Pues como supo el Virey D. Antonio de Mendoza desta tan pujante armada, que para en estas partes era muy grande, y de los muchos soldados y caballos y artillería que llevaba, tuvo por muy gran cosa de cómo pudo juntar y armar trece navíos en la costa del Sur, y allegar tantos soldados, estando tan apartado del puerto de la Veracruz y de Méjico: es cosa de pensar en ello á las personas que tienen noticia destas tierras y saben los gastos que hacen.

Pues como el Virey D. Antonio de Mendoza supo y se informó que era para descubrir la China, y alcanzó á saber de pilotos y cosmógrafos que se podia descubrir muy bien por el Poniente, y se lo certificó un deudo suyo que se decia Villalóbos, que sabia mucho de alturas y del arte de navegacion, acordó de escribir desde Méjico al Adelantado con ofertas y buenos prometimientos para que se diese órden en que la armada hiciese compañía con él: para lo efetuar fueron á hacer el concierto D. Luis de Castilla y un mayordomo mayor del Virey, que se decia Agustin Guerrero.

Y despues que el Adelantado vió los recaudos que llevaban para hacer concierto, y bien platicado sobre el negocio, se concertó que se viesen el Virey y el Adelantado en un pueblo que se dice Chiribitio, que es en la provincia de Mechoacan, que era de la encomienda de un Juan de Albarado, deudo del mismo Adelantado; y como el Virey supo adónde se habian de ver, fué en posta desde Méjico al pueblo por mí nombrado, donde estaba el Adelantado aguardando al Virey para hacer la plática, y allí se vieron, y concertaron que fuesen entrambos á dos á ver la armada, y luego fueron, y cuando lo hubieron visto, se volvieron á Méjico, para desde allí enviar capitan general de toda la flota; y el Adelantado queria que fuese un deudo suyo por general, que se decia Juan de Albarado (no digo por el de Chiribitio, sino otro su sobrino), que tenia indios en Guatimala; y el Virey queria que fuese juntamente con él un Fulano Villalóbos; y en este tiempo tuvo mucha necesidad el Adelantado de venir á su gobernacion de Guatimala á cosas que le convenian, y lo dejó todo aparte por estar presente en su armada, y fué al puerto de la Natividad por tierra, donde en aquella sazon estaban todos sus navíos y soldados, para que por su mano fuesen despachados.

É ya que estaban para se hacer á la vela, le vino una carta que le envió un Cristóbal de Oñate, que estaba por teniente de gobernador de aquella provincia de Xalisco, por ausencia de Francisco Vazquez Coronado, que habia ido por capitan á las siete ciudades que llaman de Cibola, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y lo que el Oñate en la carta le decia, era que, pues en todo era gran servidor de su majestad, en este caso que ahora ha ocurrido se parecerán muy mejor sus servicios; que por amor de Dios, que luego con brevedad le vaya á socorrer con su persona y soldados y caballos y arcabuceros, porque está cercado en partes que si no son socorridos no se podrá defender de muchas capitanías de indios guerreros que están en unas fuerzas y peñoles que se dicen de Cochitlan, y que han muerto á muchos españoles de los que estaban en su compañía, y se temia no le acabasen de desbaratar; y le significó en la carta otras muchas lástimas, y que á salir los indios de aquellos peñoles é fortaleza vitoriosos, la Nueva-España estaba en gran peligro.

Y como el Adelantado vió la carta, y en ella las palabras que dicho tengo, y otros españoles le dijeron en el peligro en que estaban, luego mandó juntar sus soldados, así de caballo como arcabuceros y ballesteros, y fué en posta á hacer aquel socorro, y cuando llegó al real estaban tan afligidos los cercados, que si no fuera por él, segun se vió, los mataran los indios, y con su llegada aflojaron algo, y no que dejasen de dar muy bravosa guerra; y estando peleando entre unos peñoles un soldado, pareció ser que el caballo en que iba se le derriscó, y vino rodando por el peñol abajo con tan gran furia y saltos por donde el Adelantado estaba, que no se pudo apartar á cabo ninguno, sino que el caballo le encontró de arte, que le trató mal y le quebrantó todo el cuerpo, porque le tomó debajo, y fué de tal manera, que se sintió muy malo, y para guarecelle y curallo, creyendo que no fuera tanto el quebramiento, le llevaron en andas á curar á una villa, que era la más cercana de aquellos peñoles, que se dice la Purificacion; é yendo por el camino se comenzó á pasmar, y llegado á la villa, de ahí á pocos dias, despues de se haber confesado y comulgado, dió el ánima á Dios nuestro Señor, que la crió. Algunas personas dijeron que hizo testamento, y no ha parecido.

Falleció aqueste caballero por sacalle luego del real, que si de allí no le sacaran y le curaran como era razon, no se pasmara; y á todas las cosas que Nuestro Señor hace y ordena démosle muchas gracias y loores por ello; pues ya es fallecido, perdónele Dios.

En aquella villa le enterraron con la mayor pompa que pudieron; y despues he oido decir que Juan de Albarado, el encomendero de Chiribitio, llevó sus huesos de donde estaban enterrados al mismo pueblo de su encomienda, y mandó hacer muchas honras y Misas y limosnas por su ánima.

Pues como se supo su muerte en el real de Cochitlan y en su flota y armada, como no habia capitan general ni cabeza que los mandase, muchos de los soldados se fueron cada uno por su parte con las pagas que les dieron, y cuando á Méjico llegó esta nueva, todos los más caballeros, juntamente con el Virey, la sintieron; y como faltó el Adelantado, luego en posta envian por el Virey para que les vaya á socorrer, y el Virey no pudo ir luego, y envió al licenciado Maldonado, é hizo lo que pudo en aquel socorro; y luego fué el Virey y llevó todos los soldados que pudo allegar, y quiso Dios que venció á los indios de los peñoles, y desbaratados, se volvieron á Méjico á cabo de muchos dias que en esta guerra estuvieron con gran trabajo.

Dejemos aquel socorro que el Adelantado hizo, pues á todos los cercados ayudó, y él murió del arte que ya he dicho; é quiero decir que, como se supo en Guatimala de su muerte, la tristeza y lloros que hubo en su casa, y su querida mujer doña Beatriz de la Cueva rompia la cara y se mesaba los cabellos, juntamente con sus damas y doncellas que tenia para casar; pues su amada hija y señores hijos, y un caballero, yerno suyo, que se dice don Francisco de la Cueva, primo segundo del duque de Alburquerque, que dejaba por gobernador de aquella provincia, tuvieron mucho pesar, y todos los vecinos conquistadores hicieron sentimiento y le hicieron solenes honras, porque el Obispo don Francisco Marroquin, de buena memoria, sintió mucho su muerte, y con toda la clerecía y cera y pompa que pudieron rogaban á Dios por su ánima cada dia; y en esto de las honras puso el Obispo gran solicitud.

Y tambien quiero decir que un mayordomo del Adelantado, por mostrar más tristeza por la muerte de su señor, mandó que se entintasen todas las paredes de las casas con un betun de tinta que no se pudiese quitar.