llevando en su compañía por sus intercesores, por más le honrar, al Almirante y al duque de Béjar y al comendador mayor de Leon; y Cortés, despues de demandar licencia para hablar, se arrodilló en el suelo, y su majestad le mandó levantar, y luego representó sus muchos y notables servicios, todo lo acontecido en las conquistas é ida de Honduras, y las tramas que hubo en Méjico del factor y veedor, y recontó todo lo que llevaba en la memoria; y porque era muy larga relacion, y por no embarazar más á su majestad, entre otras pláticas, dijo:
—«Ya vuestra majestad estará cansado de me oir, y para un tan gran Emperador y Monarca de todo el mundo, como vuestra majestad es, no es justo que un vasallo como yo tenga tanto atrevimiento, y mi lengua no está acostumbrada á hablar con vuestra majestad, y podria ser que mi sentido no diga con aquel tan debido acato que debo todas las cosas acaecidas; aquí tengo este memorial, por donde vuestra majestad podrá ver, si fuese servido, todas las cosas muy por extenso cómo pasaron.»